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¿Por qué la inflación que vemos no es la inflación que pagamos?

Aunque el INDEC muestra una inflación que viene desacelerándose, la sensación en los hogares es muy distinta

Los precios de los bienes esenciales, los aumentos en servicios y la pérdida del poder adquisitivo hacen que la "inflación real", la que se enfrenta cada vez que se va al supermercado o se paga una factura, parezca mucho más alta que la oficial. Esta brecha no es casual: responde a diferencias en la estructura de consumo, en la velocidad de ajuste de ciertos precios y en la forma en que se construye el índice inflacionario. Entender por qué la inflación que vemos no es la inflación que pagamos es clave para leer lo que realmente ocurre en la economía cotidiana. 

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Las góndolas continúan sin reflejar los movimientos de la cotización del dólar, por el ancla que representa la recesión.

Aquí algunas razones:

1- CANASTA OBSOLETA DE CONSUMO

El INDEC utiliza una canasta de bienes y servicios basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004-2005. Esto implica que los pesos asignados a distintos rubros no se ajustan a los patrones de consumo actuales. Por ejemplo, rubros como vivienda, servicios públicos, alquiler tienen una ponderación menor de la que experimentan muchos hogares hoy.

Ejemplo: en el índice oficial, los alquileres pesan menos del 6%, cuando en la realidad muchas familias destinan más del 30% de sus ingresos a eso.

2- PONDERACIONES QUE SUBVALORAN LOS AUMENTOS MÁS FUERTES 

El peso de los servicios (agua, luz, gas, teléfono, internet) está muy bajo en el IPC que calcula el INDEC. Al mismo tiempo, los alimentos, que tienen mayor ponderación, han tenido incrementos relativamente menores en ciertos períodos, lo que diluye el impacto real sobre los hogares. 

Esto significa que cuando suben mucho las tarifas o los alquileres —lo que afecta con fuerza a muchas familias, ese efecto pesa poco en el índice oficial.

Ejemplo: si la electricidad sube 200% pero representa solo 2% del índice, su impacto se diluye.

3- DIFERENCIAS ENTRE EL PROMEDIO Y CADA HOGAR

El IPC mide una canasta "representativa" de todos los hogares urbanos, pero no tiene en cuenta particularidades que son muy importantes, como por ejemplo: tamaño de la familia, región, nivel de ingresos, tipo de vivienda, transporte usado, etc. Por lo tanto, aunque el índice oficial muestre determinada tasa de inflación, muchas familias ven subidas de precios mayores en los rubros que consumen habitualmente.

Ejemplo: una familia de zona sur de Resistencia en Chaco que usa transporte público y paga alquiler siente una inflación mucho mayor que un hogar propietario del centro.

4- DESFACE TEMPORAL Y EXPECTATIVAS

Los aumentos en ciertos servicios o bienes pueden producirse entre los periodos de relevamiento o después de que se publica la cifra mensual, lo que hace que muchos hogares sientan que "la inflación real" es mayor que la oficial. También, la percepción popular —que cambia según el alza de los precios de lo que consumen— puede estar más adelantada o distinta. 

Esto genera una brecha entre lo que la gente vive y lo que muestran los datos.

Los precios suben antes de que el INDEC los releve o se publican con retraso, por eso los aumentos se sienten antes de verse reflejados.

CONCLUSIÓN 

Nos debemos un debate serio sobre cómo se calcula el IPC, ya que este no tiene relación con la vivencia cotidiana de muchos hogares porque: usa una canasta desactualizada, les da menos peso a los rubros que se disparan para ciertos sectores (como servicios o alquileres), y no recoge suficientemente la diversidad de realidades familiares. Por eso muchos ciudadanos sienten que "todo sube más de lo que dicen los números".

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