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Dos luces clave en rojo

El debate en el Congreso por la reforma laboral volvió a mostrar cosas ya conocidas. Por un lado, el credo del gobierno libertario acerca de que el mercado es una suerte de energía universal bondadosa que resolverá todas las tensiones. Por otro, el peronismo hablando en tiempo presente de un mundo que dejó de existir hace más de medio siglo. Milei había prometido que la Argentina será Alemania en 35 años. Ya faltan solamente 33. El kirchnerismo, tras la derrota de 2023, hizo su autocrítica y actualizó su ideario, pasando del modelo 1973 al 1975. Falta menos.

Mientras tanto, el trabajo argentino está a solas. La política económica actual careció hasta aquí de medidas específicas dirigidas a recuperar el empleo y los ingresos de los asalariados. Enfrente, una oposición perdida en el túnel del tiempo, que habla como si no hubiera contribuido a momificar el mercado laboral y a distorsionar por completo las variables de la economía que generan inversión y trabajo.

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Ambas circunstancias convergen en que, cada vez más, empleo y salarios se están convirtiendo en elementos determinantes de un humor social que se va espesando, rasgo de un conjunto social que se mantiene crítico desde la era K pero comienza a sentirse demasiado castigado por la gestión mileísta.

En llanta

Como para hacer todavía más visible este cuadro, en la semana golpeó fuerte la noticia del cierre de la fábrica de neumáticos Fate, que dejará a más de 900 trabajadores en la calle. Hubo muchas especulaciones acerca de si el propietario de la firma buscó deliberadamente que el dramático anuncio se hiciera justo antes del debate en el Congreso o la fecha fue una hija de las circunstancias, pero no es el fondo del asunto. La inviabilidad de la industria habla tanto de lo que fue la Argentina en las últimas décadas como de lo que es hoy el país, así como también subraya los interrogantes acerca de lo que podría venir.

La empresa ya había tenido otras crisis, y ante alguna de ellas el dueño de la planta había cargado contra los niveles de conflictividad gremial y las normas que facilitaban elevados costos por grados de ausentismo que hasta triplicaban los normales en una industria. Pero centralmente el derrumbe sobrevino por niveles de competitividad paupérrimos, que hacían viable el negocio solo gracias al engranaje de regulaciones, cepos y subsidios de los sucesivos gobiernos nacionales.

En una economía abierta, salvajemente abierta, una industria como Fate no tiene chances de sobrevivir. Debe competir con neumáticos que se elaboran en países que, como China, hacen todo lo posible por lograr que sus empresas produzcan y exporten a los valores más bajos posibles. Es decir, todo lo contrario de lo que sucedió históricamente aquí, donde las políticas proteccionistas carecieron de razonabilidad, ya que en lugar de ser un marco prudencial que favoreciera el desarrollo de una producción industrial capaz de satisfacer la demanda interna con calidad y precios convenientes para los consumidores y preparada para ganar mercados en el exterior, fue en realidad un blindaje que le permitía al Estado no tener que bajar sus costos operativos y al empresario le daba licencia para poner precios exorbitantes a su clientela cautiva.

Sin transiciones, el gobierno de Milei metió a esa clase de empresas a competir, de un día para el otro, con monstruos del mundo hiperdesarrollado. A la vez, reclamándoles a las empresas privadas que produzcan a precios internacionales mientras que el propio Estado, aun con una administración supuestamente liberal, continúa sosteniendo una estructura impositiva cuasisoviética que ahoga a las pymes y parece castigarlas por la osadía de emprender.

Bruma

Dejemos lo particular para hablar del escenario general. Lo que algunos economistas y analistas comienzan a marcar es que los cambios políticos y económicos en el país, más los que se van produciendo a nivel global, instalan una gigantesca incertidumbre en torno a cuál será el puerto de llegada de todo este proceso que está aconteciendo en el país. Se refieren, en esencia, a una reconversión que hace crujir todo pero que nadie tiene claro hacia dónde va. Porque a los aspectos que se mantienen sin esclarecer y a las inconsistencias de esta etapa se agrega el contexto de un mundo que ya comienza a preguntarse qué hará con los cientos de millones de desocupados que generarán en los años siguientes la inteligencia artificial, la robótica y otros avances tecnológicos.

Un informe publicado ayer en La Nación, con la firma de Agustín Mazza, señala que el panorama es tan complejo que por primera vez en muchísimo tiempo la economía argentina mostró un crecimiento importante del PBI a la vez que se reducía el empleo privado registrado. Solían evolucionar a la par, pero esta vez no pasó. Sucedió el año pasado, cuando el PBI varió 4% y sin embargo el empleo se contrajo. Tiene que ver con que desde noviembre de 2023 hasta el mismo mes del 25 se cerraron en la Argentina 22.000 empresas. Son las que operaban en los sectores más golpeados del modelo actual. 

