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Carta de lectores

Baja natalidad, ¿una oportunidad?

Señor director de NORTE:

Como he señalado en cartas anteriores, la baja natalidad, considerada la principal causa del llamado "desierto demográfico", se ha convertido en tema recurrente que aparece tanto en editoriales como en cartas de lectores. ¿Por qué principal causa? Porque en otros momentos de la historia las pestes y las guerras, así como regímenes dictatoriales, sumaron millones de muertos y fueron las principales causas de la baja de la población. Algunos aún siguen negando las consecuencias de estos regímenes y el número de muertos, pero sólo se trata de investigar, por ejemplo, en la historia del siglo XX.

Creo que los datos han sido aportados claramente: en Argentina se contabilizan 300 mil nacimientos menos desde 2014 hasta 2024 aproximadamente. En Corea del Sur, por ejemplo, han reportado actualmente un leve crecimiento de nacimientos, posiblemente gracias a políticas que fomentan la natalidad. 

Pero lo que llama la atención en los medios de comunicación de nuestro país, es que, en vez de señalar las consecuencias negativas que ya se observan con el cierre de colegios primarios en diversas ciudades, así como el aumento de población jubilada que sólo se sostiene con el aporte de quienes trabajan, algunos demógrafos consultados en entrevistas hablan con optimismo de la situación, como si fuera la oportunidad de mejorar la educación con una mayor atención a los alumnos. Resaltan que cada docente tendría unos quince alumnos y la educación sería más personalizada, ilusión que se derrumba frente a la cuestión económica: el sistema educativo en Argentina está sostenido en gran medida con colegios privados subsidiados, y no es posible pagar sueldos docentes con tan baja proporción de alumnos por aula. 

Señalo la desconfianza que me suscita el discurso de los demógrafos, formados en un maltusianismo que ha promovido durante décadas el control poblacional de manera agresiva, defendiendo la idea de que "somos muchos", alteramos el equilibrio ecológico, somos la especie depredadora y hay que defender políticas sexuales y reproductivas que frenen el crecimiento: esterilizaciones, abortivos, anticonceptivos con efecto abortivo, desalentar a través del sistema educativo tener hijos, etc. Esto avalado por los grandes organismos internacionales de salud y educación. Sería interesante, por ejemplo, realizar un estudio estadístico de cuantos chips hormonales se han implantado en las jóvenes más pobres que acuden a los hospitales, además de la cantidad de misoprostol, etc. que se reparte.

Como siempre remarco, no se trata de sumar hijos sin hacerse responsable, sino de educar, algo que a veces la escuela no hace. Se habla de educación emocional, de educación en valores, de educación para el trabajo, para relaciones sanas (respetuosas, solidarias, tolerantes) pero se sigue pensando que sólo los padres son los responsables y la escuela transmite conocimientos. Sin embargo, el conocimiento tiene sentido si se asocia a la vida misma, al sentido o significado que cobra en determinados contextos y en función de las necesidades humanas de las personas destinatarias, y el tiempo que pasan niños y jóvenes en el sistema educativo es relevante: educa o deforma.   Asimismo, también es importante considerar una estadística realista de la cantidad que no asiste a la escuela. Sería conveniente que se refuerce el sistema de seguimiento por parte de asistentes sociales de las familias más carenciadas. 

Si es cierto que hoy se privilegia la realización personal en sectores medios, traducida en obtener un título, o determinado bienestar económico, también se sigue fomentando la idea de que la vida no está para ser capaces de darse a otros –tal como define Fromm el amor– sino para disfrutarla al máximo. Esta tendencia a obtener el mayor placer posible, llamada la "estetización general de la vida", característica posmoderna en la filosofía, es también consecuencia de una cultura del consumo exacerbado, que asocia felicidad a "tener", disfrute, experiencias nuevas, etc., pero olvida que el vacío acecha en la posesión desmedida.

Sin amor, capacidad de apertura al otro, superación del miedo cultural a los hijos, de reconocer que nunca se está solo, que hay múltiples leyes de ayuda, grupos de apoyo emocional y económico, y también, sin aceptación de la vida tal como se nos presenta, con exigencias, esfuerzos, sacrificios pero también alegría y plenitud, el rechazo a los niños será la principal causa de la baja de natalidad. Reforzar las redes sociales, ofrecer la propia mano, la palabra, la cercanía, educar para la relación con los demás es fundamental, y se hace sobre todo con el propio compromiso.

Las políticas antinatalistas seguirán presentes mientras se piense que no tener hijos es una oportunidad en vez de atender a las consecuencias futuras próximas, y se siga fomentando el aborto, que suma más de 300 mil en cuatro años, dato no menor a considerar.

MARÍA ELENA RADICI

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