Acuerdo global para regular la Inteligencia Artificial
La ciudad de Nueva Delhi fue escenario del mayor acuerdo diplomático de la historia sobre Inteligencia Artificial, un pacto que reunió a 86 países y dos organizaciones internacionales con el objetivo de establecer un marco ético común ante el avance acelerado de esta tecnología. La Cumbre de Impacto IA 2026 concluyó con la firma de la Declaración de Delhi, un documento que busca orientar el desarrollo y la aplicación de sistemas inteligentes bajo principios de seguridad, fiabilidad y solidez institucional.
La clausura del encuentro tuvo que posponerse por desacuerdos en la redacción final, especialmente en torno al carácter vinculante de algunos puntos del documento. Finalmente, el consenso fue posible cuando el texto dejó claro que las orientaciones serían voluntarias y no obligatorias. Esta precisión permitió que países que habían expresado reservas, entre ellos Estados Unidos, se sumaran al consenso general. El resultado fue un compromiso amplio que incluyó también a China y a la Unión Europea, actores centrales en la carrera tecnológica global.
La Declaración de Delhi se basa en la idea que plantea que la Inteligencia Artificial representa un punto de inflexión en la evolución tecnológica y que las decisiones actuales moldearán el mundo que heredarán las próximas generaciones. Bajo esta lógica, los firmantes reconocen que promover una IA segura y confiable es esencial para generar confianza pública y maximizar los beneficios económicos y sociales. El documento propone que el progreso tecnológico no debe avanzar desconectado de la supervisión humana ni de la responsabilidad política.
Uno de los ejes centrales del acuerdo es la creación de un almacén global de seguridad conocido como Trusted AI Commons. Este espacio permitirá que los países compartan manuales, protocolos y experiencias para prevenir errores graves en sistemas de IA antes de que se conviertan en riesgos reales. Es decir, en lugar de reaccionar ante crisis tecnológicas, se busca anticiparlas mediante cooperación técnica y transparencia, con un mecanismo que pretende evitar fallos que puedan afectar infraestructuras críticas, procesos democráticos o servicios esenciales.
El texto del acuerdo también incorpora una carta de democratización tecnológica orientada a reducir la brecha entre economías avanzadas y países en desarrollo. La propuesta contempla facilitar el acceso a chips y capacidades computacionales a precios justos para que las naciones con menos recursos no queden excluidas de la transformación digital. Dicho de otro modo, si la IA se concentra en pocas manos, puede amplificar desigualdades y consolidar dependencias estructurales.
Otro componente relevante es la priorización del uso de la IA en sectores críticos como la medicina y la agricultura mediante modelos de acceso abierto. En salud, los sistemas inteligentes pueden mejorar diagnósticos, optimizar tratamientos y ampliar la cobertura en regiones con escasez de especialistas; y en agricultura, por ejemplo, pueden aumentar la productividad y anticipar riesgos climáticos.
El acuerdo también reconoce el impacto que la automatización tendrá en el empleo durante los próximos cinco años. Por ello, incluye un plan de contingencia laboral que promueve la capacitación, la reconversión profesional y la creación de nuevas oportunidades vinculadas con la economía digital.
En paralelo a la Declaración de Delhi, las Naciones Unidas anunciaron la puesta en marcha de un Panel Científico Internacional sobre Inteligencia Artificial. El secretario general António Guterres explicó que este grupo de 40 expertos trabajará para ofrecer estándares globales y un primer informe técnico en julio próximo. El objetivo es evitar que el mundo se fragmente en bloques tecnológicos incompatibles y que la rivalidad erosione la cooperación internacional.
La iniciativa de la ONU subraya un principio que está presente en el acuerdo, planteando que el control humano sobre la IA no debe ser un eslogan, sino una realidad técnica y normativa. De hecho, el documento aclara que en ámbitos como la justicia, la salud o el crédito, las decisiones no pueden delegarse sin supervisión a algoritmos opacos. Las personas deben comprender cómo se toman las decisiones automatizadas, poder cuestionarlas y obtener respuestas a sus planteos. Este énfasis en la rendición de cuentas conecta con la aspiración más amplia de mantener la tecnología subordinada a valores democráticos.
Si bien la Declaración de Delhi no resuelve todas las tensiones geopolíticas ni elimina los riesgos asociados con la IA, sí marca un precedente histórico. Por primera vez, una mayoría amplia de países reconoció que el avance tecnológico requiere orientación ética y cooperación internacional.
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