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El desafío industrial argentino

Argentina enfrenta una coyuntura global que exige revisar con seriedad el lugar de la industria en su estrategia de desarrollo. Durante su exposición en la conferencia anual de la Unión Industrial Argentina, el titular de Techint, Paolo Rocca, advirtió que el sistema de comercio mundial atraviesa un cambio fundamental impulsado por la intervención activa y estratégica de los gobiernos en los sectores productivos.

Señaló que iniciativas como Hecho en China y las distintas medidas proteccionistas y de seguridad nacional adoptadas por Estados Unidos, entre ellas aranceles y restricciones de exportación, son ejemplos de un escenario donde los Estados vuelven a orientar las reglas del juego global. En este escenario, según Rocca, Argentina necesita construir una estructura industrial fuerte que le permita sostener un crecimiento de largo plazo y no quedar rezagada frente a potencias que avanzan con estrategias muy definidas.

El país cuenta con recursos naturales valiosos, pero estos no bastan para alcanzar un desarrollo sostenido. El titular de Techint reconoció que sectores como la energía, la agroindustria, la minería o el litio poseen un enorme potencial, aunque advirtió que depender exclusivamente de ellos implica asumir una vulnerabilidad estructural. Explicó que Argentina exporta alrededor de cuatro mil dólares per cápita, cifra muy inferior a la de países desarrollados basados también en recursos naturales, como Australia o Canadá. Esa brecha -planteó- refleja un problema de fondo, porque para transformar la riqueza natural en bienestar generalizado es necesario desarrollar cadenas de valor más complejas, con innovación, empleo calificado e infraestructura adecuada. Una economía moderna no puede apoyarse solo en sus jugadores estrella sino que requiere una estrategia completa, capaz de integrar y potenciar todos los sectores productivos.

Rocca remarcó que la reorganización macroeconómica emprendida por el gobierno nacional constituye una base necesaria pero insuficiente si no se acompaña con una política industrial definida, porque en un mundo donde China alinea a sus empresas detrás de objetivos nacionales de largo plazo y donde Estados Unidos decide qué sectores defender mediante sanciones, tarifas o restricciones tecnológicas, ningún país puede competir sin un plan propio.

China articula sus metas a través de la idea de Hecho en China y extiende su influencia mediante grandes programas de infraestructura. Estados Unidos, por su parte, interviene en el capital de empresas estratégicas y regula exportaciones para proteger sus ventajas tecnológicas y su seguridad nacional. Según Rocca, este marco genera tensiones globales, procesos de desacoplamiento y reacciones en cadena que obligan a países como Argentina a adoptar una visión estratégica para no quedar subordinados a decisiones ajenas.

Por eso es necesario volver a pensar en política industrial, es decir, definir qué sectores deben ser defendidos y cuáles necesitan transformaciones. También supone reconocer que la intervención activa no es sinónimo de distorsión sino de orientación y planificación. Así como la política monetaria es indispensable para garantizar estabilidad, la política industrial lo es para construir un sendero de desarrollo que articule las capacidades locales con las demandas del mercado global. En Argentina esta política debe coordinarse con la estabilidad macroeconómica, aprovechando la oportunidad que ofrece un proceso de ordenamiento fiscal para impulsar inversiones y promover innovación.

Rocca señaló que esta estrategia requiere además reformas internas que favorezcan la competitividad. La elevada presión tributaria desalienta la inversión, la informalidad laboral erosiona la productividad y la litigiosidad frena el empleo formal. En ese sentido, propuso una reforma tributaria que incentive la reinversión, una reforma laboral que reduzca la informalidad y una reforma educativa que mejore la calidad del sistema. También remarcó la importancia de modernizar la infraestructura y la logística, elementos indispensables para que las empresas compitan en condiciones razonables.

La industria manufacturera, afirmó Rocca, sigue siendo irremplazable como motor de empleo estable y como base para la innovación tecnológica. Es el sector que permite absorber mano de obra, diversificar la producción y generar un ecosistema de conocimientos capaz de sostener el avance científico y productivo. En un contexto internacional donde los Estados toman decisiones firmes para proteger y expandir sus sectores estratégicos, renunciar a una política industrial sería equivalente a competir sin defensa ni estrategia.

Argentina tiene una gran oportunidad si logra articular su energía abundante, su capital humano y su capacidad tecnológica incipiente. Un país grande no puede resignarse a un rol periférico basado en la exportación de materias primas. Necesita una industria sólida que amplíe su base productiva y lo inserte en el mundo de manera digna y competitiva.

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