Juan Alberto "Polo" García

Polo, para los amigos, nació en General Pinedo (Chaco) el 17 de noviembre de 1931, como paradoja del destino el Día de la Construcción. Precisamente porque la construcción fue uno de sus pilares en la vida, por herencia y por descendencia. Su padre Pedro García Guerra oriundo de Canarias (España) había llegado a la Argentina cuando todavía era un niño y se afincó definitivamente en su juventud en General Pinedo, de muy chico abrazó la profesión de albañil, terminando en su largo camino como constructor.
En sus años mozos se casó con Soledad Cardozo, una quinceañera llegada de Santiago del Estero, y de esta relación nacieron trece hijos. Juan Alberto fue el primer hijo varón y el heredero principal de la profesión de su padre, la cual fue compartida con sus hermanos varones Humberto El Gaita, Pedro Perico, y Néstor Amado Tito, el arquitecto. Con ellos compartió la empresa constructora más importante del Chaco y seguramente del norte del país, Juan Alberto García Construcciones, hacedora de innumerables emprendimientos constructivos.
Su eterna compañera de toda la vida fue Rosa, así de simple como su vida, a quien los unía un amor incondicional. De esta relación nacieron tres hijos que continúan la obra iniciada por su abuelo, luego Polo y hoy son los pilares de la empresa: Jorge, el ingeniero José Alberto (Pepo) y su amada hija Patricia. Polo tenía dos pasiones el fútbol y el tango; con el primero, en su Pinedo natal, fue dirigente del Club Unión de Pinedo y ya instalado en Resistencia su pasión fue Chaco For Ever, llegando a ocupar la presidencia, en cuyo mandato construyó el estadio El Gigante que hoy lleva su nombre.
Su otra pasión era el tango y lo disfrutaba permanentemente, en cuanta velada tanguera había en la ciudad, él estaba presente. Su cantante fetiche y amigo de toda la vida era Carlitos Góngora, un cantante excepcional a quien reiterativamente le pedía que cante De puro curda y al finalizar rompía su copa contra la mesa.
En la vida social fue presidente del Club Progreso y del Club Social. Tuve el orgullo de compartir su amistad, a pesar de una buena diferencia de edad. Este vínculo comenzó en alguna mesa del Progreso, continuó en algún tablón de una cancha de fútbol, en alguna velada tanguera en el Fogón, en la vereda de su casa por Santa Fe ya que éramos vecinos, cuando construyó el pavimento de la Avenida Rivadavia, donde tenía mi local comercial y muchas veces lo usaba de oficina, en algún bar de la ciudad, pero fundamentalmente en La Biela.
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