Comisión Exploradora de 1875, de Foster y Seelstrang
El primer objetivo de la Comisión Exploradora de 1875 fue ubicar el cantón y pueblo frente a Corrientes. Se ponía nuevamente en ejecución el plan del ministro Rawson.

En el diario de la Comisión Exploradora, figura que el 22 de octubre de 1875, los exploradores habían remontado el Río Negro unas 26 millas, aguas arriba, a contar desde su desembocadura en el brazo de la Barranqueras. Constataron que el río más importante que penetraba hasta el interior del Chaco era el Rio Negro, pero les dificultaba la navegación por la enorme cantidad de camalotes, y que, a medida que se internaban, siguiendo el cauce del río, las márgenes se iban elevando, por eso n dudaron de que estaban en presencia de la tierra firme y elevada del Chaco. Volvieron sobre sus pasos y anclaron en Puerto San Fernando para estudiar detenidamente el asiento de la futura colonia, cantón militar y pueblo. Volvieron sobre sus pasos y anclaron en Puerto San Fernando para estudiar detenidamente el asiento de la futura colonia, cantón militar y pueblo.
Sin duda alguna los técnicos de la Expedición conocían los antecedentes sobre la fundación de una ciudad en el Chaco de 1865, y los planos y el informe del Ingeniero Couland; encontraron asimismo las ruinas de la Reducción de San Buenaventura de Monte Alto, cerca de la desembocadura de los ríos Negro y Tragadero; es decir, conocían los sitios que anteriormente habían sido elegidos para ubicar la futura ciudad chaqueña. Eligieron, sin embargo, a Puerto San Fernando a pesar de que la zona, sobre todo para el trazado de la ciudad, era baja y anegadiza.
¿Qué razones movieron a la Comisión Exploradora a elegir un sitio a todas luces inadecuado para la ubicación de una gran ciudad? El informe de la Comisión arroja luz sobre este punto. Dice así: «En el presente sólo existe de esa reducción (la de San Fernando) los últimos restos de la Capilla en la quinta del Coronel don José M. Avalos y el nombre de San Fernando con que se distingue el paraje».
«La población del Coronel Ávalos cuenta con diez cómodas habitaciones, con espaciosos galpones y taller de carpintería; todo perfectamente bien dispuesto y ordenado, causando asombro al viajero cuando llega pasa a encontrar en lugar de las chozas de los salvajes, que quizá en su fantasía se imaginaba, un jardín con preciosas flores, que con suave perfume le hacen comprender que ya en el Chaco se disfruta de los goces de la vida civilizada. Posee linda quinta de árboles frutales con exquisitas legumbres (también la tenía la población de Seitor), que demuestran con el admirable desarrollo que adquieren, la gran fertilidad de la tierra del Chaco, tan beneficiada por la naturaleza y olvidada por parte de los hombres. Un paraje como el que acabamos de mencionarla, con antecedentes tan favorables, no podía dejar de atraer la atención de la Comisión Exploradora».
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