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Un cuidado que puede influir en nuestra salud

Cómo y cada cuánto debemos higienizar las botellas que utilizamos

Los expertos recomiendan no descuidar este aspecto de nuestras rutinas diarias. Lavar solo con agua fría no es suficiente.

Las botellas se volvieron un objeto cotidiano y pueden albergar miles de gérmenes y bacterias capaces de afectar la salud si no se limpian con la frecuencia y el rigor necesario. Aunque su uso se ha popularizado por razones ecológicas y de bienestar, además de comodidad en varias circunstancias, la falta de higiene en estos recipientes puede exponer a los usuarios a microorganismos potencialmente dañinos, lo que hace imprescindible adoptar rutinas de limpieza constantes.

El riesgo suele pasar inadvertido: la acumulación de hongos en el interior puede derivar en molestias digestivas, infecciones e incluso complicaciones más graves en personas con sistemas inmunológicos debilitados. La preocupación por este problema ha llevado a científicos y profesionales sanitarios a subrayar la importancia de mantener estos recipientes libres de contaminantes.

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Cada vez utilizamos más botellas para hidratarnos en todo momento del día. Es un hábito saludable pero que requiere higienizar debidamente esos elementos.

LOS MOTIVOS

Diversos estudios, han demostrado que las botellas acumulan gérmenes sin importar el material del que estén hechas. El agua potable, aunque suele considerarse segura, contiene microorganismos que pueden multiplicarse rápidamente cuando se almacenan a temperatura ambiente. Un ensayo reveló que, incluso utilizando agua hervida, la cantidad de bacterias en el interior puede pasar de 75.000 a más de uno o dos millones por mililitro en solo 24 horas.

Además, la principal fuente de contaminación no es solo el agua, sino el propio usuario: cada vez que se bebe, se transfieren microorganismos de la boca y las manos al recipiente, facilitando la colonización de especies como la E. coli. El riesgo aumenta cuando se comparten botellas, ya que enfermedades como el norovirus pueden transmitirse con facilidad.

El uso de bebidas distintas al agua, especialmente las azucaradas o los licuados de proteínas, también favorece el crecimiento de hongos. Las consecuencias para la salud pueden ir desde molestias leves, como dolor de estómago o picazón de garganta, hasta cuadros de diarrea y vómitos.

En personas inmunodeprimidas, la exposición a bacterias presentes en las botellas puede derivar en infecciones más graves. La recomendación de los expertos es clara: la limpieza debe ser frecuente y minuciosa. El método más eficaz consiste en lavar la botella con agua caliente, a más de 60°, jabón y un cepillo adecuado para llegar a todos los recovecos, incluidas la tapa.

Para una limpieza más profunda, se pueden emplear pastillas limpiado‑ ras o soluciones de vinagre o bicarbonato de sodio. Es fundamental dejar secar al aire, ya que los ambientes húmedos favorecen la proliferación de organismos. Los expertos sugieren realizarla con agua y jabón a diario y una desinfección más exhaustiva al menos una vez por semana.

Si es utilizada para otro tipo de bebidas, el enjuagado debe ser diario. Un estudio dirigido por Carl Behnke, experto en seguridad alimentaria, mostró que más de la mitad de los participantes compartían sus botellas y un 15% admitía no limpiarlas nunca.

El profesional observó que quienes empleaban utensilios como cepillos o el lavavajillas lograban los niveles más bajos de bacterias. En cambio, enjuagar solo con agua fría no resulta suficiente, ya que no elimina las biopelículas, esa capa viscosa donde proliferan con facilidad.

Conviene además que las botellas sean de vidrio o de acero inoxidable, porque los plásticos contienen aditivos químicos, como el bisfenol A (BPA), que pueden filtrarse al agua y estar relacionados con alteraciones hormonales y un mayor riesgo de enfermedades crónicas.

"Están físicamente unidos a los plásticos, lo que significa que pueden colarse al agua", explica Amit Abraham, profesor adjunto de ciencias de la salud poblacional, en un artículo publicado por el portal Infobae. Puede producirse además la presencia de microplásticos en el líquido. En cualquier caso, la clave para evitar la exposición a bacterias y sustancias nocivas reside en mantener una rutina de limpieza rigurosa y elegir recipientes que faciliten el acceso a todas sus partes.

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