8 de marzo: cuando el fuego escribió la historia
El 25 de marzo de 1911 se produjo un incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist de la ciudad de Nueva York que mató a 146 personas (123 mujeres y 23 hombres) de entre 14 y 43 años que trabajaban allí.

A media tarde, el humo sentenció el destino de la fábrica. Lo que comenzó como un posible descuido, una colilla mal apagada o una chispa mecánica, se transformó rápidamente en un infierno alimentado por químicos y retazos de tela inflamable. Sin embargo, detrás del humo, surge una sospecha persistente: el presunto interés de los propietarios por cobrar el seguro. Las mangueras estaban podridas, las alarmas no sonaron y los montacargas colapsaron bajo la urgencia del pánico. El detalle más escabroso sin embargo, reside en las puertas de evacuación que estaban selladas con llave. Esta medida extrema no buscaba la seguridad, sino el control absoluto. Los dueños bloqueaban los accesos para evitar robos, impedir descansos no autorizados y, fundamentalmente, blindar el taller ante la entrada de sindicalistas. Atrapadas entre el fuego y el autoritarismo, las trabajadoras no tuvieron escapatoria. Este suceso, más que un accidente, se erige hoy como el recordatorio más crudo de la negligencia patronal y la urgencia de derechos laborales básicos. El acontecimiento catalizó una serie de movilizaciones políticas sin precedentes para esa época.
Tras un acto fundacional en Chicago en mayo de 1908, el 28 de febrero de 1909 se conmemoró en Nueva York el primer "Día Nacional de la Mujer". No obstante, la internacionalización de la fecha se consolidó en 1910, durante la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague. En dicho foro, centrado en la reivindicación del sufragio universal, se proclamó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a partir de una moción de Clara Zetkin que buscaba homenajear a las mártires de la huelga de 1911. La institucionalización definitiva a nivel global llegaría décadas más tarde, cuando en 1977 la Asamblea General de las Naciones Unidas designó oficialmente la fecha.
Luchar sirve
La muerte de estas mujeres y niñas, en su gran mayoría inmigrantes provenientes de Italia y Europa del este, constituyó un doloroso punto de inflexión en la historia del trabajo. Aunque el sistema judicial protagonizó un proceso vergonzoso, dictaminando una indemnización ínfima de 75 dólares por víctima, la magnitud del horror y las marchas sucesivas forzaron reformas estructurales en las leyes laborales. Entre 1911 y 1915, el estado de Nueva York sancionó legislaciones pioneras que regularon las jornadas, las condiciones de salubridad y la protección infantil. Estas conquistas cristalizaron las demandas que, desde 1900, impulsaba el Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles (ILGWU), transformando el luto en un legado de derechos inalienables.

En nuestro país muchas mujeres en la década del 70 configuraron un tipo doblemente transgresor. Sin cuestionamientos conceptuales y sin autodefinirse como feministas, con sus participaciones disputaron los valores sociales y políticos tradicionalmente constituidos y rompieron las normas que según el imaginario rigen la condición femenina: resignación, pasividad, casamiento y maternidad. Los roles de género asignaban su existencia al ámbito de lo privado y al trabajo reproductivo no remunerado, quedando reservado el espacio público de toma de decisiones políticas y lucha exclusivamente para los varones.
Sin miedos, fueron llegando, reuniéndose y organizando la militancia, que en la mayoría de los casos se regía por acuerdos patriarcales implícitos. Romper con el mandato era también pelearse con la familia, que juzgaba y no comprendía los motivos de la disconformidad. Pero urgía organizarse y combatir. En los 70 las mujeres que integraban las organizaciones (ERP, Montoneros, etc.) se incorporaron a una nueva disputa, un espacio de acción que hubo que conquistar y del que siempre fueron recluidas. Y esto significó que en el momento en que sobrevino el terrorismo de estado fueran castigadas con más violencia por los represores. Nuestra Provincia del Chaco cuenta con el lamentable numero de 33 mujeres entre desaparecidas y asesinadas en ese nefasto periodo.
El horizonte contemporáneo de derechos en Argentina se consolidó mediante leyes cardinales, tales como la Ley de Divorcio Vincular (1987), la de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (2009), la Ley Micaela (2019) y la de Interrupción Voluntaria del Embarazo (2020). Estas conquistas son el resultado de intensas disputas políticas impulsadas por los movimientos feministas. Sin embargo, en el escenario actual, estas garantías enfrentan amenazas recurrentes que pretenden erosionar su vigencia. Por momentos, se pierde de vista que se trata de derechos humanos básicos e innegociables. Que afectan a todas las personas y mejoran la sociedad. Su protección no solo resguarda la autonomía de las mujeres y diversidades, sino que fortalece la calidad democrática de la sociedad en su conjunto.
En nuestra provincia: transgresoras y organizadas
En los archivos de la Provincia se conservan testimonios fundamentales de la participación femenina en la construcción de nuestra historia regional. En el Museo Regional Ichoalay hallamos fotografías de mujeres originarias trabajando para las familias inmigrantes. En esta imagen titulada "Indias en los patios traseros" (primera década del siglo XX) las muestra realizando tareas en el establecimiento de la familia Briolini en Colonia Benítez.
Aunque en la actualidad se observan algunos cambios, en una división tradicional del trabajo, las mujeres se dedican a tareas de cuidado en el espacio privado (el hogar), Esta distribución lo es también del tiempo productivo, es decir que encargarse tradicionalmente de las tareas del "mundo privado" las tareas de cuidado, le quita a las mujeres tiempo para desarrollar carreras políticas y administrar el poder cívico, fuera de la casa. Pese a ello en todas las épocas buscaron organizarse y en la mayoría de los casos duplicar y extender sus tareas hacia las organizaciones comunitarias. En los registros visuales de la provincia aparecen las organizaciones de madres como un ordenamiento comunitario vinculado al cuidado.

En el ámbito citadino y vinculado a la cultura plástica, teatral y literaria, estuvieron muy presentes figuras como Hilda Torres Varela, Susana Glombovsky y Noni Andresen desde El Fogón de los Arrieros. Ellas fueron agentes activas en la gestación y coordinación de eventos, desempeñando un papel crucial en la preservación y fortalecimiento del legado cultural del espacio.
Desde las trabajadoras del conmutador interurbano de la ciudad de Sáenz Peña en 1935, hasta las militantes desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar, las mujeres chaqueñas han sido protagonistas activas de las transformaciones sociales y políticas. Más de un siglo después del incendio de Triangle, la lucha por los derechos de las mujeres y diversidades continúa vigente. Cada 8 de marzo no es solo una fecha para recordar, sino un llamado a la acción.
Para seguir leyendo
Algo habrán hecho ellas. Mujeres en la historia chaqueña. 2013. Compilación de la Convocatoria Provincial 2008-2011. Museo del Hombre Chaqueño. Área de Investigaciones Históricas. Programa Puesta en Valor Patrimonio. Resistencia.
Homenajeamos a las luchadoras. Comisión Provincial por la Memoria, RUV, Resistencia. Material producido con motivo del 8 de marzo 2018.
¿Musas, intelectuales o artistas? Reflexiones sobre las mujeres en El Fogón de los Arrieros. 2025. Andrea Geat y Guadalupe Arqueros. En: Giordano, M. (et. al.). El Boletín de El Fogón de los Arrieros. Arte, cultura y política. Resistencia: Contexto, IIGHI.
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