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Javier, pusiste en agenda nacional al algodón

Cuando el presidente de la Nación, Javier Gerardo Milei, dijo en el discurso de apertura del periodo 2026 de sesiones ordinarias del Congreso que "no podemos aceptar que nuestros rindes en el Chaco sean de 600 kg/ha de algodón cuando en Brasil son de 1400 kg/ha", muchos analistas, a mi entender, se comieron la curva.

Es que no se trataba de que diga la cantidad exacta de cuántos kilos por hectárea se obtienen de fibra en el Chaco, o si los datos "les fueron alcanzados" por las compañías semilleras, como dicen otros "voceros".

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¿No sería más interesante detenernos a pensar que con este pronunciamiento le abre la posibilidad a toda la cadena del algodón de empezar a jugar, sacando la pelota desde el fondo, en las grandes ligas?

Es que ha sido el presidente de la Nación, muchachos algodoneros, quien habló, en otras palabras, de que si el algodón quiere volver a ser la insignia del Chaco debe pasar (cual pieza de oro) por el proceso de quitar las impurezas y exhibirlo como un logro de toda la cadena.

Por lo tanto, y aun escuchando a todas las voces, resulta necesario tener en cuenta un detalle clave: no solo se trata de la semilla, sino de otras cuestiones como el manejo del cultivo.

Pero ya que hablamos de semilla, los productores piden mayor tecnología, de las que se obtenga mayores rindes, y mejor calidad de fibra. Eso implica inversión en la investigación. Y cuando el producto esté terminado, habrá que pagar el uso de esa tecnología, cosa que, a decir verdad, el productor algodonero no quiere hacerlo y para ello apela a semilla no fiscalizada, a la semilla flex.

Cuando hace no más de una década dos importantes multinacionales resolvieron dejar de invertir en investigación, no lo hicieron por capricho, lo hicieron porque sabían que no percibirían el pago del canon por uso de esa inversión tecnológica. Y se fueron.  Quedó el INTA solo, con los papeles en la mano.

A PROPÓSITO DE LA SEMILLA

Así, sin destino para el algodón, Monsanto estaba a punto de cerrar Genética Mandiyú con su laboratorio en Avia Terai. Corría el año 2016.

En ese tren, aparece Cazenave y Asociados y un grupo inversor argentino, que se comprometió a continuar y expandir el negocio de semillas de Genética Mandiyú, ampliando, además, servicios de excelencia a la cadena de algodón y ofreciendo nuevas tecnologías en semillas, y hace alianza con el INTA para seguir la investigación, realizando las inversiones necesarias.

Esa empresa se llama Genética Sustentable -Gensus-, que logra que Genética Mandiyú acuerde la transferencia de todos los activos, bienes muebles e inmuebles con todos sus equipamientos, marcas y semillas, que permitirán el normal desarrollo y la continuidad operativa de su planta en Avia Terai, provincia del Chaco, así como también la provisión de semilla certificada a los productores y a los gobiernos provinciales del Chaco, Santiago del Estero y Formosa.

DE CADA 100, SOLO 14 PRODUCTORES SIEMBRAN SEMILLA FISCALIZADA

Ahora bien, el pronunciamiento de Milei pone en jaque una cruda realidad: solo 14% de todos los lotes sembrados con algodón en la Argentina, en la última campaña, se hizo con semilla fiscalizada, según un informe oficial del Inase.

¿Es grave esto? Está de más la pregunta. Claro que es grave, porque los desafíos para el algodón pasan por la sustentabilidad, por el patrón de trazabilidad que demandará el mundo.

Y esto, a no dudarlo, llevará a implementar un cambio en las normas vigentes con la finalidad de que el propietario de la semilla, el que invirtió dinero en la investigación, pueda percibir la devolución de esa investigación, como sucede con otros cultivos y sobre los cuales nadie dice nada.

Si hay garantías de esto, aparecerán otras empresas interesadas en investigar sobre genética del algodón, y seguramente habrá dos o tres semilleros, lo cual mejorará la competencia entre ellos y el productor se verá beneficiado.

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