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Resistencia, pasado y presente de la ciudad

Resistencia cumple 148 años y el aniversario invita a volver la mirada hacia sus orígenes para comprender el recorrido que la transformó en una ciudad con identidad propia, forjada entre la tenacidad de sus primeros pobladores, el trabajo de la comunidad y una singular vocación cultural.

Fundada oficialmente el 2 de febrero de 1878 sobre la antigua reducción de San Fernando del Río Negro, la capital del Chaco nació como un proyecto de colonización que buscó poblar y afirmar la soberanía nacional en un territorio hasta entonces considerado marginal.

Antes de la fundación formal, la zona había sido explorada desde el siglo XVIII y estaba habitada por pueblos originarios, principalmente de las etnias qom y vilelas. El paraje San Fernando era un punto estratégico, vinculado con el río y la explotación temprana de los bosques. Sin embargo, fue recién en la segunda mitad del siglo XIX cuando el Estado nacional impulsó de manera decidida la colonización del Chaco, en el marco de la Ley 817 de Inmigración y Colonización, que promovía la llegada de familias europeas para integrarlas al modelo agroexportador y garantizar el poblamiento efectivo del territorio.

En ese escenario se inscribe la llegada de las primeras familias inmigrantes, mayoritariamente provenientes de la región del Friuli, en el norte de Italia. Eran 39 familias —43, según algunos registros— que sumaban 184 personas entre hombres, mujeres y niños. Habían partido del puerto de Génova el 1 de diciembre de 1877, impulsados por la esperanza de acceder a la propiedad de la tierra, un anhelo difícil de concretar en su patria de origen. Tras un viaje largo y azaroso por mar, una breve estadía en Buenos Aires y el posterior traslado al puerto de Corrientes, llegaron finalmente al puerto de San Fernando el 27 de enero de 1878, luego de remontar el río Negro en condiciones difíciles.

El desembarco marcó el inicio de una etapa fundacional signada por el esfuerzo y la adaptación a un entorno hostil. Los colonos fueron recibidos por las autoridades de la colonia y por los obrajeros que ya explotaban los bosques de la zona. Desde ese momento comenzaron las tareas de desmonte, limpieza y organización de las chacras, distribuidas de manera equitativa. La agricultura fue la actividad central, pero no la única. Aquellos primeros inmigrantes aportaron oficios fundamentales como la herrería, la carpintería y la fundición de metales, además de conocimientos en fruticultura, horticultura, producción de lácteos, embutidos y otros alimentos. Estos saberes permitieron resolver los desafíos de subsistencia y aportaron al crecimiento de una colonia agrícola productiva.

El historiador Seferino Geraldi rescató con detalle la memoria de esta colonización italiana, documentando los nombres de quienes integraron los distintos contingentes y las vicisitudes que atravesaron. Sus trabajos rinden homenaje a esos pioneros cuya tenacidad se convirtió en un rasgo identitario de la sociedad chaqueña. A los primeros grupos de 1878 se sumaron nuevos contingentes en 1879 y 1880, provenientes no solo del Friuli, sino también de Udine, el Veneto y el Tirol, lo que consolidó rápidamente el crecimiento demográfico de Resistencia.

En 1884, la ciudad fue declarada capital del Territorio Nacional del Chaco, un reconocimiento que marcó su centralidad política y administrativa. Durante el siglo XX, Resistencia experimentó un notable desarrollo económico impulsado primero por la explotación forestal, especialmente del tanino, y luego por el auge algodonero, que alcanzó su punto máximo hacia la década de 1950. En 1951, con la provincialización del Chaco, la ciudad reafirmó su rol como capital, y en 1973 la inauguración del puente General Belgrano la integró definitivamente con Corrientes y la región de la Mesopotamia, fortaleciendo su posición como nodo estratégico del nordeste argentino.

Pero si hay un rasgo que distingue hoy a Resistencia en el país y el mundo es su identidad cultural vinculada con el arte público. Desde los años sesenta, con la iniciativa de los hermanos Boglietti, las esculturas comenzaron a ocupar veredas y plazas, sacando el arte de los espacios cerrados y acercándolo a la vida cotidiana. Más tarde, el escultor Fabriciano Gómez impulsó la Bienal del Chaco, un certamen internacional que convirtió a la ciudad en un taller a cielo abierto.

Resistencia es el resultado de un largo proceso histórico en el que confluyen la memoria de los pueblos originarios, el sacrificio de los inmigrantes, el trabajo mancomunado y una profunda vocación cultural. Recordar ese camino es una forma de reafirmar los valores que dieron origen a la ciudad y que siguen proyectándola hacia el futuro.

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