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El contenido de la Biblia

Peligro de habitar la zona de confort

Si bien es cierto que cada vez son más los que, de algún modo u otro, conocen la existencia de la Biblia, es probable que no todos sepan de qué se trata su contenido.

Es como un mapa a seguir

A propósito de ello, si lo consultamos al diccionario común que nos acompañó desde la escuela primaria, nos diría sintéticamente: "Biblia. La Sagrada Escritura, esto es, los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento."

Pero si le consultamos a un diccionario de estudio bíblico, nos diría algo más: "Es el nombre con el cual se designan desde muy antiguo las Sagradas Escrituras de la Iglesia Cristiana. Un libro por excelencia, que es la Palabra de Dios."

En la actualidad, si consultáramos con la Inteligencia Artificial, nos dice algo más completo: "La Biblia es una colección de libros sagrados fundamentales para el cristianismo y el judaísmo, y cuyo nombre significa "los libros" (en griego), y narra la relación de Dios con la humanidad a través de historias, leyes, profecías y enseñanzas, dividida en Antiguo y Nuevo Testamento, inspirada por Dios y escrita por diversos autores a lo largo de siglos." Un perfecto resumen de lo que es la Biblia.

Descripto entonces ligeramente su contenido, podemos afirmar que es como un mapa que muestra al ser humano por donde debería transitar durante su viaje por la vida. Repetimos lo que decimos siempre, no es un libro religioso, sino más bien un manual de instrucciones de plena sabiduría para todos aquellos que se animen a transitarlo.

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Otros caminos

Al contrario de esta visión, en 1905, el poeta nicaragüense Rubén Darío, escribió el poema Lo fatal; donde hace referencia a "la angustia existencialista ante la incertidumbre del origen y el destino humano, y refleja el miedo a la vida consciente, la muerte y el temor a lo desconocido, describiendo la existencia sin un rumbo cierto, ni un propósito claro".

Desde esa línea de pensamiento surgió la famosa frase "las personas no saben de dónde vienen, ni a dónde van". 

Es indudable que pudieron haber ocurrido por lo menos dos cosas en la mente del poeta; la primera, que no haya tenido la posibilidad de leer la Biblia; y la segunda, que habiéndola leído no haya creído en su contenido. Porque de haberlo hecho, no hubiera escrito tal poema, o le habría dado otro enfoque. De acuerdo con su biografía, nos inclinamos a pensar que ocurrió lo segundo, porque de adolecente fue educado con los jesuitas.

Dentro y fuera del cristianismo

En dicho contexto, y buceando en el mar del cristianismo encontramos que hay quienes están adentro y fuera de él. A quienes están afuera no podemos pedirles frutos, pero si a quienes está adentro. Y uno de los principales frutos es el amor, y dentro del amor, la empatía.

La empatía es la capacidad de entender y compartir los sentimientos, pensamientos y planes de otra persona; podríamos decir que es ponerse en el lugar de otro sin necesariamente vivir lo mismo, es la habilidad de conectar profundamente con los demás y comprender su situación para lograr entender su necesidad y accionar al respecto.

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Descansar en lo conocido

Podemos observar –que debido a rutinas existenciales– al creyente le cuesta una enormidad adicionar la empatía a su modo de vida. Nos gusta llamarle a esta realidad "descansar en la zona de confort". 

Hay quienes fueron bendecidos por Dios y llegaron a esa zona de confort, pero se olvidan de quienes todavía no la alcanzaron. Ellos resolvieron sus problemas, pero no toman en cuenta las dificultades del resto.

A los que así actúan, el texto bíblico los describe como quienes se apacientan a sí mismos, y los compara con las nubes sin agua y árboles otoñales sin fruto. Ese tipo de conductas los puede llevar a la perdición, porque olvidaron por el camino la enseñanza de amar al prójimo como a sí mismo. 

Al respecto, Jesús dijo: "Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero y me recogiste; estuve desnudo y me cubriste; enfermo y me visitaste; en la cárcel y viniste a mí". Destaca la importancia de ayudar al prójimo, equiparando el servicio a los enfermos, necesitados y encarcelados con servirle a él mismo. Es parte del juicio final, subrayando que la compasión hacia los necesitados es compasión hacia Dios. 

Si todavía no lo hiciste y aún permaneces en tu zona de confort, te persuadimos a reflexionar sobre la posibilidad de hacer un gran cambio en tu vida, aunque ya estés en la iglesia. No es que nosotros ya lo hayamos logrado, pero vamos en esa dirección.

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