Un ejército silencioso
Es cierto que existe gente mala haciendo el mal todo el tiempo, pero también gente buena haciendo el bien cuando las circunstancias así lo requieren.
A propósito de los buenos, en cierta ocasión, un joven rico le preguntó a Jesús: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo Dios."
Separar lo malo de lo bueno
En tal sentido, desde la óptica divina, nadie debería ser llamado bueno porque esa cualidad solo la tiene Dios; pero desde el punto de vista humano, en cuanto a la conducta de los hombres –por medio de la ley de Moisés– quedó establecido lo que es malo y lo que es bueno. Dios trazó en aquel momento una línea invisible que separa lo malo de lo bueno, y pidió a los hombres lo segundo.
Dicho de otro modo, el ser humano tiene claro lo que es bueno y lo que es malo, salvo aquellos que, por la cauterización de su conciencia, revirtieron su pensamiento y a lo bueno le llaman malo y a lo malo le llaman bueno.
Equilibrio entre palabras y hechos
En relación a las actitudes de las personas, hace ya muchos años, una persona puso en duda la tarea humanitaria de la madre Teresa de Calcuta, cuando le dijo: "Madre, usted quiere resolverle el problema al mundo entero, y eso no se puede" y ella le dijo: "No. Intento resolverles el problema a 20 personas, muéstreme usted a sus 20". Obviamente que esa persona quedó sin poder responderle, porque no tenía a sus veinte ni siquiera en sus pensamientos.
En ese contexto es muy importante que, junto con la difusión del evangelio de Cristo, haya un equilibrio entre las palabras y los hechos. Precisamente, en el texto bíblico, la instrucción del autor de la epístola de Santiago, señala que la fe sin obras es muerta.
Porque él dice: "si algún hermano o hermana tienen necesidad de mantenimiento de cada día y alguno de ustedes, sin darles nada, les dice: Vayan en paz, caliéntense y sáciense, pero no le dan las cosas que son necesarias para el cuerpo.
¿De qué vale? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma".
El brazo extendido de Dios sabe cómo actuar
En Resistencia existen instituciones cristianas que se ocupan de las necesidades del prójimo y de manera especial en determinas épocas del año, como por ejemplo en vísperas de Navidad. Coexisten muchos tipos de necesidades entre los que menos tienen, pero hay una especial que es la de aquellos que son del interior provincial y tienen familiares enfermos en el hospital Pediátrico o en el hospital Perrando, porque tienen que pasar la Noche Buena en las salas de espera o en las veredas, haciendo la vigilia o guardia por los suyos que están internados.
La mayoría de esa gente sufre necesidades espirituales, pero también materiales, y es allí cuando aparecen los ejércitos anónimos de las iglesias cristianas, con sus luces y sombras, pero portadoras del silencio bienhechor, que extienden sus brazos hacia los más necesitados.
Una de esas instituciones –entre varias– es la Iglesia de Dios (de calle Obligado 653) que tiene en su servicio espiritual a un grupo de hombres y mujeres, que de manera organizada reúnen fondos durante el año y cocinan –a la tarde de todos los 24 de diciembre– y al anochecer llevan lo preparado a los familiares de los internados que hacen guardia en ambos hospitales y también a barrios carenciados.
Es un ejército que no hace ruidos porque prefiere el silencio; a todos ellos, vaya nuestro profundo reconocimiento y agradecimiento por su inestimable labor. Reiteramos, son varias instituciones que lo hacen, resaltamos a una de ellas en representación de todas las que lo hacen.
A todos ellos les recordamos que Jesús conoce sus obras y su arduo trabajo, y nada de ello quedará en el olvido.
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