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Una condición esencial para el desarrollo del país

Argentina ha demostrado, a lo largo de su historia, un enorme potencial en ciencia, tecnología e innovación, con hitos científicos reconocidos internacionalmente y una comunidad investigadora altamente calificada. Sin embargo, este potencial ha estado limitado por una inversión pública históricamente insuficiente. Esta brecha entre capacidad científica y financiamiento adecuado compromete el desarrollo sostenible del país, la generación de empleo calificado y el aprovechamiento estratégico de sus recursos naturales.

Un caso reciente que ejemplifica tanto el nivel científico alcanzado como el impacto de la comunicación pública de la ciencia es la expedición "Underwater Oases of Mar del Plata Canyon: Talud Continental IV", liderada por investigadores del CONICET en colaboración con el Schmidt Ocean Institute. Desde el buque de investigación Falkor (too), equipado con tecnología de vanguardia, el equipo argentino logró transmitir en vivo imágenes inéditas captadas a 3.900 metros de profundidad frente a la costa de Mar del Plata. La transmisión, realizada a través de YouTube, superó el millón de visualizaciones, convirtiéndose en un fenómeno de divulgación científica sin precedentes en el país.

La expedición explora una región del Atlántico sur de alta biodiversidad, el cañón submarino de Mar del Plata, y combina investigación oceanográfica, biológica, geológica y ambiental. Se utilizan tecnologías como el ROV SuBastian, un vehículo operado remotamente capaz de capturar imágenes en ultra alta definición y recolectar muestras sin alterar el entorno. Gracias a este tipo de herramientas, se han observado organismos nunca antes registrados en la región, y se están recolectando datos clave sobre la biodiversidad, la presencia de microplásticos y los efectos del cambio climático.

Este tipo de investigaciones demuestran el valor estratégico de la ciencia no sólo para la conservación de ecosistemas vulnerables, sino también para el conocimiento soberano del territorio nacional, incluyendo sus espacios marítimos. El mar argentino, con sus riquezas aún poco exploradas, constituye un activo clave para el desarrollo sostenible, pero sólo puede protegerse y aprovecharse racionalmente si se cuenta con un sistema científico robusto y sostenido en el tiempo.

A pesar del entusiasmo público que despiertan estas iniciativas, la inversión en ciencia y tecnología en Argentina, lamentablemente, sufre los duros efectos del desfinanciamiento. La investigación básica, aunque no brinda retornos inmediatos, es el motor de las innovaciones que transforman la economía, la salud, el ambiente y la educación. El apoyo público sostenido es fundamental para garantizar la continuidad de proyectos científicos, la formación de recursos humanos calificados y la creación de nuevas tecnologías con impacto social y económico.

Un dato para tener en cuenta: una encuesta realizada en los principales centros urbanos del país 2024 reveló que el 81% de la población argentina confía y respalda el sistema científico nacional. La ciudadanía reconoce que la ciencia y la tecnología son fundamentales para mejorar la calidad de vida, reducir la pobreza y enfrentar los desafíos del siglo XXI. Esta percepción refuerza la legitimidad de una política pública que priorice la inversión en ciencia, tecnología e innovación como eje del desarrollo.

El caso del CONICET y su trabajo en el fondo del mar argentino es ilustrativo por varias razones. Primero, por el nivel técnico y científico del equipo involucrado, compuesto por más de 30 investigadores de distintas instituciones del país. Segundo, porque logra involucrar al público mediante la divulgación transparente y atractiva de su trabajo. Y tercero, porque muestra cómo la articulación entre instituciones públicas nacionales e internacionales puede potenciar los recursos disponibles y abrir nuevas oportunidades para la ciencia argentina.

Sin inversión pública no hay soberanía tecnológica. Sin formación de científicos y científicas en universidades públicas no hay posibilidad de innovar. Y sin innovación no hay desarrollo económico sostenible ni empleo de calidad. La ciencia no es un lujo, ni un gasto: es una inversión estratégica que permite a los países tomar decisiones informadas, aprovechar sus recursos sin depredarlos y construir un futuro más equitativo.

Argentina cuenta con un sistema científico que ha demostrado capacidad, compromiso y creatividad. Lo que falta es una política de Estado que garantice financiamiento continuo, infraestructura adecuada y condiciones laborales dignas para quienes sostienen día a día la producción de conocimiento. Si se logra eso, la ciencia podrá seguir descubriendo especies en las profundidades del mar y además podrá generar oportunidades concretas en la superficie para millones de argentinos.

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