Divididos, rock y mucho más en una memorable noche en el Cocomarola
Con un show de más de dos horas, Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella volvieron a deslumbrar al público de la región. Con un repertorio que combinó canciones clásicas con las creaciones más nuevas; y el inconmensurable aporte del conjunto de chamamé Tajy, la velada transcurrió entre riffs, solos de guitarra y sapucay.
La noche del sábado en el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola tuvo todo lo que un fanático del rock podía esperar y un poco más. Divididos, el legendario power trío comandado por Ricardo Mollo, ofreció un show de más de dos horas y media que combinó virtuosismo, emoción y una sorprendente apertura a la fusión de géneros. Con más de 4.000 personas en el predio —aunque sin llegar a colmarse—, la banda reafirmó su estrecho lazo con el nordeste, región que los recibe una y otra vez con el mismo fervor.

UN ENCUENTRO CON HISTORIA
Divididos comenzó su presentación pasadas las 22:15, y tocó hasta bien entrada la medianoche del domingo. Desde el primer acorde, la comunión con el público fue total. Mollo, Arnedo y Ciavarella demostraron una vez más que los años no hacen mella en su potencia ni en su precisión. "Ir a ver a Divididos es como comprarse un boleto al disfrute asegurado", decía uno de los asistentes, en un resumen perfecto de la jornada.
Divididos en Corrientes
El repertorio fue una travesía por distintas etapas del grupo: desde los clásicos como "Sábado" hasta los más recientes como "Buscando un ángel". "El 38", "Salir a comprar" y "Nene de antes"; desataron los pogos más intensos, mientras que las versiones de "Viejos vinagres" y el homenaje a Sandro con "Tengo" conectaron generaciones y estilos, reafirmando la vigencia de una banda que nunca deja de reinventarse.

VIRTUOSISMO INTACTO Y ENERGÍA EN ESTADO PURO
El trío mostró su clásico equilibrio entre crudeza y precisión. Cada integrante tuvo su momento de brillo: Catriel desplegó un solo de batería que se extendió por más de diez minutos, ganándose una ovación general; Arnedo, con su bajo inconfundible, tuvo su propio espacio de lucimiento, e incluso se animó a intercambiar instrumentos con el baterista para "El Burrito". Mollo, por su parte, entregó riffs memorables y esa mezcla de ternura y potencia que lo caracteriza, aunque esta vez dejó guardada la zapatilla con la que suele rendir tributo a Jimi Hendrix en "Voodoo Child".
Divididos en Corrientes
UN PÚBLICO DIVERSO Y UNA ORGANIZACIÓN EJEMPLAR
El público, como suele ocurrir en los recitales de Divididos, fue heterogéneo y marcadamente intergeneracional. Familias enteras compartieron la velada: padres e hijos, jóvenes y adultos, todos unidos por el mismo pulso rockero. La temperatura templada —entre 22 y 24 grados— acompañó una noche ideal para disfrutar al aire libre.
La organización del evento fue destacable. El acceso y la salida del anfiteatro se desarrollaron sin inconvenientes, con buena disposición de los puestos de cantina e hidratación. Los precios se mantuvieron razonables y el servicio fue ágil, algo que los asistentes valoraron especialmente.
CHAMAMÉ, SAPUCAY Y FUSIÓN
El momento más emotivo y sorprendente de la noche llegó con la participación del trío correntino Tajy, cuya propuesta de chamamé con aire contemporáneo se integró a la perfección con el universo sonoro de Divididos. Juntos interpretaron dos versiones inolvidables de "Spaghetti del Rock" y "Par Mil", con acordeón y guitarra acústica aportando matices nuevos a esas canciones emblemáticas. El público respondió con entusiasmo, reconociendo el talento y la osadía de la fusión.
Divididos en Corrientes: Par Mil
Pero no fue la única incursión chamamecera. El acordeonista Tati Ramírez subió al escenario para sumarse a una versión vibrante de "El Toro", que desató sapucay y zapateos entre los presentes, transformando por unos minutos el Cocomarola en una pequeña Fiesta Nacional del Chamamé.

MADURA COMO EL BUEN VINO
Cada presentación de Divididos confirma que el grupo sigue creciendo, explorando y dialogando con otros lenguajes sin perder su esencia. Lejos de repetirse, la banda parece nutrirse del paso del tiempo: "como las bebidas mejor elaboradas —decía un espectador al salir—, con los años se vuelven más profundas y sabrosas".

En Corrientes, esa noche quedó claro que el idilio entre Mollo, Arnedo y Catriel con el público litoraleño sigue intacto. Y que, mientras exista esa química sobre el escenario, Divididos seguirá siendo mucho más que una banda de rock: será un punto de encuentro entre generaciones, estilos y emociones.
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