Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°
A 47 años de la muerte de Juan Pablo I

33 días, finanzas turbias y un misterio sin cerrar

El 29 de septiembre de 1978, el Vaticano amaneció con la noticia que sacudiría a la Iglesia y al mundo: Juan Pablo I, el "Papa de la sonrisa", había muerto en sus aposentos.

papaJPIb.jpg

   Albino Luciani tenía 65 años y su muerte repentina fue atribuida oficialmente a un infarto de miocardio. Pero las contradicciones, el ocultamiento de detalles y, sobre todo, las conexiones con los escándalos financieros del Vaticano, alimentaron la sospecha de un crimen silencioso en el corazón de Roma.

   El primer desconcierto llegó con la versión oficial. El Vaticano aseguró que su secretario personal había hallado el cuerpo, aunque luego se supo que fueron dos religiosas quienes lo encontraron en la madrugada, con las gafas puestas y papeles en el regazo, como si hubiese quedado dormido leyendo. Para evitar rumores "indecorosos" sobre la presencia de monjas en la recámara papal, la Santa Sede prefirió falsear los hechos. La decisión, junto con la negativa a practicar una autopsia, desató una oleada de sospechas que nunca se disiparon.

El telón de fondo: dinero, bancos y mafia

   Lo que hizo de la muerte de Luciani un caso explosivo no fueron tanto los síntomas médicos como las batallas financieras que enfrentaba. Desde su etapa como patriarca de Venecia había mostrado recelo ante ciertas operaciones del Banco Vaticano, entonces bajo el control del arzobispo estadounidense Paul Marcinkus. Entre ellas figuraba la venta de la Banca Católica del Veneto al Banco Ambrosiano de Roberto Calvi, conocido como "el banquero de Dios".

   En 1978 el Banco de Italia ya investigaba maniobras irregulares en el Ambrosiano: transferencias opacas, desvío de fondos a paraísos fiscales y vínculos con empresarios, políticos, logias masónicas y la mafia siciliana. La logia P2, dirigida por Licio Gelli, funcionaba como puente entre esos mundos. El nombre de Marcinkus aparecía asociado a estas operaciones, y Luciani, recién electo Papa, habría considerado desplazarlo. Su interés en sanear las cuentas vaticanas lo colocaba en la línea de fuego.

   El escenario era propicio para la especulación. Cuatro años después, el Ambrosiano colapsaría en un escándalo monumental: quiebras multimillonarias, conexiones con la Cosa Nostra y, como símbolo, el cadáver de Calvi apareciendo colgado bajo un puente de Londres. Con semejante telón de fondo, la idea de que Juan Pablo I fuera eliminado para frenar reformas incómodas adquirió fuerza.

Teorías y confesiones

   En 1984 el periodista David Yallop publicó "En el nombre de Dios", donde acusó a Marcinkus, Villot y otros jerarcas de conspirar para envenenar al Papa con digitalina. Señalaba como instigador a Gelli, jefe de la P2. El libro vendió millones de ejemplares y fijó en la opinión pública la idea de un asesinato mafioso.

   Décadas más tarde, el gangster italoamericano Anthony Raimondi fue aún más explícito: aseguró que participó en el plan para envenenar al Papa con té adulterado, a pedido de Marcinkus. Según Raimondi, Luciani había descubierto las conexiones del Vaticano con el blanqueo de dinero y el tráfico ilícito. Su silencio, afirmó, le hubiera garantizado un papado largo.

   El Vaticano, por su parte, impulsó la obra de John Cornwell, que retrató a Luciani como un hombre frágil y sin intención real de enfrentarse a la curia financiera. Para Cornwell, la muerte fue natural, aunque facilitada por negligencias. Pero el descrédito de su versión entre críticos y observadores hizo que no disipara las dudas.

   Otros investigadores, como el sacerdote Jesús López Sáez y el ensayista Eric Frattini, retomaron la hipótesis del envenenamiento, señalando irregularidades médicas y administrativas: la falta de controles, la supuesta receta telefónica de medicamentos y la extraña retirada de vigilancia en la noche fatal.

El origen humilde y la sombra familiar

   Luciani había nacido en una familia pobre del Véneto. Su padre, Giovanni Luciani, pasó un tiempo en la Argentina trabajando como albañil antes de regresar a Italia. La precariedad y las pérdidas tempranas marcaron a la familia: varios de los hermanos de Albino murieron en la infancia y él mismo nació con el cordón umbilical enredado en el cuello, en condiciones de riesgo vital. Su madre contaba que debió llevarlo en repetidas ocasiones al médico para evitar que se debilitara.

   Este trasfondo de fragilidad física, unido a un historial familiar de muertes prematuras, fue usado por sectores del Vaticano para explicar el desenlace de 1978 como un evento natural. Sin embargo, la falta de autopsia, el contexto financiero y la aparición posterior de vínculos probados entre el Banco Vaticano, el Ambrosiano, la mafia y la P2, mantienen viva la sospecha de que el Papa de los 33 días fue víctima de una operación criminal.

Un legado entre la sonrisa y la sospecha

   Juan Pablo I fue recordado por su sencillez y cercanía, por renunciar al "nos" papal y hablar en primera persona, por su estilo cálido en un Vaticano rígido. Sin embargo, su breve pontificado quedó opacado por las sospechas alrededor de su muerte.

   Beatificado en 2022 por el Papa Francisco, su figura sigue dividiendo aguas: para algunos, un pastor que murió por causas naturales en un momento de sobrecarga; para otros, un mártir que pagó con la vida su intención de limpiar las finanzas de la Iglesia y cortar los vínculos con la mafia.

   A 47 años de aquella noche, la verdad permanece atrapada entre archivos cerrados y confesiones interesadas. Lo único indiscutible es que, con la muerte de Juan Pablo I, el Vaticano perdió no solo un Papa sonriente, sino también la oportunidad de esclarecer las zonas más oscuras de su entramado financiero.

Temas en esta nota

Notas relacionadas
Más de Juan Pablo I+ Ver todas
Te puede interesar