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El tránsito seguro empieza en la prevención

Durante el mes de febrero pasado se registraron cerca de 500 siniestros viales en el Gran Resistencia, una cifra que refleja la magnitud del problema y que pone en evidencia el fuerte impacto sobre el sistema de salud pública. Estos hechos ocurren a diario y generan una fuerte presión sobre los servicios de emergencia. Afecta a quienes los sufren de manera directa pero también a toda la comunidad.

Si se observa el detalle de estos datos, se advierte que en 410 casos fue necesaria la intervención del servicio de emergencias 107. Esto significa que en la gran mayoría de los siniestros hubo personas lesionadas que necesitaron atención inmediata. En promedio, se trata de entre doce y catorce intervenciones diarias, lo que implica una demanda constante que exige rapidez, coordinación y recursos que no siempre son suficientes.De manera que el sistema sanitario enfrenta varios desafíos . Por un lado, debe responder a estas urgencias derivadas del tránsito. Por otro, tiene que seguir atendiendo otras situaciones críticas como infartos, accidentes cerebrovasculares o convulsiones. Sin embargo, la alta cantidad de siniestros viales obliga a destinar gran parte de los recursos disponibles a este tipo de siniestros lo que reduce la capacidad de respuesta ante otras emergencias igualmente graves.

Además, el área metropolitana cuenta con una cantidad limitada de móviles de emergencia. Con solo cinco ambulancias por turno para cubrir Resistencia, Barranqueras y Fontana, cada unidad realiza entre ocho y doce asistencias por guardia. Esta carga de trabajo evidencia la presión sobre el personal de salud, que debe actuar con rapidez y eficacia en un entorno muchas veces adverso. A su vez, esta limitación de recursos puede generar demoras que, en situaciones críticas, resultan determinantes.

Por otra parte, el impacto no se limita al momento de la atención prehospitalaria. Una vez que los pacientes llegan a los centros de salud, las guardias hospitalarias también se ven afectadas. Se estima que los siniestros viales ocupan entre cuatro y cinco camas diarias, lo que reduce la disponibilidad para otros pacientes. De este modo, el problema se extiende a todo el sistema, generando una cadena de consecuencias que afecta la calidad de la atención.

Además, se debe tener en cuenta que cada intervención demanda recursos del sistema de salud, desde el traslado hasta la atención médica y la posible internación. Por otro lado, muchas veces las personas lesionadas son el sostén de sus familias, por lo que un siniestro puede generar dificultades laborales y afectar la estabilidad del hogar. En consecuencia, se trata de un problema que trasciende lo sanitario y se convierte en una cuestión social.

Asimismo, el trabajo del personal de emergencias se desarrolla en condiciones complejas. El tránsito caótico, especialmente en horarios pico, dificulta la llegada rápida al lugar del hecho. A esto se suma que muchos conductores no respetan la prioridad de paso de las ambulancias, ya sea por distracción o por conductas irresponsables. Incluso, hay quienes aprovechan la sirena para avanzar más rápido, lo que incrementa el riesgo de nuevos incidentes.

Otro aspecto preocupante es la conducta de algunos testigos. En lugar de colaborar, muchas personas se acercan a filmar la situación, lo que puede generar distracciones y entorpecer el trabajo de los equipos de emergencia. En casos extremos, esta actitud puede provocar nuevos siniestros en la misma zona. Además, también se registran llamados al servicio de emergencias con información exagerada o incorrecta, lo que altera las prioridades y puede retrasar la atención de casos realmente graves.

Frente a este panorama, resulta fundamental comprender que la mayoría de estos siniestros no son hechos inevitables. Por el contrario, suelen estar relacionados con decisiones humanas incorrectas, como no respetar las normas de tránsito, conducir bajo los efectos del alcohol o sobrecargar vehículos. Por lo tanto, se trata de situaciones que pueden prevenirse si se adoptan conductas responsables.

En este sentido, la prevención aparece como la herramienta más importante. La educación vial y la concientización son claves para reducir la cantidad de siniestros. Es necesario promover el respeto por las normas, el uso adecuado de los vehículos y la responsabilidad al momento de conducir. También es fundamental que la comunidad comprenda la importancia de colaborar con los servicios de emergencia, tanto al ceder el paso como al brindar información precisa.

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