Historia de locos: cuando el mate se prohibió y tomarlo se pagaba con la cárcel
Cuando la colonización de esta parte de américa estaba en su primera fase, un gobernador de Buenos Aires tomó la medida.
En diciembre de 1609, asumió al frente de la gobernación de Buenos Aires un español de 40 años, Diego Marín de Negrón, quien tomó una decisión que, vista con los ojos del presente, resulta imposible de comprender en territorio argentino: prohibió el consumo de mate.

Obviamente que en su descargo podemos decir que eran años en que la colonización de América estaba en pañales y faltaba mucho para que esta parte del sur fuera el país que tenemos hoy. Pero la historia sirve para saber que el mate, alguna vez, fue despreciado en las tierras en que hoy más es venerado y disfrutado.
TODO MAL
Negrón era rápido para los negocios. Se enriqueció rápidamente haciendo la vista gorda al contrabando que nutría muchos comercios de Buenos Aires. Fue este hombre el que en algún momento se metió nada menos que con el mate, que ya se consumía en toda la región. El 20 de mayo de 1613 comunicó su determinación de prohibirlo.
En un artículo elaborado por Adrián Pignatelli en Infobae, se cuenta que Negrón describió al mate como "un vicio abominable y sucio" consistente en "tomar algunas veces al día la yerba con gran cantidad de agua caliente". Sin dudar, decía que tomar mate "hace a los hombres holgazanes, que es total ruina de la tierra, y como es tan grande temo que no se podrá quitar si Dios no lo hace", según se lee en un mensaje que escribió al rey Felipe III, llamado "El Piadoso".

Cuando la noticia del fallecimiento de Negrón llegó a España, se nombró a Francés Beaumont y Navarra, quien solo gobernó cuatro meses. Fue sucedido por Hernando Arias de Saavedera, a quien recordamos como "Hernandarias". Él mantuvo la decisión de Negrón, y dispuso que si alguien era sorprendido tomando mate o en posesión de hojas de yerba, el producto no sólo se quemaría en la plaza pública, sino que, además, el acusado debería abonar diez pesos de multa y pasar quince días de cárcel.
Como a los trabajadores también se les pagaba en especias, se quitó de la lista el vino, la chicha y la yerba.
Para entonces el tema era una novedad polémica. Hasta los curas "se quejaban porque los feligreses no aguantaban hasta el final de la misa por las ganas de orinar por el consumo de esa infusión. Estaba claro que era un producto del mismísimo demonio. El mate se había transformado en una cuestión que atravesaba los dos grandes poderes coloniales: el Estado y la Iglesia", dice Pignatelli.
La historia, obviamente, fue poniendo las cosas en su lugar. El mate fue enamorando cada vez más a los habitantes del territorio del virreynato y el "vicio abominable" cautivó tanto a hombres y mujeres que el consumo se tornó masivo e incontenible.
La prohibición se mantuvo pero fue una de las tantas normas que quedaron archivadas por los usos y costumbres. Al final no hace falta contarlo: el mate es la gran bebida nacional para millones de personas, principalmente argentinos y uruguayos.
Temas en esta nota

El Domo se llena de sabor: llega la gran fiesta de la yerba mate y los alfajores

La épica atajada del Dibu vive en un sticker matero

El ranking de las 20 yerbas más vendidas de la Argentina 🧉
Dos potencias pelean por el primer puesto

El yuyo perfecto para el mate: no genera acidez y mejora la digestión

Coco rallado en el mate: los beneficios de una combinación atípica
Impensado para los materos más tradicionalistas

¿Cuál es el mejor recipiente para tomar mate? y ¿una yerba sin palo dura más?
Respuestas de un sommelier

En la Facultad de Arquitectura la gestión también se toma en ronda
Mate listo y agua caliente para todos










