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A 47 años de su muerte

Juan Pablo I: 33 días, finanzas turbias y un misterio sin cerrar

El 29 de septiembre de 1978, el Vaticano amaneció con una noticia inesperada para el mundo: el "Papa de la sonrisa" había muerto.

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A 47 años de su muerte, las sospechas de asesinato son más fuertes que el primer día.

Albino Luciani tenía 65 años y su muerte fue atribuida oficialmente a un infarto de miocardio. Pero las contradicciones, el ocultamiento de detalles y, sobre todo, las conexiones con escándalos financieros del Vaticano, alimentaron la sospecha de un crimen. El primer desconcierto llegó con la versión oficial. El Vaticano aseguró que su secretario personal halló el cuerpo, aunque luego se supo que fueron dos religiosas quienes lo encontraron en la madrugada, con las gafas puestas y papeles en el regazo, como si se hubiese quedado dormido leyendo. Para evitar rumores "indecorosos" sobre la presencia de monjas allí a esas horas, la Santa Sede prefirió falsear los hechos. Luego, la negativa a practicar una autopsia desató una oleada de sospechas que nunca se disiparon.

EL TELÓN DE FONDO: DINERO, BANCOS Y MAFIA

Lo que hizo de la muerte de Luciani un caso explosivo no fueron tanto los síntomas médicos como las batallas financieras que enfrentaba. Desde su etapa como patriarca de Venecia se había opuesto a ciertas operaciones del Banco Vaticano, entonces bajo control del arzobispo estadounidense Paul Marcinkus. Entre ellas, la venta de la Banca Católica del Veneto al Banco Ambrosiano de Roberto Calvi, "el banquero de Dios". En 1978 el Banco de Italia ya investigaba maniobras irregulares en el Ambrosiano: transferencias opacas, desvío de fondos a paraísos fiscales y vínculos con empresarios, políticos, logias masónicas y mafia siciliana. La P2, dirigida por Licio Gelli, era puente entre esos mundos. El nombre de Marcinkus estaba asociado a esas operaciones, y Luciani, recién electo, consideraba desplazarlo. Su interés en sanear las cuentas vaticanas lo colocaba en la línea de fuego. Cuatro años después, el Ambrosiano colapsaría en un escándalo monumental: quiebras multimillonarias, conexiones con la Cosa Nostra y, como símbolo, el cadáver de Calvi colgado bajo un puente de Londres. Con semejante telón de fondo, la idea de que Juan Pablo I fuera eliminado para frenar cambios incómodos adquirió fuerza.

En 1984 el periodista David Yallop publicó "En el nombre de Dios", donde acusó a Marcinkus, Villot y otros jerarcas de conspirar para envenenar al Papa. Señalaba como instigador a Gelli, jefe de la P2. El libro vendió millones de ejemplares y fijó en la opinión pública la idea del asesinato mafioso. Décadas más tarde, el gangster italoamericano Anthony Raimondi fue más explícito: aseguró que participó en el plan para envenenar al Papa con té adulterado, a pedido de Marcinkus. Según Raimondi, Luciani descubrió las conexiones del Vaticano con el blanqueo de dinero ilícito. Su silencio, afirmó, le hubiera garantizado un papado largo. El Vaticano impulsó la obra de John Cornwell, que retrató a Luciani como un hombre frágil y sin intención real de enfrentarse a la curia financiera. Para Cornwell, la muerte fue natural, aunque facilitada por negligencias. Pero su versión no disipó las sospechas. Otros investigadores, como el sacerdote Jesús López Sáez y el ensayista Eric Frattini, señalando irregularidades médicas y administrativas: falta de controles, receta telefónica de medicamentos y extraña retirada de vigilancia en la noche fatal. Luciani había nacido en una familia pobre del Véneto. Su padre, Giovanni Luciani, trabajó un tiempo en la Argentina como albañil antes de volver a Italia. La precariedad y las pérdidas tempranas marcaron a la familia: varios hermanos de Albino murieron en la infancia y él mismo nació con el cordón umbilical enredado en el cuello. Este trasfondo de fragilidad física, y el historial familiar de muertes prematuras fue usado por el Vaticano para explicar el desenlace de 1978 como un evento "natural". Pero la falta de autopsia, el contexto financiero y la aparición de vínculos probados entre el Banco Vaticano, el Ambrosiano, la mafia y la P2, mantienen viva la sospecha de que fue víctima de una operación criminal.

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