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Soberanía científica aplicada a la oncología

La disponibilidad de Vaccimel, la vacuna desarrollada por investigadores argentinos para prevenir la progresión del tipo más grave de cáncer de piel, marca un hito sin precedentes en la ciencia nacional y en la región. Este avance representa la culminación de más de tres décadas de trabajo continuo y la apertura de una nueva etapa en las terapias celulares aplicadas a la oncología. A diferencia de las vacunas preventivas tradicionales, este desarrollo está dirigido a personas que ya fueron diagnosticadas con melanoma en estadios tempranos y que presentan un riesgo intermedio o alto de recaída, por lo que su función es terapéutica y no preventiva en sentido estricto.

Según informó el laboratorio, su eficacia del 72,8% en ensayos clínicos la posiciona por encima de los tratamientos convencionales disponibles hasta el momento, ofreciendo a los pacientes una herramienta adicional para reducir la posibilidad de recurrencia del tumor. El proyecto comenzó a finales de la década de 1980 de la mano del doctor José Mordoh, investigador superior del CONICET y figura clave en el campo de la inmunoterapia oncológica en Argentina. Desde los primeros estudios en modelos animales hasta los ensayos clínicos en humanos, el equipo de Mordoh logró transitar todas las etapas necesarias para convertir un concepto experimental en una terapia disponible en el sistema de salud. La investigación se apoyó en los principios de la medicina traslacional y tomó inspiración en los trabajos de los premios Nobel César Milstein y Ralph Steinman, pioneros en el estudio del sistema inmunológico. A lo largo del proceso, participaron instituciones como la Fundación Instituto Leloir, el Instituto Alexander Fleming, el Hospital de Oncología María Curie y la Fundación Sales, conformando una red científica que permitió sostener el proyecto durante décadas.

El funcionamiento de esta vacuna se basa en un mecanismo poli-antigénico, a través del cual introduce antígenos tumorales en el organismo con el fin de entrenar al sistema inmunológico para reconocer y atacar células cancerosas residuales que podrían haber quedado tras la cirugía, que es el tratamiento de primera elección en los casos de melanoma temprano. Esto evita que el tumor desarrolle resistencia, ya que la diversidad de antígenos aumenta la capacidad del sistema inmunológico para identificar variaciones en las células malignas. Se busca, de este modo, que los linfocitos T patrullen el cuerpo y destruyan micrometástasis antes de que puedan consolidarse. Este principio convierte a esta vacuna argentina en una herramienta especialmente valiosa para pacientes de alto riesgo. El tratamiento consiste en un esquema de trece dosis administradas a lo largo de dos años. Durante las primeras etapas, las aplicaciones son más frecuentes para estimular la respuesta inmune; luego, las dosis se espacian con el objetivo de mantener la vigilancia inmunológica. Esta modalidad requiere la intervención de especialistas en oncología cutánea y su aplicación se realiza exclusivamente en centros preparados para este tipo de terapias celulares. Por ese motivo, la vacuna no está disponible en farmacias ni puede ser administrada fuera de entornos profesionales adecuados. El primer centro habilitado para su aplicación es el Hospital de Oncología María Curie, en la ciudad de Buenos Aires, aunque el Laboratorio Pablo Cassará —responsable de la producción y comercialización del tratamiento tras la aprobación de la ANMAT en 2021— mantiene conversaciones con instituciones del interior del país para ampliar la cobertura y capacitar a profesionales.

La aprobación de esta vacuna representa un avance para la inmunoterapia en América Latina. La posibilidad de que una terapia celular de estas características sea desarrollada localmente permite fortalecer la soberanía científica y tecnológica, además de demostrar la capacidad del país para sostener proyectos de largo plazo con impacto clínico real. Para los pacientes, se abre una alternativa terapéutica que complementa la cirugía y ofrece una posibilidad concreta de disminuir el riesgo de recaída, uno de los mayores desafíos en el tratamiento del melanoma. El lanzamiento de esta vacuna simboliza también el compromiso sostenido de la comunidad científica argentina con la investigación de enfermedades complejas y la búsqueda de soluciones innovadoras. En un campo donde los avances suelen depender de tecnologías altamente especializadas, la experiencia de los investigadores argentinos demuestra que es posible convertir el conocimiento generado en los laboratorios en herramientas terapéuticas que transformen la vida de los pacientes. Así, la ciencia argentina alcanza un logro histórico y abre el camino para futuros desarrollos que continúen fortaleciendo la lucha contra el cáncer.

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