El Altar Tradicional y el crucifijo
Señor director de NORTE:
Sobre la roca del Calvario Cristo se ha ofrecido por nuestra salvación. Cristo es la roca.
En el altar tradicional Cristo es Sacerdote, Víctima y el mismo Altar.
Como sacerdote nos enseña a ofrecernos; como Víctima, Él se ofrece y como altar, en Cristo ofrecemos nuestra vida al Padre. Por tanto, crucifijo y altar tradicional siempre unidos.
El crucifijo en el Altar tradicional es para el sacerdote la única verdad que le introduce en el calvario con Él; ofrecer y ofrecerse. Reflexiona el Reverendo Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa:
"Nunca a lo largo de los siglos se han separado Altar Tradicional y crucifijo. Hoy como ayer el sacerdote sigue contemplando el santo crucifijo al oficiar su Santa Misa.
Hoy como ayer es el crucifijo quien preside el altar indicando a sacerdotes y fieles la naturaleza íntima de la Santa Misa, el sacrificio redentor de Nuestro Señor Jesucristo.
La luz de la verdad, de la fe católica, sigue brillando con todo su esplendor y fuerza en el altar tradicional en la Santa Misa Tradicional.
Es la luz del santo crucifijo que indica el camino de la salvación a los hombres, el único camino de esperanza de vida eterna.
El Altar Tradicional permanece hoy como ayer, y permanecerá fiel a su crucifijo porque la Santa Misa Tradicional es la luz de la Verdad de la fe católica.
El Altar Tradicional nunca podrá apartarse del crucifijo porque la Misa Tradicional y crucifijo son una misma cosa, son uno; es la Verdad de nuestra fe; es la fuerza de la Tradición, es la fuerza de lo que durante generaciones se ha hecho, se ha celebrado, se ha vivido.
Es la fuerza de la Verdad que se abre camino ante la mentira, el error y la obscenidad.
La luz que emana del Altar Tradicional es la luz de su crucifijo, luz que nadie puede ocultar porque no es luz humana, es luz sobrenatural para frustración de los enemigos de la cruz. Es luz que nunca dejará de relucir con su eterno vigor, resplandor y autoridad.
¡Qué gozo alzar la vista a lo alto y contemplar a Cristo crucificado! ¡cuánto amor ante tanto dolor! ¡cuánto dolor ante tanto amor! ¡Dios mismo crucificado ante los ojos del sacerdote! ¿Y éste seguirá siendo carnal, mundano y soberbio? No puede ser que contemplando a Cristo crucificado, el sacerdote no desee imitarlo, ser uno con Él, subir a la cruz con Cristo para consolarle.
El sacerdote no puede vivir su ministerio sin la cruz en su altar porque la vida sacerdotal es vida crucificada, es vida de radical renuncia al mundo, demonio y carne.
Si el sacerdote, vaso de arcilla que debería sentirse vaso de elección como lo fue San Pablo de forma excelsa y privilegiada, no tiene ante sus ojos el santo crucifijo en el altar ¿qué le recordará a su débil y frágil sacerdote crucificado? ¿Cómo podrá iluminar su altar sin la luz?
Donde no esté la cruz de Nuestro Señor Jesucristo no está la luz del mundo. Donde no esté la luz de la cruz de Cristo, sólo hay oscuridad tenebrosa. Donde no esté el resplandor de las llagas de Cristo crucificado, sólo está el error, la mentira, el engaño, la perversión, el Príncipe de este mundo.
Donde está la Santa Misa Tradicional, está la luz del mundo".
Clara María González
Resistencia










