La esquina que marcó época: del bar La Estrella al Viejo Café
El inmueble fue considerado por muchos como el "ágora" de Resistencia, un espacio donde se cruzaban ideologías, generaciones y oficios.
El inmueble ubicado en la esquina de las calles Yrigoyen y Pellegrini fue durante más de ochenta años un espacio de encuentro social, cultural y político. Allí funcionaron sucesivamente el bar La Estrella, el Café de la Ciudad y El Viejo Café, que acompañaron el crecimiento de Resistencia desde fines de la década de 1930 hasta su cierre definitivo en 2021, por la pandemia.


El edificio comenzó a tener protagonismo a fines de los años 30, cuando abrió sus puertas como heladería y pizzería. Logró consolidarse como uno de los sitios más concurridos de la capital chaqueña, no solo por su propuesta gastronómica, sino por su rol como espacio de debate, sociabilidad y construcción de identidad.
La era de los Terada
En la década de 1950, el local pasó a manos de Yoshío Terada, inmigrante japonés, quien junto con su hermano transformó el lugar en una cafetería que rápidamente se convirtió en un punto de referencia. El bar La Estrella fue frecuentado por políticos, intelectuales, artistas, periodistas, trabajadores y bohemios, que compartían discusiones en un clima de singular camaradería. El bar fue considerado por muchos como el "ágora" de Resistencia, un espacio donde se cruzaban ideologías, generaciones y oficios.

Su prestigio trascendió y llegó a ser identificado como uno de los símbolos de la ciudad, junto con el Fogón de los Arrieros y el perro Fernando. Tras casi medio siglo al frente del negocio, Terada vendió el establecimiento en 1982, despidiéndose de una etapa que marcó profundamente la vida resistenciana.
El peso de las crisis
Luego de la venta, el bar tuvo varios intentos por sostenerse, hasta que cerró el 31 de enero de 1991. Años más tarde, el inmueble fue recuperado bajo el nombre de Café de la Ciudad, con una impronta que buscó mantener vivo el espíritu cultural del lugar.

Después, el espacio quedó en manos de una cooperativa de trabajadores que lo rebautizó como El Viejo Café, cuando asumieron el desafío de sostener un emblema histórico. Sin embargo, la caída del consumo, el deterioro salarial y las deudas acumuladas, sumadas al impacto del Covid-19, hicieron que las persianas se bajen definitivamente en 2021, y dejaron una esquina cargada de historias y recuerdos.











