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Factores que provocan pérdida de alimentos

Mientras millones de personas en el mundo padecen inseguridad alimentaria, alrededor de un tercio de los alimentos producidos anualmente se pierden o se desperdician. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la agencia de la ONU cuyo objetivo es erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria a nivel global, es necesario comprender las causas de este fenómeno en las distintas etapas de la cadena de suministro para diseñar estrategias efectivas según el contexto económico de cada país.

Quienes estudiaron este problema observan que la pérdida de alimentos se produce en las etapas previas a la venta al por menor, principalmente en la producción, la cosecha y el almacenamiento. Señalan también que, en el caso de la producción agrícola, fenómenos climáticos como sequías o lluvias intensas, así como malas prácticas agrícolas, generan pérdidas considerables. Por ejemplo, cosechas prematuras o el daño de cultivos durante la recolección disminuyen el valor comercial de los productos. Además, la sobreproducción como medida preventiva frente a eventuales problemas de abastecimiento genera excedentes innecesarios que no llegan al mercado. Por otro lado, una causa común tanto en la producción como en la comercialización es el rechazo de alimentos que no cumplen con criterios estéticos, como forma o tamaño, a pesar de ser completamente aptos para el consumo.

Advierten, además, que muchas veces ocurre que después de las cosechas, las deficiencias en el manejo, el almacenamiento y el transporte aumentan el problema. Por ejemplo, la falta de control de temperatura y humedad, embalajes inadecuados y cortes en la cadena de frío provocan que productos perecederos se deterioren rápidamente. A ello se suman errores de logística y de gestión de inventarios que impiden que los alimentos lleguen a tiempo a los puntos de venta.

En la etapa de distribución y venta minorista, en tanto, se observa que las producciones excesivas que no se ajustan a la demanda real, las regulaciones sanitarias estrictas y retrasos en el transporte generan descartes innecesarios. En el eslabón final de la cadena, sucede que tanto en hogares como en servicios de alimentación, el desperdicio se puede incrementar por una mala planificación de compras, almacenamiento deficiente en los hogares y el rechazo de alimentos por cuestiones de apariencia, aun cuando se encuentran en buen estado.

Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, se estima que si se pudiera rescatar la totalidad de alimentos actualmente desperdiciados en todo el mundo, sería posible alimentar a cerca de 2000 millones de personas. A nivel ambiental, la descomposición de estos alimentos en basureros libera gases de efecto invernadero, contribuyendo al calentamiento global. Además, el uso innecesario de agua, suelo y energía para producir alimentos que no serán consumidos representa un costo ambiental y económico injustificable.

Según la FAO, las estrategias para reducir la pérdida y el desperdicio deben adaptarse a las realidades de cada país. En países de bajos ingresos, donde el problema se concentra principalmente en las primeras etapas de la cadena de suministro, las intervenciones más efectivas son aquellas que fortalecen las capacidades de los pequeños agricultores. Mejoras en las técnicas de cultivo, acceso a tecnologías de conservación y cadenas logísticas más eficientes permiten evitar pérdidas antes de que los productos lleguen al mercado. Estas medidas permiten aumentar la disponibilidad de alimentos, mejorar los ingresos de las familias rurales y la autosuficiencia alimentaria.

En cambio, en países de ingresos medios y altos, donde el desperdicio ocurre mayoritariamente en el comercio minorista y el consumo doméstico, las soluciones deben centrarse en la educación del consumidor, la planificación del consumo y la promoción de buenas prácticas en la compra y el almacenamiento. Campañas de concientización, etiquetado más claro de fechas de vencimiento y estímulos para la compra de productos "imperfectos" también pueden tener un impacto importante.

Un párrafo aparte merece el trabajo de los bancos de alimentos, que desempeñan un rol fundamental. Estas organizaciones funcionan como intermediarios entre los excedentes alimentarios del sistema productivo y las personas en situación de vulnerabilidad. A través del rescate y redistribución de alimentos aptos para el consumo, pero excluidos del circuito comercial, combaten el desperdicio, ayudan a aliviar la pobreza y reducen la inseguridad alimentaria. Además, su labor contribuye a bajar la presión ambiental del sistema alimentario, ya que disminuyen las emisiones de gases asociadas a la descomposición de residuos orgánicos.

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