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Carta de lectores

Llueve mucho y nos inundamos: ¿estamos condenados?

Señor director de NORTE:

Así como está construida Resistencia —y de continuar con esa matriz— estaríamos condenados cada vez que caigan más cien milímetros en una hora.

¿Y cómo está construida Resistencia? Desde sus primeros asentamientos las construcciones han ido avanzando sobre las tierras bajas, aunque a mediados de los 70 este proceso tuvo un impulso institucional.

La dictadura militar desvió el cauce del riacho Arazá haciendo un zanjón paralelo a la ruta 11 en la mano izquierda yendo para Santa Fe y construyó el Canal de la Soberanía a lo largo de Resistencia desembocando en los humedales de Puerto Vilelas que se conectan por declive natural con el Paraná.

Es así como el serpenteante riacho Arazá se fue secando y también sus viejos meandros. En lo que eran sus humedales, se levantaron los barrios España, Provincias Unidas, Santa Inés, Complejo Malvinas, Güiraldes, Mujeres Argentinas, que se inundó en la década del 80, antes de ser habitado, por la gran inundación de 1982 (rotura del dique).

Esa traumática inundación hizo que desde 1983 los barrios Fonavi se siguieran construyendo sobre humedales desde la avenida Castelli hacia el sur, siempre sobre terrenos rellenados. 

Aquí vale hacer notar que no vale lo mismo una hectárea de terreno en un humedal porque es inundable, que la misma superficie en un nivel alto (52 metros sobre el nivel del mar).

Grandes empresas constructoras varias de ellas internacionales como Supercemento, DyCASA y otras hicieron pingües negocios ya que adquirían chacras enteras (cada chacra tiene cien hectáreas) por centavos la hectárea. 

Después lo hicieron las grandes empresas locales (ya asociadas con políticos en funcion de gobierno).

En los manuales de urbanismo se estudia que antes de construir viviendas colectivas, ya sean en planta baja o monoblocks, lo primero que se hacen son las infraestructuras, es decir: sistemas de desagües cloacales y pluviales, pavimentos, tendido de redes de agua potable y luz; y después las viviendas.

Aquí se hicieron primero las viviendas y luego las redes de luz y agua, después el pavimento y por último los desagües; recién al final las cloacas. 

Con la miseria que azotó al país desde los años 90, adquirir un lote con luz y agua se hizo inaccesible para los asalariados del nivel más bajo, obreros de la construcción, empleados municipales, agentes policiales, empleados públicos etc. 

De ahí surgieron las tomas a terrenos privados —por lo general, bajos—, los bordes de lagunas, y de ríos, el Negro, el Riacho Barranqueras, el Antequeras o los humedales de Vilelas y Barranqueras.

Hasta ahí una sintética explicación histórica, ¿y ahora qué hacemos?

A nivel general, ya deberíamos ponernos a pensar en una ciudad vieja y una nueva. A la vieja se le puede poner parches y a la nueva no se la puede pensar si no se habla del Gran Área Metropolitana, es decir aparte de Barranqueras y Vilelas, Colonia Benítez, Fontana, Puerto Tirol y Margarita Belén inclusive. lagunas 

Si hoy ya es una necesidad imperiosa un segundo puente con Corrientes, la ocupación de la traza de lo que sería una nueva vía de circunvalación y la conexión con la Ruta 11 acorta los tiempos de una planificación y el control del territorio.

En toda el área metropolitana hay asentamientos muy pobres, pero también hay barrios privados sin documentación que los avalen como tales, todos ellos se convertirán en problemas a resolver teniendo en cuenta las distintas cuencas de ríos, riachos y arroyos.

No se puede volver a repetir viejos errores y la única manera de no hacerlo es convocar a todos los protagonistas de un conglomerado urbano como el del que hablamos. 

Y todos deben hacerlo en un pie de igualdad, no pueden participar los propietarios de bienes raíces con las consultoras que pueden pagar para que los asesoren, los pobres de la ciudad también deben contar con asesoría y es el Estado el que debe proveerlos.

Hay que elaborar un Plan Estratégico Participativo, no para hacer publicidad (hubo más de uno antes) sino para pensar en el futuro.

Para ello hay que pensar en fuentes de trabajo, en servicios y en la cantidad de viviendas que hoy son un déficit imposible de resolver para cada municipio sólo. 

¿Y el ahora? Y habría que pensar en aumentar la cantidad de superficie absorbente y en la forestación urbana, en construir nuevos conductos de desagües pluviales y en la limpieza de los existentes, y ver el funcionamiento de las estaciones de bombeo en el momento en que son necesarias.

Aumentar la superficie absorbente significaría levantar miles de metros cuadrados de veredas y pisos de patios. Sería un trabajo de la comunidad en conjunto con el municipio, un gran trabajo que costaría un monto significativo de dinero en materiales y mano de obra, porque habría que aprovechar para nivelar las veredas y retirar los pisos que pueden ser muy lindos cerámicos, pero si no son antideslizantes en los días de lluvia son un peligro.

Por otro lado, deberían dejar de hacer calzadas de pavimento de hormigón y hacer calzadas de ripio con cordón cuneta. Asimismo, en las plazas y en los espacios verdes los senderos deberían ser de bloques cribados o polvo de ladrillo.

La flamante bicisenda de la avenida Sarmiento es muy bonita y útil para los ciclistas, pero se le ha quitado con su construcción muchos metros cuadrados de superficie absorbente, tal vez el hormigón debería ser reemplazado.

 La limpieza de los actuales conductos de desagües pluviales es una obra de ingeniería porque deberían ser descubiertos por tramos para limpiarlos a conciencia.

Otra cosa sería la educación ambiental sobre el arrojo de basuras, que por lo general taponan las bocas de tormenta. Ahí el municipio debe poner en la calle cientos de "educadores urbanos" que realicen un trabajo de promoción cuadra por cuadra y luego vendría el control y el emplazamiento y si persisten las inconductas deberán hacerse efectivas las sanciones.

Por supuesto que la Municipalidad debe resolver el eterno problema de los minibasurales y el arrojamiento de residuos en las cabeceras de canteros centrales de las avenidas.

Se pierden muchos recursos por la no recolección clasificada de los residuos, hay mucha gente desocupada que podría estar organizada en cooperativas recicladoras, en el país hay ejemplos para imitar.

Todo lo escrito hasta aquí es lo que leí y escuché de profesionales, técnicos, vecinos, ambientalistas, como el recordado Jorge Castillo y tantos especialistas no escuchados por los gobiernos.

Hay que abandonar la política chiquita, hay que pensar en políticas públicas a largo plazo. Hoy aparecen diputados y senadores que no sabemos con qué intenciones e ideas han accedido a cargos públicos, que votan contra sus pueblos, contra sus ciudades.

Todavía tengo la esperanza de vivir varios años más y me gustaría poder decirles a mis hijos que valió la pena tener esperanza y en confiar en la humanidad, y que los colectivos sociales son los motores de los cambios.

ARMANDO BENÍTEZ

RESISTENCIA 

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