La recesión frena aumentos de alimentos y bebidas, pese a la presión cambiaria
Los empresarios aseguran que la volatilidad del dólar no impactó en las listas de precios de las fábricas, más allá de los leves repuntes registrados en la harina o el aceite.
La tercera semana de septiembre volvió a encender las alarmas sobre la dinámica inflacionaria. Consultoras privadas como LCG registraron un "recalentamiento" de los precios de alimentos y bebidas, con subas destacadas en panificados y lácteos, mientras que Analytica y Equilibra también advirtieron un leve repunte en el índice semanal. Sin embargo, en el terreno mayorista y minorista la realidad muestra matices.

Empresarios chaqueños vinculados a la comercialización de productos de consumo masivo sostienen que la recesión y la demanda deprimida actúan como contención para que las listas de precios no se disparen, aun en un contexto de fuerte volatilidad cambiaria y aumento de costos de insumos claves.
TERMÓMETRO MAYORISTA
Sergio Saidman, referente del sector mayorista de alimentos y bebidas, explicó a NORTE que los aumentos en las últimas semanas fueron acotados. "No hubo la locura que se vivió con el dólar. En nuestro caso prácticamente no tocamos los precios. Lo poco que se movió fue el aceite, con ajustes entre el uno y el dos por ciento", señaló. Según su análisis, el movimiento del dólar de los últimos días tuvo un impacto financiero inmediato, pero no se trasladó con la misma intensidad al comercio.
Saidman subrayó que "la demanda deprimida" limita cualquier margen de ajuste. "No hay poder adquisitivo para convalidar aumentos. Una firma que sube sus precios corre el riesgo de ver caer sus ventas. Por eso las remarcaciones son mínimas y selectivas", explicó. En ese sentido, indicó que la estabilidad en el consumo está dada en niveles bajos: "La demanda es estable, aunque en un piso más bajo que años anteriores. Tal vez caiga dos o tres puntos este mes, pero no mucho más. Lo que se observa es un corrimiento hacia productos imprescindibles y segundas marcas".
SUBAS FOCALIZADAS
El panorama descrito por Miguel Simons, extitular de la cámara de supermercadistas del Chaco, coincide en gran medida con el diagnóstico de Saidman. "Se notan algunos pequeños aumentos, en torno a 3%, pero no reflejan todavía la magnitud de la suba del dólar. La estabilidad se explica por la recesión. No hay ventas, y la empresa que aumenta precios se pega un tiro en el pie", graficó.

Simons advirtió, sin embargo, que ciertos insumos comenzaron a encarecerse con mayor fuerza. "La harina subió de $11.500 a $14.000 la bolsa de 25 kilos en pocas semanas. Eso impacta en panaderías y en productos derivados, aunque el traslado es limitado porque no hay margen para subir demasiado el pan o las facturas", describió. También apuntó al aceite, que se mantiene en niveles altos: "No baja de los $2000 la botella, con precios que llegan a $2400 o $2500 en góndola".
LA RECESIÓN COMO ANCLA
Ambos empresarios coinciden en que la recesión cumple un rol central en el freno de los aumentos. "Hoy no hay consumo en barrios, solo en sectores muy puntuales del centro. Los supermercados ofrecen productos con vencimiento corto a precios especiales porque ya no hay recambio de mercadería como antes. Esto refleja la dificultad para vender en un contexto de bolsillos flacos", detalló Simons.
Saidman, por su parte, afirmó que "no hay reacción posible de la demanda frente a aumentos bruscos" y que muchas empresas recurren a estrategias de marketing con segundas marcas para sostener volúmenes. "A veces se trata del mismo producto, solo con diferente etiqueta, pero a precios más bajos", graficó.
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