"En la montaña descubrí que las mujeres no necesitamos que nadie nos proteja"
Correr dos maratones diarios durante casi dos semanas parece una hazaña imposible. Para la ultracorredora brasileña Fernanda Maciel, de 45 años, es apenas la manera de conectarse con la naturaleza, consigo misma y con los límites de su cuerpo.

En julio completó la travesía del Pirineo por la GR-11: 800 kilómetros y 40.000 metros de desnivel positivo entre el cabo Higuer (Cantábrico) y el cabo de Creus (Mediterráneo). Lo hizo en 12 días y 12 horas, en autosuficiencia, cargando apenas una mochila de cinco kilos.
"El mayor estrés era estar tan sola, perdida... y sin hablar", confiesa. Su aventura, registrada con una cámara Go-Pro para el documental "TALA | The North Face", muestra el desgaste físico y emocional de un reto que combina sufrimiento, alucinaciones y una intensidad vital que pocos experimentan.
La soledad y el miedo
Maciel partía cada jornada a las dos de la madrugada. Dormía en refugios cuando los encontraba abiertos, o directamente sobre el suelo con una manta térmica. La ola de calor que atravesó la cordillera en esas fechas la obligó a redoblar esfuerzos. "Tuve muchas alucinaciones. Una noche creí ver un pueblo y eran ojos de ovejas. En otra ocasión me lancé a un río pensando que era el camino", recuerda.
Ser mujer en medio de esa soledad aumentaba la tensión: "Me daba apuro que me vieran sola. Sentí miedo alguna noche. Pero también descubrí que no necesitamos que nadie nos proteja: somos capaces de ir solas a todas partes".
Correr para pensar más claro
Lejos de ver estas pruebas como un mero ejercicio físico, la brasileña las define como un viaje interior: "Después de un ultramaratón pienso más claro y me conecto mejor con el aquí y el ahora. En mi cerebro noto neuroplasticidad". La montaña, asegura, la obliga a estar presente en cada paso.
Su vida ha estado ligada al esfuerzo desde la infancia. A los ocho años ya competía en carreras de montaña. Ha ganado la Everest Trail Race en Nepal (2013), establecido récords de velocidad en el Aconcagua (2016) y en el monte Vinson en la Antártida (2022), y ahora suma la marca femenina más rápida en la Transpirenaica en autosuficiencia.

Mujeres y resistencia
Maciel reivindica un modo distinto de afrontar el ultrafondo: "Las mujeres sabemos cuidarnos mejor; prestamos atención a los pies, a la piel, a la alimentación. Y acumulamos más grasa, que es una gran reserva de energía en pruebas largas".
También destaca la madurez como aliada. A sus 45 años siente que corre con otra perspectiva: "Con los años pierdes potencia, pero ganas en madurez. Mis 45 son buenos para ultracorrer".
Pirineos frente a Alpes
Aunque vive en Chamonix, la meca del alpinismo, confiesa su preferencia por la cordillera pirenaica: "Los Pirineos son más salvajes, más solitarios. En los Alpes pasan tres helicópteros por minuto. Aquí me siento libre".
No todo es planificación. En su aventura pirenaica el plan A se vino abajo en apenas dos días: "Tenía calambres en brazos, piernas, cuello y diafragma. Fue imposible seguirlo. Así que improvisé, y sobreviví con bocadillos de refugio durante una semana".
Más allá del sofá
Su relato interpela a quienes la observan desde la comodidad del hogar: "Hay vida más allá del sofá", recuerda entre risas. Y añade: "Cuando estoy en la montaña siento una explosión, un fuego interno. No puedo evitar expresar esfuerzo y velocidad".
Maciel no niega que algún día se acerque al "slow mountain", pero por ahora prefiere la intensidad, el sufrimiento y el descubrimiento personal que implican estas pruebas. Porque, como insiste, "corriendo me acerco más a mis límites como mujer y como persona".
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