"El consumidor no es antiindustria argentina, es probolsillo propio"
El especialista analizó el auge de compras en plataformas del exterior y alertó del impacto en la producción de la industria local.
Las ventas de productos en el exterior a través de plataformas digitales atraviesan un crecimiento sin precedentes en Argentina y empiezan a modificar de manera estructural los hábitos de consumo.

En diálogo con el ciclo Sensación Térmica, que se emite por NORTE TV, el director Ejecutivo de la consultora Equador Finanzas, Germán Saunig, explicó que en 2025 las importaciones de bienes de consumo alcanzaron un récord anual de 11.000 millones de dólares. Dentro de ese total, las compras realizadas mediante el sistema courier crecieron 274% interanual, un dato que sintetiza la magnitud del cambio.
Cómo funciona
El courier es hoy la vía más sencilla para adquirir productos fuera del país: permite comprar desde una computadora o un teléfono y recibir el producto en el domicilio, con menos trámites y plazos más cortos. A ese esquema se sumaron decisiones oficiales que facilitaron el proceso, como el aumento del tope por operación de 1.000 a 3.000 dólares y la reducción de aranceles para compras de hasta 400 dólares anuales. "Son mecanismos más blandos que hicieron explotar este sistema de compra", señaló Saunig.
El motor principal del fenómeno es el precio. Según el analista, la diferencia entre comprar un mismo producto en una plataforma internacional o en el mercado local puede ser sustancial. El ejemplo más citado es el de los termos de acero inoxidable de una marca líder: mientras en plataformas locales superan los 130.000 pesos, en sitios del exterior pueden conseguirse por debajo de los 90.000, incluso con envío incluido. "El consumidor no es antiindustria argentina ni anticomercio local: es probolsillo propio", resumió y detalló: "la combinación de ingresos familiares ajustados, mayor facilidad de compra, precios más bajos y una oferta casi ilimitada termina inclinando la decisión".

Contrapatida
La contracara de este proceso es el impacto sobre la industria nacional. Sectores como el textil, el calzado, muebles, madera y autopartes muestran caídas de producción y pérdida de empleo. Solo en la industria textil se perdieron 16.000 puestos de trabajo, según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas. "Disminuir la producción implica menos horas trabajadas y menos empleo", explicó Saunig.
El problema, advirtió, no es solo la apertura comercial, sino la falta de preparación previa de muchos sectores para competir en igualdad de condiciones. La elevada carga impositiva, los costos laborales y la ausencia de políticas de reconversión limitan la competitividad frente a países con estructuras de costos más bajas. En ese contexto, varias empresas dejaron de producir para transformarse en importadoras y sostener su actividad.
Para Saunig, la apertura "puede mejorar precios y eficiencia, pero sin una estrategia que fortalezca a la industria local el resultado es un consumo que se va al exterior" y el aparato productivo que queda expuesto, con consecuencias directas sobre el empleo y la estructura económica del país.
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