El gobierno, ya se sabe, tiene una mirada darwinista al respecto. El argumento es que una economía libre acabará acomodando todo, como se acomodan las sandías sobre la carreta cuando va marchando. Un artículo de Natalia Donato en Infobae, al hablar de este punto, aporta datos interesantes. En noviembre de 2023 había en la Argentina 512.357 empresas, y dos años después eran 490.419. Pero la caída no es un fenómeno reciente. El pico había sido en febrero de 2012, con 540.282, y el punto más bajo en el gobierno de Alberto Fernández-Cristina Kirchner, con 486.782 en septiembre de 2021. En la Argentina el empleo privado formal no tuvo incrementos significativos, algo totalmente distinto a lo que ocurrió con el trabajo informal y el empleo público. La Fundación Capital determinó que entre 2012 y 2025 los asalariados privados registrados crecieron apenas 3% (185.000 personas). El aumento del empleo registrado total (17%) se explicó mayormente por la expansión del cuentapropismo (+45%) y del empleo público (+30%).

El informe de La Nación señala que entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 el empleo formal privado registrado cayó de 6.373.100 a 6.180.700 trabajadores. La pérdida fue de 192.400 puestos en dos años. Si se agregan los empleos eliminados en el Estado nacional por las políticas de ajuste, hay 270.000 asalariados menos. Las caídas mayores se produjeron en la construcción (66.000 puestos perdidos) e industria (60.400). La agricultura, una de las actividades más favorecidas por el esquema actual, generó en el mismo segmento de tiempo 9000 empleos. Es un buen ejemplo de cómo las áreas en buenas condiciones no logran amortiguar el impacto de la pérdida de empleos en las actividades complicadas.

"El contraste se vuelve más nítido al cruzar empleo y actividad", agrega el artículo, que basándose en datos de la consultora Analytica indica que entre noviembre del 23 y el mismo mes de 2025 los sectores más dinámicos fueron el agro (mejora de 40,5%), pesca (25%), intermediación financiera (17,6%) e hidrocarburos y minería (expansión de 15,9%). "Sin embargo, ese dinamismo no se tradujo en expansión del empleo asalariado privado registrado. En minería y petróleo se perdieron 7627 puestos en el período, afectados por la retracción de la producción de petróleo convencional, que no compensó el boom de Vaca Muerta. En servicios financieros, la disminución fue de 4598 empleos", precisa. Y ni hablar de cómo se reparten las malas noticias entre regiones.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) generó la presentación de proyectos por más de 63.000 millones de dólares. Los que ya están aprobados involucran 25.479 millones. "Solo los autorizados -casi todos en minería- estiman la generación de 32.538 empleos directos e indirectos. Aun si todas las iniciativas en evaluación se concretaran plenamente, el volumen estimado cubriría solo una parte de los 192.400 puestos privados registrados extinguidos desde noviembre de 2023", apunta la nota.

Por eso no hay que sorprenderse de que la convocatoria del Poder Judicial del Chaco para cubrir 350 cargos administrativos haya movilizado a 23.000 personas ni que el brumoso concurso del Tribunal de Cuentas por muchos menos puestos haya tenido casi 10.000 inscriptos.

Inflamable

A la par, los salarios no logran recuperar el poder adquisitivo perdido en los últimos años. En 2025 algunos sectores lograron una tenue reparación, pero la falta de una reactivación real del consumo frenó la tendencia, en algunos casos retornando a la declinación.

En el Chaco la precariedad se acentúa, por la fragilidad de la economía local y la gran dependencia del Estado, que en el reciente anuncio de aumentos salariales  su personal volvió a dejar a la vista la situación crítica de su presupuesto. La modesta recomposición anunciada para docentes, policías y empleados del escalafón general (un 5% que se pagará en dos cuotas) avivó el malhumor del sector y llevó a los gremios estatales a velar las armas. La primera consecuencia podría ser la decisión de los principales sindicatos de maestros de no iniciar las clases en marzo.

Empleo y poder adquisitivo son, cada vez más, las principales demandas sociales, superando a las de otros tiempos, donde inflación y seguridad aparecían al tope de la tabla. Si este año la economía próxima a los ciudadanos no genera una sensación palpable de mejoría, podrían ser también las claves del año ultra electoral que tendremos cuando pase 2026.

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