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Resultado inesperado en Bolivia

En un giro inesperado, Rodrigo Paz Pereira, un candidato que hasta semanas antes de los comicios figuraba en cuarto lugar en las encuestas, se alzó con la victoria en la primera vuelta en Bolivia, desplazando a figuras con trayectoria como Samuel Doria Medina y Jorge "Tuto" Quiroga.

La sorpresa fue tal que incluso en algunas regiones donde obtuvo una mayoría de votos, su partido no tenía candidatos a senador, reflejo de que ni él mismo preveía este resultado. Paz Pereira y Quiroga disputarán la segunda vuelta para determinar quién será el próximo presidente.

Este escenario electoral pone fin a la hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), y muestra una transformación en el estado de ánimo del electorado boliviano. La población, golpeada en los últimos años por una crisis económica, buscó en las urnas una alternativa radical al estancamiento actual, aunque esa alternativa no ofreciera un programa consolidado ni una trayectoria comprobada de gobierno.

El colapso del MAS puede explicarse por múltiples razones. Primero, el altísimo nivel de rechazo al gobierno de Luis Arce fue un factor determinante. Un 96% de los bolivianos consideraba que el país se dirigía en la dirección equivocada, una cifra sin precedentes según encuestas nacionales, que supera incluso momentos de crisis en países vecinos como Venezuela. Este nivel de desaprobación se tradujo en un "voto de censura" masivo, que afectó al presidente y a todo el aparato político que lo sostenía.

Por otro lado, la fragmentación interna del MAS también tuvo su impacto en el resultado. El partido, que durante años logró mantener una cohesión estratégica bajo el liderazgo de Evo Morales, llegó a las elecciones del domingo pasado muy dividido. El candidato respaldado por Arce, Eduardo del Castillo, obtuvo apenas el 3,1% de los votos, reflejo del poco respaldo tanto dentro como fuera de la estructura partidaria. En forma simultánea, otros sectores del MAS intentaron presentar opciones alternativas, pero la falta de unidad terminó de debilitar al movimiento. En ese sentido, distintos observadores coinciden en señalar que la vieja maquinaria política no logró adaptarse ni presentar una visión convincente en medio de la crisis.

A todo esto, se suma el colapso económico que sufre Bolivia. El país del altiplano enfrenta una inflación interanual de casi 25% y una alarmante escasez de dólares y bienes básicos, que confirma que el modelo económico que sustentó al MAS durante años muestra señales de agotamiento. La falta de medidas eficaces para enfrentar esta situación terminó por generar una sensación generalizada de incertidumbre. Los subsidios al combustible, que en el pasado eran sostenibles gracias a las reservas internacionales, se volvieron insostenibles, acelerando la crisis.

En ese escenario, Rodrigo Paz logró capitalizar el descontento. Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, era una figura relativamente desconocida en el escenario nacional, y paradójicamente fue esa falta de exposición la que le jugó a favor. Su mensaje centrado en una "transición ordenada" y el reconocimiento explícito de los problemas estructurales —como la estanflación y el centralismo fiscal— ofrecieron una narrativa distinta. Para muchos votantes, su inexperiencia no era una debilidad, sino una virtud, es decir, un símbolo de que no pertenecía al "sistema" tradicional que llevó al país a la crisis actual.

Un dato a tener en cuenta es que uno de los lugares donde peor desempeño tuvo en las urnas fue Tarija, su tierra natal, donde había sido jefe comunal. Allí, su gestión fue criticada, y eso demuestra que el voto a favor de Paz no fue un respaldo a su trayectoria, sino una apuesta por lo nuevo, por lo desconocido. Un reflejo de este fenómeno ya se vivió en nuestro país con la elección de Javier Milei, donde la ciudadanía apostó por candidatos ajenos a lo conocido como forma de protesta.

¿Está Bolivia girando hacia la derecha o simplemente busca un cambio, sin importar la dirección? Por ahora, Rodrigo Paz no parece representar una ideología claramente definida. No se ha identificado como liberal, conservador, ni socialista. Su victoria parece más bien ser el resultado de una ciudadanía cansada, urgida de certidumbre y abierta a experimentar con algo, o alguien, distinto.

Lo cierto es que el MAS ya no es el partido dominante, y el futuro está abierto a nuevas configuraciones. Rodrigo Paz tendrá ahora la difícil tarea de demostrar que su inesperada victoria en primera vuelta no fue solo un voto de castigo, sino que podría ser el inicio de un nuevo ciclo político capaz de ofrecer soluciones concretas a los desafíos que enfrenta Bolivia.

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