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Marta Minujín levantó una Torre de Pisa con 20.000 paquetes de fideos

La artista volvió a sorprender con una instalación monumental: la torre tiene 20 metros de altura y está montada en el Centro Cultural Recoleta para la Noche de los Museos 2025

   La estructura de hierro recubierta por paquetes de spaghetti podrá ser recorrida por el público y, al final del evento, llevarse un paquete como recuerdo.

   Como en sus célebres creaciones efímeras —el Obelisco de Pan Dulce, el Partenón de Libros o el Lobo Marino de Alfajores—, Minujín vuelve a unir arte, participación y consumo popular. "Nadie se va a olvidar de que hubo una Torre de Pisa de espaguetis. El hecho es comerse el mito", explica la artista, que reivindica la mezcla de humor, desmesura y cercanía con el público que caracteriza su obra.

   Cada paquete de pasta lleva un sticker diseñado por ella, con su firma y el logo del evento. Así, lo cotidiano se transforma en pieza artística y souvenir colectivo. "Este paquete forma parte de una obra de arte que debe ser consumida por el público y que queda en la memoria", dice, lanzando un atado de spaghetti con entusiasmo.

   La torre no solo puede verse: también se recorre. En su interior hay rampas accesibles y una proyección de tres minutos que narra el viaje simbólico de la Torre de Pisa desde Italia hasta Buenos Aires, acompañada por una banda sonora que va de Vivaldi a Atahualpa Yupanqui, pasando por cantos gregorianos y Piazzolla. "Es como si hubiera volado por el espacio sideral y aterrizado en Argentina", comenta la artista, que invita al público a visitarla y a "llevarse su paquete, tranquilos y felices".

   A los 82 años, Minujín sigue siendo pura energía. "Cargo combustible en mi taller", bromea. Ella define su obra como "cultura instantánea", una mezcla de arte pop, espectáculo y participación masiva, que hoy encuentra su mejor canal en las redes sociales. Miles de selfies convertirán a la Torre de Pisa de fideos en un nuevo ícono viral, algo que a la artista le divierte: "Hay que crear mitos nuevos. Ya no los monumentos clásicos, sino los contemporáneos, los del futuro".

   La creadora recuerda con humor sus experiencias anteriores con obras comestibles. El Obelisco de Pan Dulce, en 1979, fue un caos: "La gente se colgó de la grúa, casi los mata el obelisco. Tuvimos que llamar a los bomberos. Me gritaban ‘¡mala, mala, dame pan dulce!’". Más tarde, repitió la experiencia en Irlanda con pan lactal y en Mar del Plata con alfajores. "Las hago con comida porque es la manera más inmediata de que la gente las consuma", dice, y anticipa su próximo proyecto: "Una pelota de fútbol de dulce de leche de quince metros, en la que la gente pueda meterse".

   Minujín insiste en que el arte debe ser accesible y vivencial. "El arte está en todas partes. No hay que tenerle miedo a los museos. Si la gente se acostumbra a vivir el arte, intensifica su vida". La Noche de los Museos, afirma, es una gran oportunidad para acercarse a esa experiencia colectiva.

   Figura popular y pionera del arte pop en la Argentina, Minujín conserva su magnetismo. En la calle, todos la reconocen y le piden fotos. "Me aman, pero a veces me agota. En Buenos Aires no puedo caminar sin que me paren". Aun así, disfruta el contacto con su público, que es parte esencial de sus obras.

   Con humor y lucidez, rechaza la etiqueta de "sobreviviente": "No soy una sobreviviente, soy viviente". Y, como los Beatles que convirtieron el mundo en color, ella sigue iluminando la escena artística argentina con la misma energía de siempre, desafiando la solemnidad con una torre de fideos que invita, literalmente, a comerse el arte.

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