COP30: desafíos para la nueva cita climática global
Como todos los años, este 2025 se celebra la COP, siendo ésta la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Se llevará a cabo del 10 al 21 de noviembre en Belém, Brasil y será un evento crucial para la acción climática global, ya que reunirá a líderes mundiales, legisladores, científicos y la sociedad civil para avanzar en los objetivos del Acuerdo de París, en un contexto donde el acrónimo VICA (Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad) se manifiesta con más fuerza.
Nada es como era, y de alguna manera lo sigue siendo. Hegel pensaba que la historia avanzaba mediante un proceso de negación, superación y conservación, simplificando se cuestiona el estatus quo, se lo supera con nuevas posturas, pero siempre se conserva algo de lo anterior en un estadio superior (Aufhebung). Podríamos pensar que esto se encuentra plenamente vigente. El mundo se plantea la necesidad de descarbonizar la economía en razón de los alarmantes índices con los que el calentamiento global amenaza modificar el planeta. Esto, entre otras cosas, puso en crisis el esquema finisecular de la apertura de los mercados internacionales, la carrera exportadora y el surgimiento de los Procesos de Integración Regional, donde reinaba la OMC (Organización Mundial de Comercio).

Hoy el mundo se encuentra en claro jaque, y en esta caja de pandora cada uno corre con su mejor escoba. Los procesos de integración regional, si bien no han desaparecido, enfrentan una profunda reconversión, donde los aranceles lejos de ser eliminados son elevados y cada economía tiende a autoabastecerse nacional o regionalmente.
Podríamos decir que tenemos dos grandes posiciones encontradas, el Norte y el Sur Global; no necesariamente a una demarcación geográfica literal, sino a los países desarrollados y a los que se encuentran en vías de desarrollo o constituyen economías emergentes.
La consigna de "descarbonizar la economía", surge como un estándar a defender sobre todo por el Norte Global, el que hace punta en la transición energética y la regulación de mercados, pero como dice Federico Merke (¿Por qué no queremos salvar el mundo? Ed. Siglo XXI), el Norte Global -que acusa al Sur Global de generar más del sesenta por ciento de las emisiones de GEI- agotó en los últimos años más del ochenta por ciento del dióxido de carbono disponible para no franquear el límite critico que permite el calentamiento global.
Esto nos pone en el tema central de lo que puede ser la próxima COP30, que es la RESPONSABILIDAD de los países o economías desarrolladas. Se han desarrollado justamente apropiándose unilateralmente de lo que en Argentina llamamos un BIEN COLECTIVO al que todos tenemos derecho (derechos difusos), porque el dióxido de carbono no respeta las fronteras geopolíticas. Así, en base al sistema internacional de derechos humanos estamos legitimados para demandar reparación, y de hecho ya hay varios reclamos formales en tribunales internacionales como la Corte Internacional de Justicia. El proceso es de una estructura perversa, en tanto se ha sublimado tanto que los estados desarrollados han usado a los en vía de desarrollo para producir los bienes que ellos consumen, por esto es esencial medir la huella en base al consumo y no a la producción.
Por otro lado, es un sofisma pensar que quienes no pueden organizar su economía para que crezca y satisfacer sus necesidades básicas, puedan además crecer con estándares sostenibles, que no solo demanda una capacitación y recursos especiales sino que encarece costos, por cuanto la financiación es inexistente o irrisoria en comparación con la de los países desarrollados. Siguiendo con los datos relevados por Merke, las tasas de financiación y el origen de la misma son inversamente proporcional en los países en desarrollo. La financiación privada en estos últimos no existe cuando en el primer mundo asciende al ochenta por ciento.
Todo esto evidencia que el discurso no puede ser generalizado con una sola respuesta. A pesar de la declamada necesidad de descarbonizar, muchos sectores de primer mundo siguen haciendo crecer sus economías en la forma tradicional sin consideración alguna a la acción climática, con lo cual el diálogo y la cooperación internacional son cada vez más difíciles.
En ese contexto nos preparamos para asistir a una COP, que seguramente no tendrá respuestas contundentes ni inmediatas pero es un foro, uno de los únicos donde se pueden y se deben plantear las necesidades de cada actor en el concierto de las naciones.
En Argentina tenemos el plus del retiro que hizo el Gobierno Nacional el año pasado de la COP, lo que produjo consecuencias de distinto orden, como el debilitamiento de nuestra presencia. A pesar de no tener una incidencia relevante en la economía mundial, somos uno de los estados que suscribió el Acuerdo de París, lo que ya es ley y tenemos responsabilidades, pero por sobre todo los argentinos tenemos derecho a participar en esta discusión. Por esta razón se vienen desarrollando distintas convocatorias y jornadas convocadas por las provincias -como las recientes PRE-COP de Córdoba, de Lomas de Zamora, y la próxima de Paraná- donde se está manifestando un claro consenso en la necesidad que la Argentina asuma su rol y continúe participando por la vía institucional que demanda la democracia.










