Villa San Martín pasó del susto al espectáculo y empezó la temporada soñando alto
Tras un primer tiempo lleno de nervios, notoria falta de ritmo, ansiedad al palo y apenas 22 puntos, el Tricolor explotó en la segunda mitad: metió 52 y venció a Independiente de Santiago del Estero en un debut que arrancó tenso y terminó con fiesta. La noche dejó autocrítica, carácter, señales de un equipo con hambre y con buena vibra entre sus protagonistas.

Lo que en los primeros veinte minutos parecía un trámite para olvidar terminó convertido en una declaración de intenciones. Villa San Martín abrió la temporada de la Liga Argentina en casa contra un rival durísimo como Independiente de Santiago del Estero, que llegó con chapa de haber jugado una final de conferencia recientemente, y la presión pesó. Demasiados tiros rápidos, imprecisiones y ansiedad. Todo eso se tradujo en un primer tiempo incómodo: 22 puntos y caras largas.
En el entretiempo hubo "champú" fuerte en el vestuario. Lavado de cabeza literal y figurado. El clima cambió y el equipo también. Lo que siguió fue una transformación completa. Villa jugó con energía, defendió más duro, corrió mejor la cancha y encontró claridad en ataque. La cifra lo cuenta sola: 52 puntos en la segunda mitad.
Los nombres propios

El base Facundo Fernández Gago fue el motor del renacer. Cerró con 20 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias, pero el detalle que queda en la memoria son los 10 puntos consecutivos para abrir el tercer cuarto, cuando el partido pedía personalidad. A su lado, la polifuncionalidad del escolta Favio Vieta (13 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias) sostuvo el orden y la energía, mientras que Elián Centeno García (10 puntos, 10 rebotes y 3 tapas) y Estéfano Simondi (11 puntos, 3 rebotes y 2 asistencias) sumaron presencia y valoración clave (+20 y +19, respectivamente).
Las voces del vestuario
Eduardo "Chiche" Japez, todavía con el pulso acelerado, resumió lo esencial ate la consulta de NORTE segundos después del pitazo final: "Lo importante es ganar. Como se ganó".
Gago fue sincero: "El primer tiempo me costó por la ansiedad, igual que al equipo. Sabíamos que estábamos mejor físicamente. Cuando metí algunas acciones positivas me solté. Ojalá sea el inicio de algo bueno", destacó.
Vieta también bajó línea con naturalidad y verdad: "Ansiosos. Muy ansiosos. La ansiedad nos jugó en contra. Por suerte lo revertimos. Mostramos lo que es Villa en el segundo tiempo. Se nos abrió el aro, sacamos la presión y jugamos más sueltos. Somos todos pibes con ganas y energía".
Lo que viene
El debut dejó enseñanzas rápidas. Falta ritmo, como reconocieron adentro del equipo, pero sobra actitud y química. El viernes que viene, otra vez de local, la misión será sostener lo bueno, bajarle un punto a la ansiedad y seguir marcando territorio.


Villa ya dio su primer golpe. Lo hizo pasando del sufrimiento al disfrute. Si este es el punto de partida, el público tricolor tiene motivos para ilusionarse.
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