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Antivacunas y sesgo de confirmación

El sesgo de confirmación es un sesgo cognitivo que lleva a las personas a prestar mayor atención a la información que confirma sus creencias y a minimizar la importancia de la información que contradice su visión del mundo.

En el caso de las personas que desconfían de las vacunas, solo están dispuestas a aceptar datos o historias que validan sus temores o desconfianza sobre las vacunas, y de ese modo refuerzan teorías conspirativas y el descreimiento hacia la ciencia médica.

El insólito acto antivacunas que se llevó a cabo en el Congreso de la Nación donde se cuestionó la obligatoriedad de las vacunas volvió a poner en el centro del debate a los movimientos antivacunas que, dicho sea de paso, son considerados por la Organización Mundial de la Salud como una de las diez principales amenazas a la salud global.

Las vacunas previenen millones de muertes anuales en todo el mundo, pero la desinformación que promueven los movimientos antivacunas abona un terreno que se vuelve fértil para la desconfianza y el temor, permitiendo el resurgimiento de enfermedades controladas como el sarampión, cuyos casos aumentaron en los últimos años en varios países. En ese sentido, hay que recordar que la vacunación no es solo una decisión personal, sino una responsabilidad social para mantener la inmunidad colectiva y evitar brotes de enfermedades prevenibles, que ponen en riesgo los avances logrados a lo largo de décadas.

En 2020, el periodista de El Universal de México, José Manuel Valiñas, escribió un artículo titulado "Antivacunas: la mentira mortal", donde plantea que el movimiento antivacunas tomó impulso a partir del artículo fraudulento publicado en 1998 por el gastroenterólogo Andrew Wakefield en 1998 donde aseguraba que había encontrado una relación entre la vacuna triple (contra sarampión, paperas y rubeola) y el autismo, en un universo de estudio de apenas ocho niños. Pero con tan pocos casos estudiados no se puede obtener una evidencia estadísticamente válida ni confiable. Los estudios serios necesitan muestras grandes y representativas para poder generalizar los resultados y distinguir las coincidencias de las relaciones causales verdaderas. Además, los críticos del estudio de Wakefield observaron que no tuvo un diseño robusto ni control adecuado, lo que hace que las conclusiones sean poco fiables.

En toda investigación médica, una muestra pequeña puede producir resultados azarosos o no representativos, lo que dificulta determinar si una asociación observada es real o producto del azar. Para establecer causalidad es necesario replicar hallazgos en poblaciones mayores con metodologías rigurosas. En el caso de Wakefield, solo observó algunos niños con autismo tras la vacuna, pero sin control estadístico ni comparación adecuada, lo que no permite afirmar que exista una relación causal.

Además, la muestra limitada también impide considerar la diversidad genética y ambiental que influye en el desarrollo del autismo, por lo que no puede descartarse que otros factores hayan causado los trastornos observados. A mayor tamaño de la muestra, se mejora la precisión y validez del estudio. Por eso, la comunidad científica rechazó las afirmaciones basadas en las especulaciones de Wakefield y estudios posteriores -mucho más amplios y rigurosos- confirmaron que no existe relación entre la vacuna triple viral y el autismo.

En el artículo de Valiñas, el periodista observa también que las vacunas son uno de los más grandes éxitos de la historia de la humanidad. Pero, lamentablemente, "son víctimas de su propio éxito", porque logran eliminar en gran medida el recuerdo de muchas enfermedades.

Lo que sucede es que, en un primer momento, la población agradece las vacunas, porque todavía tienen memoria reciente de las tragedias que causa la enfermedad en personas y familias. Pero cuando se pierde esa memoria a causa del buen funcionamiento de las vacunas desciende la confianza en ellas. Se olvida la enfermedad, el sufrimiento, las complicaciones y los costos. "No hay amenaza inmediata y la vacunación ya no parece necesaria. La tasa de vacunación en la sociedad disminuye y las enfermedades vuelven", advierte Valiñas.

Dicho de otro modo, al eliminar o controlar enfermedades como el sarampión o la polio, las vacunas borran la "memoria colectiva" de epidemias pasadas, haciendo que parezcan menos amenazantes. Inicialmente, la población valora las vacunas por experiencias recientes de sufrimiento, pero con el tiempo, sin amenaza visible, baja la adherencia y las tasas de cobertura caen por debajo del 95% necesario para la inmunidad colectiva. Ya lo dijo Bernardo Houssay en 1947, la ciencia no es cara, cara es la ignorancia.

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