Murió James Watson, descubridor de la estructura del ADN
El fallecimiento del biólogo estadounidense, una de las figuras más célebres y controvertidas de la ciencia moderna, fue confirmado por su hijo Duncan al New York Times.

Watson pasó a la historia en 1953 al describir junto a Francis Crick la estructura del ADN, pero su reputación se vio más tarde arruinada por declaraciones racistas que lo marginaron del ámbito científico.
Watson y Crick revelaron que la molécula portadora de la información genética adopta una forma de doble hélice, semejante a dos escaleras de caracol entrelazadas. Esa arquitectura permite que el ADN se replique con precisión, garantizando la herencia biológica. El propio Watson la definió como "el secreto de la vida".
Nacido en Chicago en 1928, tenía solo 25 años cuando publicó el estudio que revolucionó la biología. La deducción de la estructura se basó en las imágenes obtenidas mediante cristalografía de rayos X por Rosalind Franklin y Maurice Wilkins en el King’s College de Londres. En 1962, Watson, Crick y Wilkins recibieron el Premio Nobel de Medicina; Franklin, fallecida cuatro años antes, fue excluida del reconocimiento y durante décadas su aporte fue minimizado.
En 1988, Watson fue elegido para dirigir el Proyecto Genoma Humano, iniciativa destinada a descifrar la secuencia completa del ADN humano. Sin embargo, su prestigio se desplomó en 2007 tras una entrevista con *The Sunday Times* en la que sostuvo que era "pesimista" sobre el futuro de África y dudó de la igualdad intelectual entre razas. Afirmó que las políticas de cooperación internacional se basaban en la "falsa premisa" de que la inteligencia de los africanos era la misma que la de los europeos.
La reacción fue inmediata: Watson pidió disculpas, pero la comunidad científica lo condenó. Fue apartado de la dirección del Cold Spring Harbor Laboratory, en Long Island, donde trabajaba desde hacía décadas. Pasó de ser un héroe de la ciencia a un paria. En 2014 vendió su medalla Nobel por casi cinco millones de dólares al magnate ruso Alisher Usmánov, quien más tarde le devolvió la pieza como gesto simbólico.
Lejos de rectificarse, Watson reafirmó sus ideas en 2019 en el documental Decoding Watson, de la televisión pública estadounidense. Allí insistió en que las diferencias de rendimiento en pruebas de inteligencia entre blancos y negros eran "genéticas". La Sociedad de Genética Humana de Estados Unidos respondió con un comunicado en el que recordó que la ciencia "demuestra que los humanos no pueden dividirse en subcategorías biológicamente distintas".
Incluso Francis Collins, entonces director de los Institutos Nacionales de Salud y colega de Watson en el Proyecto Genoma, lamentó sus declaraciones: "Es decepcionante que alguien que hizo contribuciones tan innovadoras perpetúe creencias tan dañinas e infundadas", dijo. Los expertos en salud pública subrayan que las diferencias en rendimiento intelectual suelen estar más ligadas al contexto socioeconómico —educación, alimentación o entorno— que al código genético.

Uno de los episodios más debatidos de su carrera fue su relación con Rosalind Franklin, la cristalógrafa cuyas fotografías del ADN, en especial la célebre Fotografía 51, fueron decisivas para el descubrimiento. Franklin obtuvo la imagen que revelaba la estructura helicoidal con una claridad inédita. Sin embargo, Watson y Crick publicaron sus conclusiones sin incluirla como coautora. Décadas después, Watson llegó a afirmar con desdén que Franklin "tuvo la foto durante ocho meses y nunca concluyó que fuera una hélice".
Investigaciones recientes, como las del historiador Nathaniel Comfort y el zoólogo Matthew Cobb, desmintieron esa versión. Según documentos de la época, Franklin fue en realidad la primera en advertir que el ADN contenía "grandes hélices con varias cadenas y los fosfatos hacia el exterior", una hipótesis que presentó en 1951 en un seminario al que asistió el propio Watson.
El trato que dio a su colega también fue criticado por su machismo. En su libro La doble hélice (1968), Watson describió a Franklin en términos peyorativos, preguntándose "cómo se vería sin gafas y con otro peinado". Este retrato contribuyó a reforzar los estereotipos de género en la ciencia y empañó aún más su figura.
En 2018, durante el 90º cumpleaños de Watson, el genetista Eric Lander, fundador del Instituto Broad del MIT y Harvard, brindó por él en un acto conmemorativo. Días después se disculpó públicamente: "Sus puntos de vista son abominables: racistas, sexistas y antisemitas. Me equivoqué al brindar".
James Watson deja una herencia ambivalente: la del científico que descifró una de las claves fundamentales de la vida y, al mismo tiempo, la del hombre incapaz de liberarse de prejuicios que la ciencia moderna ha demostrado falsos. Su historia es un recordatorio de que el genio y el dogma pueden coexistir en una misma persona, y de que el conocimiento, por sí solo, no garantiza la sabiduría.










