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Memorias de Resistencia

Operación Titus

El 12 de noviembre de 1966 el Chaco entraba en la era espacial con la operación Titus.

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Hace 59 años el Chaco estuvo presente en la era espacial. En el paraje Lapachito sobre la ruta nacional 11, una misión espacial francoargentina realizó el lanzamiento de dos cohetes Titus, que volaron a 260 km de altura, con el objetivo de estudiar el sol durante un eclipse total. El operativo fue llevado a cabo para estudiar la atmósfera solar en el espectro del ultravioleta y entender las erupciones solares, radiaciones de ondas, tormentas solares, etc. Había que aprovechar el momento del eclipse total, que es cuando la luna tapa el disco solar y permite"ver"lo que pasa en la corona del sol. Si a esto le agregamos que ocurriría fuera de la atmósfera terrestre y en el espectro del ultravioleta, la recolección de datos resultaba de gran valor científico. Dado que el fenómeno astronómico fue único en esta región y la fecha y hora del evento muy precisa, los preparativos empezaron cuatro meses antes. 

En aquel entonces en la ciudad de Resistencia sólo existía el Aeroclub, ya que el Aeropuerto Internacional de Resistencia estaba en construcción. La pista de aterrizaje estaba terminada pero no había energía, caminos de acceso o torres de control. Estaba todo por hacerse y sin embargo aterrizaron dos enormes aviones cargueros procedentes de Francia con todo el equipamiento necesario para lanzar los cohetes desde nuestra provincia. Los setenta técnicos franceses llegaron en un Avro turbo-hélice de Aerolíneas Argentinas que aterrizó en el Aeroclub para montar todo el sistema de cohetería. A pesar del obstáculo del idioma en un escenario que parecía la torre de Babel (en el que confluían empresas francesas, argentinas, Fuerza Aérea, Vialidad, y muchos obreros locales y de países vecinos como Paraguay y Bolivia), se logró trabajar de manera coordinada y en un ambiente de armonía. Antes del lanzamiento se realizaron simulaciones de despegue para cerciorarse de que todos los parámetros se cumplieran correctamente. 

Trajeron tres naves completas, dos para ser lanzadas y una de repuesto. Se lanzaron dos cohetes idénticos con el mismo equipamiento científico para asegurar dos veces los resultados por si fallaba uno de los dos. Los cohetes constaban de tres etapas y sus distintos accesorios, dos etapas de propulsión de combustible sólido (nuevos combustibles desarrollados exclusivamente para propulsión de cohetes y probados por primera vez en estos lanzamientos), con sus respectivos alerones orientadores y estabilizadores, y la cápsula científica con todo el instrumental a bordo y con equipo de nitrógeno comprimido para orientar los lentes hacia el sol. Cada cohete pesaba 3.500 kg y su longitud era de 12,50 metros con 80 cm de diámetro llevando una cápsula de 400 kg de carga útil a más de 260 km de altitud.                                                                                        

Lo que recuerdo del fenómeno, que en plena mañana y mientras ocurría el hecho, se hizo de noche y lo majestuoso era ver la alteración y conmoción que producía en los animales, sobre todos los pájaros que eran los más visibles, volaban buscando sus nidos para pasar la noche. Las recomendaciones para ver el eclipse eran muy puntuales, usar una protección para la vista, como podía ser antejos negros, un vidrio oscuro o una radiografía, porque los rayos ultravioletas podían producir una ceguera.

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