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La moneda como síntoma

La moneda de un país es un medio de intercambio económico, pero también representa un síntoma de conflictos y tensiones estructurales dentro de la sociedad. A partir de esa premisa, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) elaboró un indicador que busca medir cómo los argentinos perciben al peso y cómo esta percepción impacta en la confianza institucional, la cohesión social y las expectativas a futuro.

Los resultados de ese trabajo se volcaron en el informe titulado Índice de Confianza Social en la Moneda (ICSM), que se publicó esta semana y que llega a la conclusión que el peso argentino sigue cumpliendo sus funciones operativas en la vida cotidiana, pero no logra consolidarse como una referencia confiable para el ahorro o como símbolo de estabilidad a largo plazo. Esta disociación entre eficacia transaccional y desconfianza estructural, advierten los autores del trabajo, confirma que existe una gran fragilidad del vínculo entre la ciudadanía, el Estado y el futuro compartido.

El Índice de Confianza Social en la Moneda registró una puntuación general de 2,95 sobre 5, lo cual señala un nivel crítico de confianza. Esta cifra, según el informe, revela que, aunque el peso es ampliamente utilizado como medio de pago y unidad de cuenta, su rol como reserva de valor es seriamente cuestionado. La mayoría de los encuestados dijo que desconfía de la capacidad del peso para mantener su valor en el tiempo, lo que limita su utilidad como instrumento de ahorro y planificación a futuro. El problema es que esta percepción se mantiene estable a lo largo del tiempo y se acentúa en momentos de inestabilidad económica, inflación persistente y deterioro institucional.

Una de las contribuciones más originales del informe es la identificación de las formas en que la desconfianza monetaria se traduce en formas más amplias de desconfianza social y política. En ese sentido, el trabajo recuerda que la moneda es una herramienta económica, pero también representa un acuerdo simbólico entre el Estado y la sociedad. Cuando ese acuerdo se rompe, como ocurre con el peso, se debilitan simultáneamente la cohesión social, la legitimidad institucional y la fe en el futuro. El estudio de la Unsam lo demuestra al desglosar tres dimensiones principales de erosión: la cohesión social, la confianza en las instituciones y las expectativas a futuro.

En cuanto a la cohesión social, el informe revela que la pérdida de confianza en el peso se correlaciona con un deterioro de los lazos interpersonales. En otras palabras, disminuye la confianza entre ciudadanos, la disposición a colaborar y la percepción de solidaridad colectiva. Por otra parte, el peso sigue siendo el instrumento que organiza la vida cotidiana, pero no logra articular un sentido compartido del futuro. Es decir, es un instrumento funcional, pero no simbólicamente legitimado.

La segunda dimensión de erosión señalada por el ICSM es la institucional. A medida que se pierde la confianza en la moneda, también cae la confianza en el aparato estatal. Esta desconfianza abarca al gobierno nacional, al Congreso y al sistema judicial, y alimenta una percepción general de fragilidad política y moral. En este marco, la moneda deja de ser un símbolo de soberanía para convertirse en un reflejo de la inestabilidad estructural. Así, la erosión monetaria se convierte en un canal directo de erosión institucional.

La tercera dimensión aborda las expectativas de futuro. El informe advierte que el peso no logra consolidarse como una promesa de estabilidad, ya que la función de "reserva de valor" obtiene una de las puntuaciones más bajas (2,6), lo que refleja una desconfianza extendida respecto al ahorro en moneda nacional. Este escepticismo se traduce en una pérdida de fe tanto en el progreso personal como en el desarrollo colectivo del país.

El estudio también detalla la jerarquía de confianza monetaria entre el peso, el dólar y las criptomonedas. El peso domina en las funciones cotidianas; el dólar concentra la confianza para el ahorro y el largo plazo; y las criptomonedas permanecen en un espacio marginal, asociadas más a la especulación que a la estabilidad. Esta segmentación revela un fenómeno de "monedas por funciones", donde ninguna divisa logra abarcar todos los usos esperados, lo cual refleja un entorno de inestabilidad estructural sostenida.

El informe de la Universidad Nacional de San Martín presenta una radiografía sobre el vínculo de los argentinos con su moneda. La funcionalidad operativa del peso convive con una desconfianza estructural que afecta la economía y erosiona la vida social, las instituciones y el horizonte común.

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