Pedalear con responsabilidad
La bicicleta, con más de dos siglos de historia desde su invención en 1818, resurge con fuerza como un medio de transporte eficiente, saludable y económico. Especialmente a partir de la pandemia, su uso se ha incrementado en ciudades como Resistencia, donde las deficiencias del sistema de transporte público y el costo del combustible llevaron a muchas personas a elegir pedalear como forma habitual de movilidad. Pero este crecimiento debe ir acompañado de una mayor conciencia y responsabilidad vial por parte de los ciclistas.
Para garantizar una circulación segura, tanto para quienes se desplazan en bicicleta como para peatones y otros conductores, es fundamental que los ciclistas conozcan y respeten ciertas normas básicas de tránsito. Una de las normas más importantes es que la bicicleta debe circular en la misma dirección que el resto de los vehículos. Ir en contramano no sólo es ilegal, sino que representa un riesgo grave tanto para el ciclista como para los demás usuarios de la vía. Esta norma mejora la previsibilidad de los movimientos y reduce el riesgo de colisiones.
Es importante señalar que los ciclistas están obligados a obedecer las mismas señales y semáforos que los automovilistas. Es decir, no se debe avanzar con el semáforo en rojo, ni ignorar señales de alto, ceda el paso o zonas escolares. Respetar estas indicaciones es esencial para evitar accidentes y promover una convivencia armónica en el espacio público.
El casco es un elemento de protección indispensable. Debe estar homologado y correctamente ajustado para brindar la seguridad necesaria ante una posible caída o impacto. Al igual que los automóviles indican con luces sus giros, los ciclistas deben señalizar sus maniobras con el brazo o la mano. Antes de doblar o cambiar de carril, extender el brazo hacia el lado correspondiente permite advertir a los demás usuarios de la vía y evitar movimientos sorpresivos que puedan generar accidentes. Cuando existan ciclovías o carriles exclusivos, estos deben ser utilizados. Además de ser espacios más seguros para los ciclistas, su uso reduce el conflicto con vehículos motorizados y ordena el tránsito urbano.
Es fundamental que el ciclista sea visible, especialmente en horarios nocturnos o en condiciones de baja luminosidad. Por eso se recomienda usar ropa de colores vivos y elementos reflectantes, así como asegurarse de que la bicicleta cuente con luces delanteras (blancas) y traseras (rojas), y si es posible que lleve algún material reflectante.
No está de más recordar que el uso de auriculares o teléfonos móviles mientras se pedalea representa un gran peligro, porque limita la capacidad de reacción y reduce la percepción del entorno. Para una conducción segura, ambas manos deben estar en el manubrio, con los dedos cerca de los frenos, y toda la atención debe estar puesta en el camino. El ciclista, además, debe tener en cuenta que los peatones tienen prioridad en cruces y sendas peatonales.
Otro aspecto importante es que una bicicleta en buen estado es una bicicleta más segura. Es necesario revisar periódicamente el sistema de frenos, la presión de los neumáticos, el estado de la cadena y las luces. Cualquier desperfecto puede poner en riesgo la integridad del ciclista. Se debe recordar que solo se puede llevar a otra persona si la bicicleta está diseñada para ello. Un adulto puede transportar a un niño en un asiento especialmente acondicionado y seguro, pero no se debe llevar a nadie sentado en el manubrio, parado en los ejes o en posiciones improvisadas.
En las principales ciudades de la provincia se puede observar en muchas oportunidades que los ciclistas pasan muy cerca de los vehículos estacionados. En ese sentido, se recomienda mantener al menos 1,5 metros de distancia de los autos estacionados para evitar accidentes con puertas que se abren de forma inesperada.
El uso responsable de la bicicleta requiere, por parte del usuario, de un compromiso con las normas de tránsito y tener una actitud defensiva y atenta en cada recorrido. Los ciclistas deben proteger su propia integridad, pero también contribuir a una convivencia respetuosa y segura con peatones, conductores y otros ciclistas. Respetar estas reglas reduce el riesgo de accidentes y contribuye a consolidar el rol de la bicicleta como una solución efectiva para los desafíos de movilidad urbana.










