La tecnopolítica que une a Milei, Trump y la inteligencia artificial
Una trama global de poder, tecnología y geopolítica se despliega detrás del proyecto que, según fuentes oficiales, podría convertir al país en un nuevo hub global de inteligencia artificial (IA).

La periodista especializada en tecnologías informáticas Emy Garzón advirtió que detrás de las promesas de innovación y progreso hay un costado inquietante: la explotación de recursos naturales y la injerencia de corporaciones tecnológicas en la política nacional.
El origen del proyecto remite al plan "Stargate" lanzado por Donald Trump, que buscaba unir a gigantes tecnológicos estadounidenses —OpenAI, Oracle, SoftBank— para garantizar la hegemonía de EE.UU. frente al avance de China. En 2024, bajo el programa "OpenAI for Countries", la iniciativa comenzó a expandirse globalmente. En su blog, OpenAI, dirigida por Sam Altman, mencionó a Noruega, Emiratos Árabes y Argentina como potenciales socios estratégicos.
Ese mismo año, Javier Milei viajó a Silicon Valley junto a su asesor Damián Reidel y a Alex Blania, CEO de Worldcoin, la empresa que escanea iris a cambio de criptomonedas. También participó Martín Maa, representante local del proyecto. La visita coincidió con el desembarco de Worldcoin en Argentina, donde más de dos millones de personas, en su mayoría vulnerables, entregaron sus datos biométricos a cambio de dinero.
En este contexto, el "Stargate argentino" se presenta como una segunda fase de esa alianza: la instalación de mega data centers de OpenAI y otras corporaciones. Según los documentos de la compañía, estos centros demandan enormes volúmenes de agua y energía eléctrica, preferiblemente en regiones frías y estables. La Patagonia, con sus condiciones climáticas y su baja densidad poblacional, aparece como el escenario ideal.
Reidel llegó a decir que "el problema de esa región es que está poblada por argentinos", una frase que, más allá de su tono, sintetiza la lógica extractivista de estos proyectos: aprovechar territorios ricos en recursos con poca participación local.
Las dudas crecen también en torno a la supuesta inversión de 25.000 millones de dólares anunciada por Altman. OpenAI no confirmó oficialmente el proyecto, a diferencia de sus acuerdos con Noruega o Emiratos. La propia empresa aclaró que todo estaría a cargo de una firma desconocida llamada Sur Energy, sin historial público ni registros corporativos verificables. Según el comunicado, Sur Energy "liderará la formación de un consorcio" y OpenAI solo "evalúa convertirse en comprador".
Garzón advierte que este tipo de anuncios suelen funcionar como operaciones políticas o financieras más que como inversiones reales. Algo similar ocurrió con la "megainversión" de Hidrógeno Verde o con la granja de bitcoins en Zapala. En paralelo, numerosas multinacionales abandonaron el país durante el gobierno de Milei: P&G, Exxon, HSBC, Mercedes Benz, Telefónica, Makro, Carrefour, entre otras. Lejos de atraer capitales, Argentina enfrenta una fuga constante y una creciente descapitalización.

Incluso ChatGPT, consultado por medios locales, calificó de "ridículo" el monto anunciado. "Los mayores centros de datos del mundo tienen inversiones de entre 1.000 y 5.000 millones de dólares", aclaró el modelo. Además, estos proyectos no generan empleo masivo ni transferencia tecnológica, pues la producción de insumos se concentra en Asia y requieren poca mano de obra local.
A ello se suman los riesgos ambientales. Los data centers consumen grandes cantidades de agua para refrigeración y dependen de energía fósil para sostener su potencia. En regiones con estrés hídrico como la Patagonia, el impacto podría ser crítico. Casos similares ya se registraron: Google fue denunciada en EE.UU. y Microsoft en México por agotar fuentes de agua locales.
Para Garzón, "Stargate no viene a extraer conocimiento, sino recursos naturales". Los mega data centers no representan desarrollo productivo, sino negocios entre privados, amparados por regulaciones flexibles y beneficios fiscales que facilitan la apropiación de bienes comunes.
El economista británico Michael Roberts estima que las grandes tecnológicas —Meta, Amazon, Microsoft, Google y Tesla— ya gastaron más de 560 mil millones de dólares en IA en dos años, con ingresos que no superan los 35 mil millones. Una burbuja especulativa que, según el Deutsche Bank y el Financial Times, podría estallar y arrastrar a la economía estadounidense.
Mientras tanto, Milei promueve un discurso de modernización digital, pero el 46,7% de los argentinos carece de acceso a internet o equipamiento informático, según la Fundación País Abierto y Digital.
La supuesta "puerta al futuro" que promete Stargate podría esconder, en realidad, una nueva forma de dependencia tecnológica. Los datos, la energía y los territorios reemplazan al petróleo como moneda de poder global. Argentina, lejos de ser el "Silicon Valley del sur", corre el riesgo de transformarse en un enclave extractivo digital donde la soberanía tecnológica se negocia a cambio de espejitos de Silicon Valley.
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