Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

El silencio, una forma de complicidad

Señor director de NORTE: 

Estimados ciudadanos de Resistencia ¿hasta cuándo vamos a vivir con los ojos cerrados? ¿Hasta cuándo vamos a mirar solo nuestro ombligo y a señalar la paja ajena, sin animarnos a ver la viga propia? Habla Nicolás. Y no lo hago desde un pedestal ni desde una herencia de privilegios. Me gané mi lugar a pulmón, con calle, con trabajo, con sacrificio real. Sin máscaras. Sin teatro. Sin disfraces sociales. Lo que soy me lo construí solo, con esfuerzo, con constancia y con dignidad. Eso no se compra, no se hereda y no se negocia.

Ahora hablemos de la realidad. De la cruda. De la incómoda.

Una parte de Resistencia, no toda, porque también hay gente que labura de verdad y eso merece respeto, vivió durante años bajo un sistema donde el poder político comandó estructuras, entidades, profesionales, negocios, dependencias y voluntades. Muchos crecieron dependiendo del sistema, no del mérito. Muchos prosperaron no por trabajo, sino por vínculos. Muchos construyeron desde la corrupción, la mafia, la mentira, el fraude y el delito.

Y eso tiene consecuencias.

Porque cuando ese sistema caiga -y va a caer- la grieta no va a ser política: va a ser moral. Va a ser ética. Va a ser estructural. A muchos les va a quedar enorme el saco de la realidad. Y al que le quede, que se lo ponga. La justicia debería actuar por deber. Pero muchas veces actúa por poder. Y ahí está la diferencia entre legalidad y justicia real. Lo sabemos todos. No hace falta ser jurista para entenderlo. La transparencia no es el idioma del sistema, pero el teatro se está quedando sin escenario.

Los "intocables" ya no son intocables. El poder eterno no existe. Todo cae. Todo se expone. Todo se revela. Porque el tiempo ordena lo que el hombre corrompe.

Y al final del día, el mate se enfría, el café se enfría, el ruido se apaga, y queda una sola cosa: la conciencia.

Y cuando llegue el juicio que no se puede apelar -ese donde hay un solo juez- ahí no hay contactos, no hay fueros, no hay estructuras, no hay poder, no hay padrinos. Solo verdad.

Porque hay cosas que no negocio: mis valores, mis ideales y mis convicciones. Trabajo para ser mejor. Me esfuerzo para crecer. Camino para construir. Y si algo me enseñó la vida es esto:

molesta cuando no sos parte del sistema, cuando no tenés el culo sucio y cuando no te pueden controlar. Eso incomoda. Eso molesta. Eso expone. Pero también libera. Porque la dignidad no se negocia. La verdad no se alquila. Y la identidad no se vende.

Nicolás Alejandro Galassi

Resistencia 

Te puede interesar