Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°
30 de agosto: día de la cultura del Chaco

De bagres y fogones: el despertar de la cultura chaqueña

El movimiento cultural del Chaco tuvo como pilares fundacionales a dos instituciones señeras, la Peña de los Bagres y el Ateneo del Chaco.

El viernes 10 de julio de 1936, en la Exposición de la Sociedad Rural del Chaco, fueron distinguidos los cuadros de Alfredo Pértile. Con ese motivo, el doctor Alberto Torres invitó a cenar en el "Chanta Cuatro" a Julio César Vergottini —autor de las placas de bronce del mástil mayor— y al propio Pértile. La velada resultó tan agradable que Vergottini propuso repetir los encuentros cada jueves en el mismo lugar, idea que fue aceptada de inmediato.

Día de la cultura del chaco foto 2.jpg

Para concretar la propuesta de Vergottini, se sumaron Gaspar L. Benavento y Juan de Dios Mena, mientras que Torres convocó a Denier. Así, el jueves 16 de julio de 1936, Torres, Vergottini, Benavento, Mena, Denier y Pértile cenaron juntos en el "Chanta Cuatro". En una de esas reuniones, que comenzaron a multiplicarse con un creciente número de asistentes, Mena expresó: "Somos unos bagres". La ocurrencia fue respaldada "científicamente" por Denier, celebrada por los demás y dio origen al nombre del grupo: La Peña de los Bagres.

Ateneo del Chaco.JPG

La Peña de los Bagres fue una agrupación de carácter informal, un verdadero faro en un ambiente en exceso materialista, cuyo accionar dejó huellas profundas y abrió caminos hacia nuevos horizontes. Bajo el signo del humor, la ironía y la inteligencia, los encuentros se realizaban en el hospitalario Chanta Cuatro. En un pequeño salón adornado con cuadros de diversos estilos —incluidos algunos grotescos de Mena—, los artistas visitantes solían dejar obras como muestra de gratitud por la charla y la amena compañía.

En un recorte periodístico hallado en un cuaderno de Juan de Dios Mena se lee: "La levadura espiritual de estos hombres es la que anula la semblanza espiritual de los pueblos que solamente comen, beben y duermen".

La Peña se convirtió en un punto de encuentro de profesionales, escritores, artistas y de todos aquellos con inquietudes "por las cosas del espíritu", hasta que de su seno nació, en 1938, el Ateneo del Chaco. Este fue considerado el primer movimiento cultural orgánico y de proyección nacional del Territorio. En sus inicios, las reuniones se realizaban en el Salón Chantecler del Hotel Savoy, para luego establecerse en Santa María de Oro 170, donde antes había funcionado el Club Social. Su primer presidente fue el doctor Alberto Torres y el secretario, Efraín Boglietti.

2a007a6f-fb9d-4d24-beea-461e914056d9.jfif

El 30 de agosto de 1938 marcó el nacimiento formal del Ateneo del Chaco, fecha que se recuerda como Día de la Cultura Chaqueña. La decisión de fundarlo surgió del grupo integrado por Alberto Torres, Horacio Riveros Sosa, Efraín Boglietti, Gaspar Benavento y Juan de Dios Mena, entre otros. Según Guido Miranda, fueron la "Generación Dorada del 37" y los continuadores de la mítica Peña de los Bagres.

El Ateneo del Chaco se constituyó como la representación del espíritu artístico y científico en el entonces Territorio Nacional del Chaco. En el primer acto público, Torres lo definió así:"El Ateneo del Chaco se presenta a ocupar un terreno baldío y se lanza a la búsqueda del paisaje chaqueño, dividido en dos grandes secciones: una de artes y otra de ciencias, con valores positivos como supervisores en cada una de ellas. Para que ‘hacer Chaco’ no sea la expresión de un acto fenicio o una intención sin contenido, será indispensable que se busque la manera de sostener a los artistas y a los hombres de ciencia, los únicos que ensanchan el horizonte, le dan contenido, lo pueblan de héroes, de leyendas, de santos".

A esta institución fundamental para la cultura chaqueña la sucedió en el tiempo el Fogón de los Arrieros, que moldeó y dio forma a nuestra identidad cultural. Contaba Moisés Penchasky —según lo relatado por Aldo— que cuando su hermano Efraín se casó con Bocha Urdapilleta, Aldo se mudó a una casa contigua a la farmacia de Carlos Marpegán. Poco después invitó a compartir la vivienda a Juan de Dios Mena, con quien mantenía una entrañable amistad.

Club Social.jpg

Mena ya había publicado Virolas y otras chafalonías e incursionado en la pintura, aunque alcanzaría gran reconocimiento por los "tapes" y los muñecos de curupí. Ni él ni Aldo respondían al perfil clásico de un intelectual: Mena era un artista de intuición y vocación, mientras que Aldo era un espíritu luminoso, auténtico y transparente.

Aldo Penchasky fue un creador de diversiones y alegrías, siempre pensadas para sus amigos y quienes lo rodeaban. Su simpatía era tal que bastaba un apretón de manos para sellar una amistad. Disfrutaba profundamente de la alegría de los demás y dedicaba su vida a generar momentos de esparcimiento. Planeaba de manera incesante lo que llamaba una "joda", destinada a provocar la risa y el disfrute colectivo.

De ese espíritu nació el Fogón de los Arrieros, un lugar emblemático de Resistencia que hoy constituye motivo de orgullo. Allí, cada habitué se siente un poco dueño del espacio y con la dicha de estar como en casa.

Con fundamento histórico y cultural, los resistencianos podemos afirmar con orgullo que Resistencia es la Capital Nacional de la Cultura.

Más de Juan de Dios Mena+ Ver todas
Te puede interesar