Hallazgo en aguas platenses: descubren nuevo parásito que vive dentro de otro
No todos los días se encuentra algo que nadie había visto jamás. Y mucho menos en el Lago del Bosque, el espejo de agua rodeado de ceibos y patos que es parte del paisaje cotidiano de la ciudad de La Plata.

Allí, un equipo de investigadoras de la Universidad Nacional de La Plata acaba de anunciar un descubrimiento que ya está dando la vuelta al mundo académico: identificaron una nueva especie de parásito microscópico, desconocida hasta ahora para la biología, que habita en peces de agua dulce.
Lo que hace a este hallazgo aún más asombroso es que no se trata de un parásito común, sino de un hiperparásito, es decir, un organismo que vive dentro de otro parásito. Una muñeca rusa biológica, una estructura viviente que los investigadores comparan con una matrioska, donde dentro de un huésped se esconde otro y dentro de este, otro más.
La nueva especie ha sido bautizada como Glugea pygidiopsidis y su descubrimiento, publicado en una prestigiosa revista científica internacional, coloca a la Universidad Nacional de La Plata en el centro de la investigación mundial sobre parasitología y ecología acuática.
El hallazgo no es menor: encontrar una nueva especie ya es un acontecimiento científico relevante, pero hacerlo además en un lago urbano y con una configuración biológica tan peculiar como la del hiperparasitismo convierte a este trabajo en un hito histórico.
El Lago del Bosque, un cuerpo de agua artificial ubicado en el corazón del paseo del Bosque platense, es recorrido a diario por cientos de vecinos que pasean, corren o simplemente se sientan a mirar el agua. Pocos imaginaban que bajo esa superficie aparentemente tranquila se desarrollaba una interacción biológica tan compleja.
Los investigadores extrajeron muestras de peces de la zona y, al analizarlas con microscopios de alta resolución, se toparon con algo inesperado. Dentro de los tejidos de los peces encontraron un parásito conocido, pero al observar con mayor detalle advirtieron que ese parásito albergaba en su interior otro organismo aún más pequeño, completamente diferente y nunca antes documentado. Así nació Glugea pygidiopsidis.
Lo que hace a este hiperparásito tan especial no es solo su existencia, sino el papel que podría jugar en el equilibrio de los ecosistemas y, potencialmente, en la salud humana. Lejos de ser un simple inquilino dañino, los científicos sospechan que Glugea pygidiopsidis podría tener una función positiva al regular las poblaciones de otros parásitos que sí afectan a los peces de interés comercial e incluso a los seres humanos.

En otras palabras, este pequeño organismo microscópico podría actuar como un controlador biológico natural, frenando la proliferación de parásitos que causan enfermedades en la acuicultura o que eventualmente podrían transmitirse a las personas.
Este aspecto del descubrimiento es el que más entusiasma a la comunidad científica. La acuicultura, es decir, la cría de peces en cautiverio para consumo humano, es una actividad en pleno crecimiento en Argentina y en el mundo. Uno de los problemas más graves que enfrenta este sector son las infecciones parasitarias, que pueden diezmar poblaciones enteras de peces y generar enormes pérdidas económicas.
Si se demuestra que Glugea pygidiopsidis es capaz de frenar naturalmente a esos parásitos patógenos, se abriría la puerta a estrategias de control biológico mucho más limpias y sostenibles que los tratamientos químicos actuales. Sería como tener un guardián invisible dentro del propio ecosistema.
Pero las implicancias van aún más allá. El hiperparasitismo es un fenómeno poco frecuente y, por lo tanto, cada nuevo hallazgo en esta área aporta piezas fundamentales para comprender cómo se relacionan las distintas especies en la naturaleza.
Los parásitos, tradicionalmente vistos como simples agentes de enfermedad, son en realidad componentes esenciales de cualquier ecosistema. Regulan poblaciones, modifican comportamientos y, como en este caso, pueden incluso controlar a otros parásitos. El descubrimiento de Glugea pygidiopsidis viene a recordar que la naturaleza está llena de relaciones ocultas que los científicos apenas comienzan a desentrañar.
El trabajo fue realizado por un equipo multidisciplinario de la UNLP, que combina biólogos, parasitólogos y especialistas en ecología acuática. La publicación en una revista internacional de alto impacto no solo valida la calidad de la investigación, sino que también posiciona a la universidad pública argentina como un referente mundial en un área de conocimiento tan específica como apasionante.
En un contexto donde la ciencia argentina enfrenta permanentes desafíos presupuestarios, este tipo de logros demuestra el altísimo nivel de sus recursos humanos y la capacidad de generar conocimiento de frontera incluso a partir del estudio de un lago urbano.
El nombre elegido para la nueva especie, Glugea pygidiopsidis, no es casual. Glugea hace referencia al género al que pertenece, un grupo de microsporidios parásitos de peces. Pygidiopsidis, por su parte, alude al nombre del parásito hospedador donde fue encontrado, una suerte de homenaje taxonómico a la compleja relación que une a ambas criaturas. Como ocurre en las mejores historias científicas, el nombre mismo cuenta una historia: la de un organismo que solo puede entenderse en relación con otro.
El hallazgo ya generó reacciones entusiastas en congresos y publicaciones especializadas. Especialistas de otros países han comenzado a contactar al equipo argentino para colaborar en futuras investigaciones. Se abre ahora una nueva etapa: determinar con precisión qué otras especies de peces albergan a este hiperparásito, estudiar su ciclo de vida completo y, sobre todo, explorar su potencial como agente de control biológico en ambientes naturales y de cultivo. Los investigadores ya están diseñando experimentos para responder a estas preguntas.
Mientras tanto, el Lago del Bosque sigue siendo el mismo de siempre, con sus aguas verdes y sus patos. Pero ahora, para quienes conocen la historia, cada reflejo en el agua lleva consigo una capa invisible de complejidad biológica. Allí abajo, en un mundo que no se ve a simple vista, un pequeño hiperparásito vive dentro de otro parásito que vive dentro de un pez.
Y ese diminuto ser, recién descubierto por la ciencia argentina, podría algún día ayudar a proteger la salud de los peces que comemos y quizás, indirectamente, la nuestra propia. La Universidad Nacional de La Plata acaba de demostrar, una vez más, que los grandes descubrimientos no siempre ocurren en la selva amazónica o en el fondo del mar. A veces, están a la vuelta de la esquina, esperando a ser mirados con paciencia y con ciencia.
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