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Junta de Estudios Históricos del Chaco

La condesa Alice Le Saige   

En 1888 arribó a Resistencia una Condesa francesa acompañada por sus dos hijos varones, Rolando y Javier de catorce y diez años respectivamente. Se trataba de Alix Francoise Marie de Chavagnac, nacida en París el 7 de noviembre de 1840.

Desposada con Raoul Charles Marie le Saige, Vizconde de la Villesbrunne el 23 de noviembre de 1863, su marido de frágil salud había quedado en Francia al cuidado de su hija mayor Jehanne Maríe.

Su matrimonio, conforme lo establecía la ley francesa, determinó que a partir de ese momento se la conociera como Alice le Saige, nombre y apellido que iba habitualmente acompañado por el título de Condesa. Los títulos nobiliarios habían sido suprimidos por la revolución francesa de 1789 en cuanto a los privilegios correspondientes a su rango, pero se había autorizado a utilizarlos como una distinción estrictamente social. 

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No se conoce a ciencia cierta la motivación que la hizo emigrar a la Argentina y en especial al Chaco. Algunas versiones la atribuyen a dificultades económicas por las que atravesaba la familia, que los obligó a buscar otros destinos donde tentar fortuna, decidiendo de común acuerdo que esa aventura estaría a cargo de Alice y sus dos hijos varones en tanto el Vizconde con una salud muy precaria quedaría al cuidado de su hija mujer en Francia. 

Pero hay otra versión que habla de una infidelidad cometida por Alice que obligó a negociar una salida para evitar el escándalo que se hubiera suscitado y afectado el buen nombre y honor de dos familias prestigiosas en la sociedad francesa, si se hubiera hecho público.

Sea cual fuere la verdad la pregunta más intrigante es ¿por qué eligió la Argentina?, ¿por qué eligió el Chaco?

No existen indicios ciertos que fundamenten alguna especulación valedera, de manera tal que en este trabajo me circunscribiré a esbozar una explicación que me resulta coherente con las circunstancias.

Tomada la decisión de emigrar debió analizar todas las posibilidades existentes y encontró suficientemente atractiva la campaña publicitaria realizada por la embajada argentina en Francia para atraer inmigrantes que dispusieran de algún capital y estuvieran dispuestos a radicarse en el país.

Es probable que la explotación ganadera se convirtiera en una especie de obsesión al conocer que era la actividad en la que se sustentaban las fortunas de los argentinos que visitaban Francia en viaje de paseo o para disfrutar de sus propios palacetes ubicados en París o sus cercanías.

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De allí que su espíritu aventurero la llevó a preferir Argentina teniendo como objetivo establecerse en algún lugar donde pudiera emprender un establecimiento ganadero.

No existe constancia de su ingreso al país en el Registro de ingresos de inmigrantes del Archivo General de la Nación correspondiente al año 1888. 

Una versión recogida en Resistencia de un miembro de la colectividad francesa, ya fallecido, afirma que se trataba de una familia que llegó con algún capital, lo que haría presumir la posibilidad de que hubieran viajado en primera clase.

Una vez llegada al país es probable que se acercara a la Dirección de Tierras y Colonias para asesorarse debidamente sobre que alternativas tenía a su alcance y obtuvo como explicación que en la pampa húmeda el Estado no disponía de tierras para colonizar y que si pretendía alguna superficie importante para destinarla a una explotación ganadera debía pensar en adquirirla a un propietario privado.

Si fue así, debió rechazarla por cuanto los precios de la tierra se habían incrementado considerablemente y hacían imposible que con los recursos disponibles pudiera acceder a una estancia.

Y allí entonces apareció el Chaco como una posibilidad.

Si bien las características de la tierra diferían sustancialmente respecto a la pampa húmeda, en buena parte de su topografía boscosa era posible criar ganado dadas las pasturas naturales y la abundancia de agua.

El primer inconveniente que pudo haber encontrado es que la mayor parte de la superficie había sido concedida para colonizar y en ese momento se había suspendido el otorgamiento de nuevas concesiones, así como la posibilidad de obtener tierras en arrendamiento. 

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Así descubrió que se estaba instalando la Colonia Alejo Arocena en un paraje conocido como La Palometa a unos 40 km. de Resistencia y decidió adquirir a su concesionario José Alejo Ledesma un lote de 100 hectáreas ubicado sobre el camino que unía Resistencia con Basail. 

En el juicio sucesorio realizado a la muerte de la Condesa, aparece el "establecimiento de campo de 100 has., en el paraje denominado La Palometa, con algunas construcciones de galpones, corrales, alambrados, etc."

Su hijo Rolando en carta dirigida al historiador Manuel Meza: dice "El campo del cual disponíamos para pastear nuestro ganado se componía de bosques y esteros inmensos, cuya extensión representaba alrededor de veinticinco mil hectáreas sin límites ni cercos de alambrado." 

Esta aparente contradicción tiene explicación dado que la colonización de Alejo Ledesma fracasó quedando muy pocos colonos establecidos, que pudieron disfrutar de buena parte de la tierra disponible por sí o llegando a algún acuerdo con el propietario.  

En ese lugar la Condesa construyó su hogar chaqueño a cincuenta metros del camino que unía Resistencia con Basail, una amplia casona como casco de estancia con comodidades suficientes para albergar a toda la familia, rodeada de las viviendas para el personal y de los galpones y tinglados que constituían las instalaciones propias de una estancia ganadera. Como se acostumbraba en esa época en previsión de algún ataque indígena las rodearon de una empalizada de palo a pique y construyeron un mirador de aproximadamente ocho metros. 

