Joaquín Miño, el profe de Educación Física que se impuso a los prejuicios y las barreras
En una charla con NORTE TV, contó su lucha para terminar la carrera. "Querer es poder, pero con la voluntad no alcanza, hay mucha gente que te cierra las puertas", dijo.
El pasado 13 de marzo, el sistema educativo de la provincia del Chaco fue testigo de un hito que desafía las estadísticas y los diagnósticos médicos. Joaquín Miño, un joven que nació con parálisis cerebral, recibió su título de profesor de Educación Física.

En una entrevista realizada en el ciclo Buen Día Norte, que se emite por NORTE TV, contó que logro no es solo académico; es el desenlace de una vida dedicada a derribar muros.
DESAFIAR LOS LÍMITES
En un contexto donde las historias de superación suelen simplificarse en frases hechas, la de Joaquín tiene matices, retrocesos y decisiones que no siempre fueron fáciles. A lo largo de sus 25 años tuvo que atravesar obstáculos físicos, institucionales y culturales. En sus palabras, su condición implica que "una parte del cerebro afecte a una parte del cuerpo", haciendo que todo sea "constantemente un poquito más complicado".
La lucha comenzó prematuramente a los seis meses de gestación debido a un cuadro de presión que afrontó su mamá. Su discapacidad no fue detectada hasta los diez meses, cuando su familia notó que no lograba mantenerse en pie.
Durante gran parte de su infancia, el movimiento independiente era un anhelo lejano. "Yo antes no caminaba", recuerda con honestidad; en su casa se desplazaba gateando y en la escuela dependía de un pequeño autito adaptado para recorrer los pasillos.
Sin embargo, creció en un entorno que se negó a victimizarlo: "Nací en una familia donde yo era uno igual... no había como "no, vos sos así"".

SORTEAR BARRERAS
Esa base emocional le dio el valor para elegir una carrera que muchos consideraban incompatible con su realidad física. Inspirado por su hermano mayor, decidió que su vocación estaba en la actividad física, aunque enfrentó de inmediato barreras ideológicas.
Joaquín relata que el mayor desafío fue "que los docentes en algún punto aceptaran mi condición". Debió enfrentarse a una estructura que definió como "históricamente elitista", donde se espera que el profesor tenga únicamente un perfil de "gimnasta o futbolista".
Romper ese paradigma fue su primera gran victoria. El rigor de su carrera convivió con un historial clínico de 25 intervenciones quirúrgicas.
Joaquín alternó su vida universitaria con los quirófanos, aprovechando los recesos de invierno y las mesas de examen para someterse a cirugías. Semanas después de las operaciones, regresaba a las aulas con una determinación inquebrantable. "Yo salía de una operación y tenía que por ejemplo andar con andador", explicó al rememorar los tiempos de prácticas profesionales.
En lugar de pedir licencias, Joaquín daba clases frente a grupos de niños mientras él mismo se sostenía en un andador.
CUESTA ARRIBA
El flamante profesor logró incluso imponerse a la crueldad de quienes le cuestionaban su presencia en el aula preguntándole "¿Vos qué hacés acá?" y sugiriéndole caminos más fáciles; pero optó por "hacer oído sordo" y persistir.
Hoy, aquel joven que antes era "totalmente dependiente" de sus padres se desenvuelve solo, asiste al gimnasio para tratar el "endurecimiento muscular" de su condición y busca un espacio para ejercer su profesión en el sistema educativo.
Con el título en la mano, Joaquín Miño dejó una lección que trasciende el aula. "Todas las personas con discapacidad tienen derecho a la educación, pero aunque existan leyes de inclusión, la verdadera integración requiere articular voluntades y competencias", dijo.
Su mensaje para quienes enfrentan barreras es duro pero esperanzador: "El querer es poder, pero la voluntad no es suficiente sin la constancia: hay que tener perseverancia, mucha gente te cierra las puertas pero vos tenés que pararte y seguir".













