Seymour Hersh: aún en las trincheras
Hace unos meses se estrenó en Netflix la película Cover-Up: un periodista en las trincheras , dirigido por Laura Poitras y Mark Obenhaus –quienes persiguieron durante veinte años a Hersh en búsqueda de su testimonio–.
Conspiraciones, dictaduras, asesinatos, cárceles, masacres, Nixon, Allende, Kennedy, Monroe, el New York Times, el Washington Post, el Pentágono, la CIA, Henry Kissinger, Vietnam, Irak y la tarea misma del periodismo: todo eso atraviesa este documental sobre Seymour Hersh.

El documental hace un recorrido cronológico de la carrera del afamado periodista norteamericano Seymour Hersh, abordando como tópicos principales la masacre de My Lai durante la guerra de Vietnam, los abusos y torturas en las cárceles de Abu Ghraib en Iraq, su libro basado en la vida de John F. Kennedy y un supuesto amorío con Marilyn Monroe, el bombardeo al gasoducto ruso Nord Stream en septiembre de 2022, las injerencias de Henry Kissinger junto con el Pentágono en Sudamérica y el mundo y, por último, el conflicto entre Israel y Palestina.
Dos partes tienen peso relevante: la masacre perpetrada por el ejército estadounidense en My Lai (1969), en la que más de 500 niños, mujeres, bebés y hombres fueron fusilados; y la denuncia del infierno llamado cárcel de Abu Ghraib (2004), que reveló macabros métodos de tortura.
El documental también cuenta cómo Hersh delata el modus operandi llevado a cabo por Kissinger en Sudamérica. "A Henry no le caía bien Allende", dice Hersh, una cuestión de antipatía política.
Sus investigaciones revelaron una operación en Chile que terminó por derrocar al gobierno de Salvador Allende a los bombazos y asesinándolo. Viejas mañas conocidas por el continente. Aquello que posteriormente se llamó Plan Cóndor.
"Tenía dinamita", dice Hersh, revolviendo carpetas y papeles viejos. Luego de descubrir el nombre que el ejército había elegido como chivo expiatorio para lo que no iba a ser un caso aislado sino una práctica de terror y locura: M. Calley.
La masacre de My Lai, que se cobró la vida de más de 500 personas en Vietnam, hizo temblar al poder norteamericano. "Pensé que iba a encontrarme con un monstruo", dice el periodista ante la sorpresa. Calley era el chivo expiatorio y fue condenado. Cuenta Hersh que, durante la entrevista, Calley tenía un discurso preparado: acusaba un enfrentamiento y haber actuado en legítima defensa. Cuenta, además, que lo ve levantar el teléfono y llamar a Ernest Medina, su superior, para que confirme la coartada y Medina le corta en la cara. Ahí comenzó la verdad.
Hersh también aparece ligado al caso Watergate, brindando contactos y pruebas que alegaban la protección que tenían los cinco detenidos que aquella noche de junio de 1972 fueron capturados instalando cámaras y micrófonos en la sede del Partido Demócrata. Bob Woodward y Carl Bernstein (The Washington Post) emprendieron la investigación periodística que hizo sucumbir a la primera potencia del mundo.

Durante el año 2013, Jeff Bezos adquirió por 250 millones de dólares el mítico The Washington Post. Tras varias promesas de financiamiento y mejoras, el mes pasado anunció el despido de un tercio del personal. Ese movimiento representa un peligro vital para la tarea periodística. No es casualidad que un magnate con la tercera fortuna del mundo desfinancie uno de los principales medios gráficos del planeta. Es un mensaje a futuro, y Hersh en su libro Reportero lo explica perfectamente: "Los periódicos, revistas y canales de televisión convencionales seguirán despidiendo a periodistas, reduciendo sus plantillas y recortando los fondos que destinan al buen periodismo, sobre todo al periodismo de investigación, lo que va a tener un elevado coste, unos resultados impredecibles y, potencialmente, la posibilidad de indignar a los lectores y suscitar costosas querellas."
En la actualidad, Sy Hersh escribe en la plataforma Substack, alejado de los grandes medios. "Es peor de lo que pensás", así saluda a sus nuevos suscriptores. Una declaración de principios. Un periodista de 88 años con el pasado en sus espaldas, aún en las trincheras. "A veces siento que no aguanto más", confiesa. Sin embargo, sigue y sigue y sigue.
(Autor: Guido Moro)