Fiel a su devoción católica la bautizó como "Santa Ana", de la cual era devota, y en el patio de entrada entronizó sobre un raigón de timbó su estatua que había traído de Francia, y que hoy está expuesta en la Iglesia de Makallé 

En ese hogar pasó los casi once años de permanencia en el Chaco, atendiendo junto a sus hijos y colaboradores de más confianza el desarrollo de su emprendimiento ganadero que tuvo un crecimiento mediocre en sus primeros años por agotamiento del capital inicial, hasta que en 1895 como consecuencia del fallecimiento del marido producido en Francia, recibe en herencia una importante suma de dinero con la cual amplia la cantidad de animales hasta convertirla en la explotación ganadera más importante al norte del arroyo del Rey.

Había traído de Francia un piano que instaló en el living de la casona y en el que con frecuencia ejecutaba piezas de su repertorio, para su propia satisfacción o para agasajar a algún visitante.

En el transcurso del tiempo supo granjearse la simpatía de buena parte de la sociedad de Resistencia, estableciendo sólidos vínculos con familias tradicionales como Boggio, Baqué, Gabardini, Reynold, Bruchet.

Eso le permitió alternar su estadía en el campo con la permanencia por algunos días en la ciudad haciendo vida social, relacionándose con buena parte de los miembros de la comunidad francesa y en muchas ocasiones era especialmente invitada a alguna fiesta familiar para que deleite a los presentes con sus ejecuciones pianísticas.

Trabó una amistad muy especial con los dos gobernadores del territorio en esa época, el general Antonio Dónovan y el coronel Enrique Luzuriaga, a quienes frecuentó en busca de consejo o de información, a la par que les comentaba sobre la evolución de su explotación.

Había adoptado a un pequeño criollito que sus jóvenes padres dejaron en la estancia y nunca más volvieron a buscarlo, del cual se hizo cargo la condesa e integró a la familia, brindándole la educación posible acorde a sus recursos. Su nombre era Genaro que con su acento francés ella transformó en Yenagó.

Entre 1898 y 1899 se produjeron varios ataques contra establecimientos en el norte santafesino que culminan en un asalto al obraje de Luis Urdaniz situado a quince kilómetros de Florencia. Eso daba cuenta del grado de efervescencia existente entre los aborígenes levantiscos, azuzados por milicos desertores y delincuentes comunes que en muchos casos conducían los malones y establecían las estrategias a seguir. 

El 13 de marzo de 1899 el próspero establecimiento ganadero de la Condesa se vio asolado por un malón de a pie conducido por un cacique alto y fornido y tres criollos, de aproximadamente sesenta indígenas que habían permanecido ocultos en los maizales durante la noche y provocaron la salida del capataz que abrió el portón del palo a pique y posibilitó su ingreso en el poblado.

El saqueo fue brutal, destruyendo a fuerza de hacha todo mueble y objeto que encontraron a su paso y apropiándose de ropa y prendas de vestir, piezas de porcelana y de metal que consideraron de valor, juegos de copas y platos y todo el dinero en efectivo que pudieron encontrar, las armas y municiones.

Solo el piano permaneció incólume, erguido en el lugar que le asignara la Condesa en el living de su estancia. 

Los pocos peones que había huyeron por el maizal en dirección a la estancia de Don Santiago Imfeld en tanto la Condesa trató de hacerlo hacia el monte, pero recordó que Yenagó se encontraba en la casa y regresó en su búsqueda. De pronto se encontró con uno de los criollos que dirigían el malón, Victoriano Pinto, originario de Corrientes que había trabajado un tiempo atrás en la estancia de la Condesa, quién la lanceó dos veces, la primera en el costado izquierdo y la segunda en la espalda.  Consiguió arrastrarse hasta un matorral desde donde pudo mirar el saqueo y vio cuando uno de los criollos se llevaba a Yenagó.

En tanto los indígenas se retiraban con su botín, arreando los animales que encontraron en los corrales en dirección al arroyo Palometa, llegaron a asistir a la Condesa don Santiago Imfeld y Federico Jeanrenaud mayordomo de la estancia. Al advertir que aún estaba con vida improvisaron un transporte y la llevaron a la estancia del vecino. A las seis de la tarde después de una larga agonía expiró la Condesa.

Su cadáver fue trasladado a Resistencia y el cortejo fúnebre ingresó por la Avenida 25 de mayo donde la esperaban   los vecinos que la homenajeaban a su paso, las autoridades y las familias con las cuales había intimado durante la estadía en la ciudad.

El día del malón su hijo Rolando estaba en Resistencia con el propósito de entrevistarse con el General Winter y solicitarle protección militar en la estancia que estaba totalmente desguarnecida. Recordaría mucho tiempo después en carta dirigida al historiador Manuel Meza, que le había suplicado a la madre que se fuera a Resistencia, pero esta había asumido una actitud renuente a abandonar la estancia. Que había insistido y consiguió convencerla, pero supeditó su realización al resultado que tuviera en su gestión ante la autoridad militar. ¿Cuánto hay de fatalidad en el episodio? A la luz de los acontecimientos posteriores sin ninguna duda constituyó un factor importante, a lo cual debe agregarse la decisión que tomó de volver en busca de Yenagó que le costó la vida.

La noticia de la muerte cruel de la Condesa sacudió a la sociedad de Resistencia cobrando una gran intensidad la excitación pública que presionó a las autoridades locales para que se encuentre a los malhechores.

La colectividad francesa logró que la embajada de su país reclamara mayores garantías para la vida e intereses de sus connacionales y hubo acusaciones recíprocas de negligencia entre las autoridades políticas y militares. 

La municipalidad de Resistencia a solicitud del historiador Manuel Meza dio el nombre de Alice Le Saige a una calle de Resistencia.

(El autor es miembro de Número de la Junta de Estudios Históricos del Chaco y autor de la obra "Alice Le Saige. La rosa del Chaco" de Editorial ConTexto)

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