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Memorias de Resistencia

Recordando a Juancito García, el caminante

Guitarrista, intérprete y cantor chaqueño.

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Juan García es un guitarrista, intérprete y cantor chaqueño, nacido en Resistencia, Chaco. Ciego de nacimiento, aprendió con su intuición luminosa a conocer la guitarra con las pupilas de sus yemas y la guía de su mente.

A fines de los 60 y en los 70 escuchábamos en el éter de la vieja LT5 Radio Chaco y en la pantalla de Canal 9 a ese gran cantante que con su ceguera a cuestas nos iluminaba con dulces melodías.

Fue un adolescente de melódica inspiración musical, dotado de un registro de tenorino y una digitación dúctil en el roce de las cuerdas. Se convirtió, merced a su talento y a su madre que lo acompañó en su búsqueda, en un artista de color propio. La mitad de su existencia transcurrió en su tierra natal.

Decía de él Bosquín Ortega, con su fina descripción: "Sentado en la flor de su noche, la corola de metacarpos ilumina con pupilas digitales 
el enigma intuido del horizonte". Girasoles inversos, sus oídos, radares crecientes, captan el sentido vibrante que fricciona la cuerda del instinto, atraen la sonora fosforescencia que emite la frecuencia del misterio y recibe la célula de su nervio cósmico. Juancito García es la alquimia melódica de su abierto caracol acústico. Transcurre, levitante en su niño antiguo, suspenso de la nave quieta del jardín, calle García Merou, esquina de la vigilia".

Y continuaba el relato: "Con las velas invictas de su arpegio al tope del mástil del diapasón, atalaya de su alma que atisba la clave de las estrellas que brillan (mientras suenan) en su mente. Brújula su corazón, late entre los ojos. La música desgarra su eclipse absorto y sangra melodías, nostalgia de la infancia". 
"Arde su lágrima sonora: zorzal incandescente, anega la temprana herida de su claridad. Canta y resucita su cicatriz en la epifanía de la guitarra. Vive de su fulgor, pan de fuego que purifica su alabanza de inocencia suspendida. Que traducen sus manos sobre el palimpsesto de una canción infinita. Sentado en la flor de su noche, la guitarra es cotiledón que conecta al pacto de las raíces y de los astros. Homérico y extático, los ríos de sus dedos emiten la cadencia de una nostalgia solar. Dios le ha puesto pupilas en las yemas para entender el destino de la luz". 
Juan ha nacido para discernir su sombra de la tiniebla. Canta para celebrar el combate radiante.

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