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Crisis climática

La crisis climática impacta en distintas regiones del planeta. Desde la desaparición física de pequeños Estados insulares en el Pacífico, como Tuvalu y Vanuatu, hasta las prolongadas sequías que golpean al Chaco y a todo el norte argentino, el calentamiento global está alterando los ecosistemas, las economías y las vidas humanas.

Lo que sucede en Tuvalu, un país formado por nueve pequeñas islas en el océano Pacífico, es uno de los ejemplos más dramáticos del impacto del cambio climático. Con una superficie total de apenas 16 km² y una altitud máxima inferior a tres metros sobre el nivel del mar, la supervivencia del país está atada al aumento del océano. Según proyecciones científicas, el 50% de la capital Funafuti podría inundarse regularmente para 2050. Y para 2100, hasta el 95% del territorio podría quedar sumergido. Erosión costera, ingreso de agua salada que arruina los cultivos, contaminación de fuentes de agua dulce, pérdida de arrecifes de coral y una creciente frecuencia de inundaciones y ciclones, son algunos de los cambios que perjudican a este pequeño país. Más del 80% de sus habitantes tiene previsto migrar a Australia, como parte de un programa especial de visados "climáticos".

Ante el riesgo de desaparecer, Tuvalu modificó su Constitución para consagrarse como Estado a perpetuidad, aunque pierda su territorio bajo el mar. Ante esta situación, las autoridades impulsaron el desarrollo de un "gemelo digital" que replica su geografía, su cultura y su administración en el entorno virtual, en un intento por mantener su identidad nacional más allá del espacio físico. Otro caso similar es el de la República de Vanuatu, ubicado en Oceanía, que también corre el mismo riesgo. La semana pasada, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió una opinión consultiva que declaró "ilícito" el incumplimiento de las obligaciones climáticas de los Estados según el derecho internacional. Esta opinión, impulsada por Vanuatu y respaldada por más de 130 países, marca un antes y un después en la lucha jurídica contra la inacción climática.

Según la CIJ los países tienen la responsabilidad de prevenir daños ambientales y proteger los derechos humanos asociados al ambiente. Esta declaración, aunque no vinculante, sienta las bases para futuras demandas y reclamos internacionales contra los grandes emisores de gases de efecto invernadero, abriendo una vía para que países como Tuvalu, Vanuatu y muchos otros exijan reparaciones y compromisos concretos.

Pero la crisis climática no solo amenaza con borrar pequeños países insulares del mapa. Aquí en el Chaco, las sequías prolongadas y las lluvias cada vez más escasas afectan gravemente a la agricultura y la ganadería, bases fundamentales de la economía regional. La falta de agua potable, la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad generan una crisis silenciosa, pero no menos dramática que la que viven las islas del Pacífico.
La elevación de las temperaturas promedio y la pérdida de cobertura forestal profundizan la desertificación. 

Al mismo tiempo, eventos extremos como olas de calor e inundaciones esporádicas erosionan los suelos y destruyen infraestructuras. Miles de pequeños productores pierden sus cosechas, el ganado muere por falta de agua, y comunidades enteras ven deteriorada su calidad de vida, empujadas a migraciones internas. Está demostrado que la amenaza del cambio climático no distingue entre océanos o continentes. No es un problema del futuro ni una amenaza lejana. Está sucediendo aquí y ahora. Para quienes viven en zonas urbanas, con comodidades y alejados de las zonas más expuestas, estas realidades pueden parecer ajenas o exageradas. Pero son pruebas irrefutables de que el calentamiento global ya está redefiniendo las condiciones de vida en muchas partes del mundo.
Hay pruebas suficientes que demuestran que el calentamiento global es producto de las actividades humanas. 

Diversos estudios científicos confirman que la temperatura global aumentó aproximadamente un grado desde la época preindustrial. Desde hace varios años se analizan miles de datos obtenidos a través del estudio de la atmósfera, los océanos, los glaciares las capas de hielo y la biósfera, y se comprobó que además del incremento de la temperatura global hubo cambios en la composición de la atmósfera. Está demostrado que la combustión de grandes cantidades de petróleo y carbón, la tala de bosques y la explotación agrícola sin control tienen un impacto negativo en el clima y en el aumento del nivel del mar. Se debe tomar conciencia de la gravedad del problema y buscar nuevas alternativas para proteger al planeta.

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