Cómo creció la edificación de Resistencia durante sus primeros años
Las primitivas viviendas se distinguieron por la precariedad. Aunque muy pronto comenzaron a surgir las sólidas construcciones.
El primer censo comunal realizado en 1881 daba la cantidad de 380 casas existentes, excluidos los ranchos. En los primeros cinco años el gobernador del Chaco en su Memoria dirigida al Ministro del interior ya celebraba el aspecto próspero y el importante crecimiento asentado en la colonia, como asimismo la excelente factura de las viviendas que se iban construyendo.

Un informe del gobierno nacional correspondiente a 1893 daba cuenta de que existan en la ciudad 1840 edificios conformaban el núcleo urbano. Las maderas resultaron un factor importantísimo, al tiempo que para 1885 ya existían fábricas de ladrillos que proporcionaban mayor solidez a los muros. Los troncos de palmeras, cortados longitudinalmente, tomaron a menudo el aspecto de rústicas tejas. Los pisos en principio eran de tierra, pero ya en la última década del siglo funcionó una fábrica de mosaicos que proporcionó una posible mejora en ese aspecto. Los inmigrantes arribados hasta ese momento eran hábiles constructores. Las casas sencillas, asentadas en barro, fueron teniendo poco a poco algunos detalles decorativos en sus frentes, realizados con ladrillos sobresalientes. Pero todas resultaban muy parecidas.
La primitiva Resistencia fue creciendo ordenadamente, tal vez demasiado en detrimento de la fisonomía e idiosincrasia de su sociedad.
La zona céntrica ofrecía todavía trozos de paisaje virgen, junto con llamativos alardes de construcción, jardines, rutas y huertas, con esteros, lagunas e isletas de árboles vetustos. Sin embargo, su trazado geométrico y de rigurosa medición daba un aire de ciudad. Por entonces, el Chaco contaba con aproximadamente 4500 habitantes, los cuales residían en Resistencia. Para 1914, casi triplicaba esa cantidad.
Un decreto nacional, el 25990 del 1º de agosto de 1933, fijó para la Municipalidad de Resistencia un ejido de 8000 hectáreas de superficie, que fue considerablemente ampliado por otro decreto, el 108325.
Demostrando así que la ciudad crecía en forma vertiginosa. En el año 1885 comenzó la construcción de algunos edificios públicos en torno a la plaza central y también el arbolado de las veredas.
Al año siguiente, la Municipalidad dispuso asignar nombres a las avenidas y seis años más tarde la tarea se completó, lo que terminó por dar nomenclatura a otras calles. Crecía el comercio y la industria, la colonia progresaba e iba adquiriendo características de ciudad. Para fines del siglo, las construcciones con edificios sin lujos, pero con solidez en la obra y contenido, ya mostraban industrias y comercios con capitales sólidos.
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