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“La droga no me hacía feliz”

La historia de Santiago Orbez y su misión para ayudar a quienes luchan contra las adicciones

Probó alcohol a los ocho años, atravesó una adolescencia marcada por el consumo y encontró en la rehabilitación un nuevo rumbo. Hoy, tras más de 15 años de sobriedad, Santiago Orbez dedica su vida a acompañar a otras personas que atraviesan el mismo camino.

Hay historias que nacen del dolor, pero terminan convirtiéndose en una oportunidad para otros. La de Santiago Orbez es una de ellas.

Durante años convivió con el consumo problemático de sustancias. Lo que empezó como una experiencia temprana terminó transformándose en una lucha personal que marcaría gran parte de su juventud.

Hoy, después de un largo proceso de recuperación, se convirtió en uno de los referentes regionales en el acompañamiento de personas con adicciones y en la construcción de espacios de rehabilitación en el nordeste argentino.

Pero antes de ayudar a otros, tuvo que aprender a ayudarse a sí mismo. Esto fue lo que conto Santiago en Punto de Partida, el programa de NORTETV

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Una infancia marcada por el primer contacto

Orbez recuerda con precisión el momento en que comenzó su vínculo con el alcohol. Tenía apenas ocho años cuando junto a otros chicos, tomó por primera vez, "ese fue mi primer acercamiento a una sustancia", cuenta.

Con el paso del tiempo el consumo fue escalando. A los 12 años probó marihuana y la experiencia se volvió rápidamente habitual. "Cuando fumé por primera vez, al día siguiente ya estaba comprando", recuerda.

La situación se agravó con la aparición de otras sustancias. Inhalantes, medicamentos y finalmente cocaína, que consumió por primera vez a los 14 años. Detrás de ese consumo, explica hoy, había un malestar profundo. "No era feliz. Estaba enojado conmigo, con la vida y con todo lo que me rodeaba", reflexiona.

El momento de cambiar

La familia comenzó a buscar ayuda cuando el problema se volvió evidente, aunque encontrar respuestas no fue sencillo.

Durante años atravesaron distintos intentos hasta que finalmente, a los 18 años, Orbez inició un tratamiento en una comunidad terapéutica. Era febrero de 2008 y ese proceso de rehabilitación duró 32 meses y marcaría el inicio de una nueva etapa.

"La recuperación no es mágica. Las ganas de consumir estuvieron mucho tiempo. Es una lucha diaria", reconoce. Desde entonces vive en sobriedad.

Volver a empezar

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Salir del tratamiento implicó reconstruir aspectos básicos de la vida cotidiana. "Yo había conocido casi todo de la mano de la droga. Cuando salí tuve que reaprender a relacionarme con la gente, a asumir responsabilidades y a disfrutar de otras cosas", cuenta.

También debió enfrentar emociones que durante años habían quedado ocultas detrás del consumo. "Vivía enojado. El tratamiento me ayudó a entender mis emociones y a trabajar sobre mí mismo".

Para él, la recuperación es un proceso permanente. "La vida es como una pelea de boxeo: hay momentos de descanso, pero también mucha pelea".

Cuando la experiencia se convierte en misión

Mientras atravesaba su propio proceso terapéutico, Orbez comenzó a notar algo que lo marcaría profundamente. Cada vez más jóvenes del nordeste argentino llegaban a comunidades terapéuticas ubicadas a más de mil kilómetros de sus casas.

"Éramos dos chaqueños y de repente éramos treinta", recuerda. Ese dato lo llevó a una conclusión clara: en la región faltaban espacios de tratamiento.

Con esa inquietud regresó al Chaco en 2013 y comenzó a organizar reuniones abiertas para hablar sobre adicciones. Al principio eran encuentros pequeños, en aulas prestadas por la Universidad Popular. Pero con el tiempo el proyecto fue creciendo.

Lo que comenzó como un grupo de apoyo hoy es una institución con varias casas de tratamiento y programas de acompañamiento.

Actualmente cerca de 80 personas participan en distintos procesos de rehabilitación o seguimiento. El trabajo no termina con el alta, "es importante hacer tratamiento, pero también mantenerse en sobriedad. Por eso seguimos acompañando a las personas en su vida cotidiana", explica.

En los últimos años el proyecto incluso cruzó fronteras con la apertura de una sede en Paraguay.

El desafío de las nuevas drogas

Según Orbez, el panorama actual de las adicciones presenta desafíos distintos a los de hace algunos años. Uno de los más preocupantes es el crecimiento del consumo de drogas sintéticas entre los jóvenes.

"Muchos creen que sustancias como el tusi no generan daño, pero nosotros estamos viendo cada vez más problemas cognitivos y de salud mental", advierte.

Para él, la clave sigue siendo la prevención y la contención. "La información hoy está más disponible que antes, pero la problemática sigue creciendo".

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La mano que él no tuvo

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, Orbez no habla de reconocimiento ni de logros personales.

Su respuesta vuelve siempre al mismo lugar. "A mí me hubiera gustado encontrar una mano cuando estaba perdido. Por eso trato de que otros sí la tengan".

Centro La Libertad: un espacio para reconstruir vidas

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El trabajo impulsado por Santiago Orbez dio origen al Centro La Libertad, una institución dedicada al acompañamiento de personas con consumos problemáticos.

El proyecto comenzó en 2013 con reuniones semanales de apoyo y hoy cuenta con casas de tratamiento residencial, programas ambulatorios y espacios de acompañamiento familiar.

Actualmente cerca de 80 personas participan de distintos procesos de recuperación dentro de la red de trabajo.

Además de su presencia en el Chaco, el proyecto recientemente inició su expansión hacia Paraguay, con el objetivo de replicar el modelo de acompañamiento comunitario.

"La adicción es una enfermedad que atraviesa a toda la familia"

Para Orbez, uno de los aspectos más importantes del tratamiento es el rol de la familia. "Durante años buscamos culpables. Pero la adicción no se resuelve señalando a alguien. Es una enfermedad que atraviesa a todos", explica.

Por eso, en los procesos terapéuticos que acompaña, el trabajo no se limita a la persona que consume, sino que incluye también a su entorno.

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