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La inteligencia artificial y la transformación del empleo

La inteligencia artificial (IA) está transformando el mundo del trabajo a una velocidad sin precedentes. Así lo advirtió en el Foro de Davos, Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien alertó que cerca de 60% de los puestos de trabajo en los países desarrollados se verá afectado por la IA en los próximos años. Muchos de ellos, en particular los empleos de nivel inicial, podrían desaparecer por completo.

Según Georgieva, uno de los impactos más visibles de la IA es la reducción drástica de los puestos de entrada que tradicionalmente sirvieron como primer escalón en la carrera profesional de millones de jóvenes. Las cifras aportadas por la directora del FMI revelan que desde 2023 estas vacantes cayeron aproximadamente un 35%, mostrando así una tendencia que preocupa especialmente porque limita las oportunidades de inserción laboral para quienes buscan su primer empleo. Esta situación afecta incluso a graduados en áreas técnicas, como ingeniería informática o ciencias de la computación, que hasta hace poco se consideraban prácticamente inmunes al desempleo.

En países como EEUU, la tasa de desempleo entre jóvenes de 16 a 24 años duplica a la tasa general, una situación históricamente inusual. La automatización de tareas que antes realizaban trabajadores junior -como análisis básicos de datos, programación rutinaria, redacción de informes o atención al cliente- está siendo asumida por sistemas de IA capaces de operar de manera más rápida y económica. Como resultado, las empresas demandan menos personal en las etapas iniciales y concentran la contratación en perfiles altamente especializados.

Además de la eliminación directa de puestos, la IA ejerce una fuerte presión sobre los salarios. Aquellos empleos que logran sobrevivir a la automatización enfrentan el riesgo de ver reducida su remuneración, salvo que los trabajadores consigan aumentar su productividad mediante el uso de estas tecnologías.  En palabras de Georgieva, esta dinámica implica que "la clase media inevitablemente se verá afectada".

En el mismo Foro de Davos, distintas figuras del mundo financiero compararon este proceso con otras transformaciones históricas de gran escala. Larry Fink, presidente de BlackRock, dijo que la IA está teniendo sobre los trabajadores más calificados un efecto similar al que la globalización tuvo sobre los trabajadores que realizaban tareas manuales. Explicó que, así como la deslocalización industrial afectó a millones de empleos fabriles, la automatización inteligente amenaza ahora a profesiones de oficina que antes parecían seguras. Algunos expertos incluso estiman que, en apenas cinco años, la IA podría igualar o superar ciertas capacidades humanas, y poner en riesgo millones de empleos de alta calificación.

Ante este panorama, el debate en foros internacionales como Davos ya no gira en torno a si la IA debe adoptarse, sino cómo hacerlo sin dejar atrás a amplios sectores de la población. Existe una preocupación de que esta tecnología profundice las desigualdades económicas, reproduciendo errores históricos similares a los observados tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el crecimiento no se distribuyó de manera equitativa. Por ello, personalidades como Fink y Georgieva insisten en la necesidad de diseñar planes para este nuevo escenario.

Estas propuestas incluyen la creación de mecanismos que protejan a la clase media, la inversión masiva en capacitación y reconversión laboral, y una adaptación mucho más rápida de gobiernos y empresas al ritmo, por cierto, vertiginoso, del cambio tecnológico. Sin embargo, los especialistas reconocen que, hasta ahora, ni las instituciones públicas ni el sector privado han logrado seguir el paso acelerado de la IA.

Si bien algunas voces, como la de Demis Hassabis de DeepMind, mantienen una visión optimista y confían en que la IA generará más empleos, en general la cautela domina el debate. Algunos especialistas advierten que el despliegue desigual de esta tecnología, condicionado por el acceso a infraestructura energética, capital y conocimiento, podría agravar aún más las brechas entre países y dentro de las propias sociedades.

Todo parece indicar que la inteligencia artificial representa una oportunidad enorme para aumentar la productividad y el crecimiento económico, pero también un desafío para el mundo del trabajo. No hay que dejar de lado la advertencia del FMI, cuando dice que, sin políticas activas y protección de los trabajadores de los sectores más vulnerables, este "tsunami" tecnológico corre el riesgo de erosionar el tejido social y cerrar las puertas del empleo precisamente a quienes deberían ser el futuro de la economía.

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