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Juicios de praxis médica

El drama de los médicos y los sanatorios, la otra cara de la moneda 

La medicina es una actividad falible que maneja dos racionalidades bien definidas: una, la búsqueda del menor error posible y la otra, la del mayor beneficio probable.

Estas dos racionalidades están enmarcadas fundamentalmente por una relación con un importante sesgo económico que es el de la relación costo/beneficio de las decisiones y, por otra parte, por la multiplicidad de factores circunstanciales e irracionales que afectan las decisiones.

Las decisiones tienen aspectos racionales bien establecidos en las teorías de las decisiones basadas en la predictibilidad, una predictibilidad que basa su cálculo de probabilidad en la sensibilidad y especificidad de los elementos que fundamentan una decisión y aspectos menos racionales o totalmente irracionales, como son la intuición en la elección de opciones y criterios emocionales que fundamentan las prioridades en los valores humanos —(Favaloro siempre decía, hay que sentir al paciente…)–.

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En los últimos días hemos tomados conocimiento del dictado de sentencias por supuestas malas praxis médicas, que involucran montos realmente impagables, por cientos de millones de pesos. Si los Jueces no toman conciencia de la proyección de las consecuencias que generan esas sentencias, créanme que los médicos y los sanatorios de la provincia están en un verdadero riesgo de colapsar patrimonialmente, entiéndase, desaparecer.

Ahora bien, lo más complejo para quien no entiende cómo funciona la medicina, es lo siguiente: No existe el médico perfecto, no existe el sanatorio perfecto, y si aplicamos el mismo tratamiento a cien personas con la misma patología, cinco de ellas van a tener resultados negativos (conf. Escuela Alemanda de medicina predictiva) hasta quizás alguna o algunas puedan fallecer sin que ello implique responsabilidad ni del profesional ni de la entidad sanatorial donde se llevó a cabo la práctica. 

Me explico: si pretender el 100% de porcentaje de existo en la medicina es buena práctica, la buena práctica es imposible; si mala práctica es la no buena práctica, todos los médicos hacen mala práctica. No ser querellados va a terminar dependiendo del poder de seducción de pacientes y allegados y de la suerte de no enfrentar a pacientes o a sus familiares con neurosis querellante y abogados que piensan más en la póliza de seguros que hay en juego, que en el análisis de la práctica médica en sí. Cuando la querella ha llegado, la suerte de los profesionales de la salud dependerá de un juez tan falible como los médicos.

¿Qué esperamos que sepan los jueces?

Sería deseable que supieran que el médico actúa sumergido en un mar de incertidumbres; la falta de información sobre la sensibilidad y especificidad de síntomas y signos y la falta de sensibilidades totales y especificidades absolutas de las informaciones auxiliares de laboratorio y de imágenes hacen que las predicciones con menos de 5 % de error parezcan verdades absolutas. Como dije antes, el médico perfecto podría ser querellado por cinco pacientes de cada cien que atendiera.

Las decisiones todavía deben tener en cuenta situaciones circunstanciales de contexto, emocional, familiar y social, y distinta valoración de la significación humana de las consecuencias de los errores y los beneficios de los aciertos. En medio de tanta incertidumbre el médico puede agotar los recursos de información o esperar que el tiempo vaya aportando datos de mayor sensibilidad y mayor especificidad y oportunidades más propicias, delicado equilibrio entre un costo desmesurado de la búsqueda de nuevos datos y un retardo culposo en la toma de una decisión.

Todo esto pone a prueba al médico a cada momento y con cada paciente; ¿pensarán en esto los jueces en el momento de juzgar culpabilidad médica?, ¿tendrán en cuenta los jueces que ese delicado equilibrio se aprende?, ¿sabrán los jueces que el temor a sentencias excesivas puede paralizar muchos actos médicos, paralizar el aprendizaje y generar caos económico en la prestación médica?

La medicina "a la defensiva", la que prioriza evitar juicios de mala práctica, puede terminar con el aprendizaje y con una economía que la haga viable. Personalmente, pienso que no es punible el error, pero sí lo es la irresponsabilidad. La irresponsabilidad puede ser producto de un defecto personal o de una organización médica que no da tiempo a una actitud responsable y, aun eventualmente, penaliza la "pérdida" de tiempo que representa la reflexión en una actitud responsable. Esto también debería ser tenido en cuenta por los jueces a la hora de dictar sentencia.

Satisfacer las expectativas de los pacientes es, quizá, el elemento de mayor peso para determinar si habrá o no querella independientemente de la opinión de los expertos respecto a si se han seguido o no las normas de atención. La profilaxis del juicio de mala práctica es la buena relación médico - paciente y médico - familiares del paciente. Así llegamos a la paradoja de que la profilaxis es de la querella, no de la mala práctica.

Gran parte de esta tesitura no es invento mío, está basada en los estudios realizados para entender cómo razonan algunos jueces y cómo defenderse de ese razonamiento. Creo que hay que tener mucho cuidado cuando se condena sobre bases emocionales, la medicina no funciona así. He presenciado audiencias en las cuales los abogados que inician demandadas traen a menores en sillas de rueda o con asistentes terapéuticos, o con respiradores auxiliares para mostrar las secuelas de su enfermedad supuestamente ocasionada por un médico, y por supuesto que conmueven al tribunal, y a todos los presentes, pero el derecho no funciona así, o no debiera funcionar así, no se puede fallar sobre la base de la base emocional del cerebro pues tal contingencia desactiva la base racional, y así llegamos a estos fallos por sumas gigantescas, impagables y que van a originar el colapso económico del sistema privado de salud.

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