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La vacunación contra el sarampión

El sarampión puede parecer una enfermedad leve, especialmente en personas sanas; pero su alta capacidad de contagio y las posibles complicaciones graves que puede generar hacen que la vacunación siga siendo una herramienta fundamental para proteger tanto a quienes se vacunan como a toda la comunidad. La Organización Panamericana de la Salud informó que tras brotes detectados en Canadá y en varios países del continente se declaró la pérdida del estatus de "libre de sarampión" en las Américas. Por eso es importante mantener altas coberturas de inmunización.

El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa. Se transmite por vía aérea y el virus puede permanecer activo en el ambiente hasta dos horas. En la mayoría de las personas sanas cursa con fiebre, erupciones y malestar general; sin embargo, puede provocar complicaciones graves como neumonía y encefalitis. Estas complicaciones son más frecuentes y peligrosas en niños pequeños, personas inmunocomprometidas o embarazadas.

Por eso, aunque el sarampión no siempre presenta cuadros graves, el riesgo de contagio y de complicaciones en los grupos vulnerables hace que su prevención mediante la vacunación sea una prioridad de salud pública.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) confirmó que la región de las Américas perdió su certificación como zona libre de transmisión endémica del sarampión, estatus que había logrado en 2016. Este retroceso se debe a la reaparición de brotes sostenidos en varios países, siendo el caso de Canadá uno de los más importantes.

El brote en el país del norte comenzó en octubre de 2024 y, un año después, ya había provocado más de 5.000 casos confirmados y probables, con dos muertes registradas. La mayoría de los contagios se concentró en las provincias de Ontario y Alberta. Según los datos oficiales, el 88% de las personas afectadas no estaban vacunadas.

Dado que la transmisión se mantuvo durante más de 12 meses, la OPS determinó que el país había perdido su condición de libre de sarampión. Con ello, toda la región americana dejó de estar exenta de transmisión endémica, lo que implica un desafío para los sistemas sanitarios nacionales y una advertencia sobre la fragilidad de los logros alcanzados cuando las coberturas de vacunación disminuyen.

En Argentina, el Ministerio de Salud de la Nación confirmó brotes de sarampión en 2025, principalmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Se reportaron 35 casos confirmados y 390 en estudio. La mayoría de los casos fueron importados, aunque también se detectó transmisión comunitaria. Según los expertos, el principal factor de riesgo es la caída en las coberturas de vacunación, que se ubican por debajo del 95% en todas las provincias. Ese porcentaje es el mínimo necesario para mantener la llamada "inmunidad colectiva", que protege incluso a quienes no pueden vacunarse, como los bebés menores de un año o las personas con enfermedades inmunológicas.

La vacuna triple viral —que protege contra sarampión, rubéola y paperas— se aplica en dos dosis: la primera al cumplir 12 meses y la segunda a los 5 años. Esta vacuna es segura y altamente efectiva. Las autoridades sanitarias recomiendan completar el esquema y participar en las campañas de refuerzo que se realizan en zonas con riesgo elevado.

La vacunación tiene un impacto social directo, ya que al vacunarse, cada persona contribuye a frenar la circulación del virus y protege a quienes no pueden hacerlo por motivos médicos. Esta solidaridad sanitaria es esencial para mantener el control de enfermedades prevenibles como el sarampión.

La experiencia reciente en el mundo demuestra que incluso los países con sistemas de salud sólidos pueden ver reintroducida la transmisión endémica si las coberturas de vacunación disminuyen.

El sarampión, aunque en muchos casos se presenta como una enfermedad leve, sigue siendo una amenaza real para la salud pública. Su rápida propagación, el riesgo de complicaciones y la posibilidad de brotes sostenidos muestran la necesidad de mantener altas coberturas de vacunación.

La pérdida del estatus de eliminación en las Américas debe ser un llamado de atención. Cada ciudadano debe ser consciente de que vacunarse es protegerse, pero también es cuidar de los demás. Es importante recordar que la vacunación contra el sarampión sigue siendo una de las formas más efectivas de preservar la salud pública en toda la región.

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